Las creencias de una persona son las afirmaciones que sostiene o conclusiones que alcanza acerca de sus experiencias y determinan la interpretación que tiene de sí misma y de la realidad. Son generalizaciones sobre sus vivencias y son tan importantes que configuran su identidad y guían sus conductas.

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“Lo que creemos tiene el poder para crear y para destruir”

Lo malo es que la mayoría de nosotros no decidimos conscientemente en qué vamos a creer y, además, nuestras creencias se basan a menudo en una mala interpretación de experiencias pasadas. Solemos desarrollar con frecuencia creencias limitantes acerca de quienes somos y de lo que somos capaces. Como no hemos alcanzado el éxito en el pasado creemos que ya no lo podremos alcanzar en el futuro.

La mayoría de quienes dicen ser realistas están viviendo en el temor, asustados ante la posibilidad de verse defraudados de nuevo. A partir de ese temor desarrollan creencias que les hacen vacilar y esconderse. No están dispuestos a arriesgarse. Son los pesimistas. Manejan expresiones como “es lo que hay” “las cosas son así” o “no hay nada que hacer”. Estas creencias destruyen su capacidad para actuar y enfrentarse a los retos que se les presentan.

En psicología este estado mental destructivo se denomina incapacidad adquirida. Se presenta en las personas que suponen que tienen información completa de una situación por sus experiencias. Esto es debido a una aceptación rígida de algo que funcionó en el pasado y una negativa aconsiderar otras alternativas y perspectivas. Estas experiencias pueden ser tanto personales como provenientes de situaciones que han observado en otros. También por aprendizajes familiares.

Los optimistas son aquellos que, a pesar de no disponer de referencias para el éxito, o incluso de tener referencias de fracaso, se las arreglan para ignorarlas. Se imaginan a sí mismos haciendo algo diferente cada vez y teniendo éxito con creencias como “el pasado nunca equivale al futuro” o “si persisto lo conseguiré”. Su confianza les hace tenaces y perseverantes y esto les aporta certidumbre lo que contribuye a que desarrollen convicciones poderosas que les ayudan a alcanzar sus objetivos.

Profundicemos (me encanta esta palabra).

Opiniones, Creencias y Convicciones

Podemos dividir las creencias en tres categorías:

1- Opiniones. Una opinión es un concepto sobre el cual nos sentimos relativamente seguros pero que puede ser cambiado con facilidad porque tenemos referencias ocasionales acerca de su veracidad que son poco firmes (normalmente basadas en impresiones).

2- Creencias. Las creencias se forman a partir de opiniones pero se diferencian de estas en el nivel de certeza que alcanzan. Van ligadas a un sentimiento de certidumbre sobre algo, lo cual crea un vínculo emocional. Las opiniones se convierten en creencias cuando encontramos experiencias suficientes de referencia que las apoyen. Cuanto mayor es la fuerza de las emociones vinculadas mas sólidas son las creencias asociadas a ellas.

3- Convicciones. Una convicción es la certeza de que el significado que atribuimos a las cosas es verdadero. Nuestro pasado, a través de las experiencias, es una fuente de nuestras certezas, pero no es la única. Podemos convertir cualquier creencia en convicción si aportamos suficientes referencias para sostenerla. Es más fuerte que una creencia debido a la intensidad emocional que vinculamos a ella. Una persona que sostiene una convicción no sólo se siente segura de su certeza, sino que incluso se enoja si se la pone en duda. No está dispuesta a cuestionarse sus referencias, ni siquiera por un momento. Son totalmente resistentes a nueva información llegando pudiendo llegar incluso a la obsesión.

Mis notas sobre creencias

[Esta imagen va para los grafólogos. Por favor, decidme lo cerca que estoy de la psicopatía]

Referencias

Las fuentes de referencias pueden ser propias o ajenas. Las ajenas proceden de experiencias e informaciones de otros (personas, medios de comunicación, libros, revistas) y suelen carecer de un componente emocional (o éste es bajo). Las experiencias personales que van unidas a fuertes emociones (porque fueron dolorosas o placenteras) son mucho más fuertes y sólidas.

Cuanto mayor sea el número de referencias que apoyen una idea, tanto más fuerte será la creencia que pongamos en ella. No tienen que ser referencias exactas o ciertas, pueden ser reales o imaginarias. Incluso las que constituyen nuestras propias experiencias, por muy sólidamente que las sintamos, pueden verse distorsionadas por nuestra perspectiva personal.

Al margen de dónde procedan nuestras referencias, empezamos a aceptarlas como reales y ya no las cuestionamos. Esto puede tener consecuencias negativas dependiendo del tipo de creencias que adoptemos. Además, cuando tenemos una opinión o creencia sobre algo, nuestro cerebro actúa filtrando la información procedente del medio. Buscando referencias que confirmen esa versión e ignorando las que la contradigan. Es lo que se denomina Sesgo de confirmación.

A modo de ejemplo yo puedo tener la opinión o creencia de que nacen más niños en primavera porque en verano, con el calorcito, se practica más sexo (yo soy más de lluvia y chimenea). Mis referencias podrían ser que conozco a muchos nacidos en esa época, he leído informaciones que lo afirman, tengo un hijo nacido en esa estación…etc.

Estos días he visto una noticia que decía que se batió un record guiness de reunión de embarazadas en Barcelona, con lo que podría pensar “ves, lo que yo creo”. He seleccionado una información que a priori corrobora mi opinión (sesgo) pero que, por ende, no resulta veraz. En la noticia no se dice que fueran a dar a luz en primavera (lo he supuesto). Además seguro que también es posible reunir esa cantidad de embarazadas en otra época del año (ahora estoy sesgando al buscar referencias en contra de la creencia).

De aquí para allá

Para aclarar el proceso de como pasamos de opinión a creencia y luego a convicción vamos a analizar una idea como puede ser “opino que no se debería conducir habiendo consumido alcohol”. Para formarnos esta opinión habremos partido de informaciones y puede que de alguna experiencia ajena o propia con un componente emocional bajo.

Si reforzamos esta opinión con más referencias que la apoyen, como pueden ser noticias y estadísticas sobre accidentes (donde el consumo de alcohol estaba presente) y le unimos alguna experiencia personal con un componente emocional más intenso ya tenemos una creencia. La frase que la defina podría ser “creo firmemente que no se debería conducir habiendo consumido alcohol” o “me molesta que la gente no se de cuenta de que no se debe de conducir si se ha consumido alcohol”.

Si a esta creencia le sumamos una o varias experiencias traumáticas relacionadas, que nos hayan marcado emocionalmente por su especial intensidad, ya tenemos una convicción. En este nivel de convencimiento se puede llegar a sentir auténtico desprecio por las personas que vayan en su contra. Los pensamientos de esta persona podrían ser “me indigna que haya gente que conduzca habiendo bebido”. Incluso, si su implicación emocional es muy alta podría pensar “a los que beben al volante habría que matarlos” o “me da asco la gente que conduce habiendo bebido”.

Identidad

La suma de nuestras creencias acerca de lo que somos capaces de hacer, sobre lo que es posible o imposible, sobre lo que somos, es lo que determina lo que haremos o dejaremos de hacer para lograr algo en la vida. Todas estas creencias conforman nuestra manera de pensar y de relacionarnos, nuestra identidad (lo que creemos que somos).

Cualquier cambio en esta definición personal afectará directamente a nuestras habilidades, conductas y aspiraciones. La identidad es el filtro por el que pasan todas las decisiones que tomamos. La convicción central por medio de la cual interpretamos todas nuestras experiencias vitales.

Existe una tendencia generalizada en las personas a representarse a sí mismas con límites y fronteras “yo soy”, “yo no soy”, “la vida es”. Normalmente, las personas con experiencias reducidas o ‘pobres’ extraen creencias más rígidas. Frases del estilo de “un Vázquez nunca pide nada” o “los españoles somos así” denotan este tipo de actitudes.

Se denomina Prueba Social a creer en algo porque ‘todo’ el mundo lo cree. Una especie de búsqueda de guía en lo que creen los demás. Refranes, tópicos, etiquetas y encasillamientos forman parte de esta visión parcial y limitante de la realidad.

Las palabras que asociamos con nuestra experiencia se convierten en la propia experiencia.

Aprendiendo a Creer

Todos los progresos personales empiezan con un cambio en las creencias. La pasos que debemos seguir son:

1- Descubrir que creencias están detrás de nuestras actuaciones y forma de pensar.

2- Valorar si estas creencias son adecuadas para alcanzar los objetivos que pretendemos conseguir.

3- Si no lo son, modificarlas o sustituirlas por otras que nos permitan obtener esos resultados. Es importante no tratar de borrar o eliminar una creencia sin cambiarla por otra porque las creencias dan estructura a la personalidad y sostienen la identidad.

Una de las formas de modificar creencias consiste en que la persona pueda tener la ocasión de vivir en un contexto que le ofrezca múltiples oportunidades para encontrarse con evidencias que contradigan esas creencias. Esto funciona normalmente con las que son rígidas o poco objetivas y que se caracterizan por el hecho de tener pocas experiencias sobre el tema.

Una buena opción es viajar mucho y mejor cuanto más diferentes de la nuestra sean las sociedades de los países que visitamos (la casa de la abuela no vale). Lo ideal sería vivir en esos lugares y no solo hacer turismo. Esto nos daría la oportunidad de profundizar en su modo de vida y de vivir una experiencia más prolongada que nos enriquezca sobremanera.

[En este sentido os recomiendo este artículo de Mertxe Pasamontes que trata sobre razones para viajar.]

Otro proceso muy efectivo consiste en lo siguiente:

1- Sembrar la duda sobre la creencia que queremos cambiar por medio de informaciones o experiencias que la cuestionen (referencias). Solo así estaremos dispuestos a cambiarla. Al mismo tiempo estas u otras referencias han de reforzar la nueva creencia que queremos adoptar.

2- Asociar un fuerte dolor con la antigua creencia. Debemos sentir que esa creencia no solo nos ha producido dolor, sino que nos lo produce y nos lo va a seguir produciendo. El dolor es la fuerza más poderosa que podemos usar para cambiar cualquier cosa.

3- Asociar un fuerte placer a la nueva creencia que queremos adoptar. La razón por la que tenemos una creencia sobre algo es porque asociamos dolor a no creerlo así.

4- Emprender la acción. Cada acción que tomemos fortalecerá nuestro compromiso y elevará el nivel de nuestra intensidad emocional y de nuestra convicción.

En este artículo os cuento como conseguí cambiar mi alimentación para curar el ERGE y la Hernia de hiato que me habían provocado unos hábitos poco saludables.

¿Como podemos encontrar creencias válidas que nos ayuden?. Sencillamente buscando personas que hayan obtenido los resultados que deseamos obtener e imitándoles. Podemos averiguar que creencias y comportamientos emplean preguntándoles directamente (si tenemos la posibilidad) o a través de libros, entrevistas o publicaciones en las que nos faciliten esa información.

Las creencias que tenemos acerca de la vida controlan todas nuestras decisiones y, en consecuencia, nuestro futuro.

“Aprende a creer y crearás.”

[Este artículo está inspirado en el libro: Controle su destino de Tony Robbins]

[La foto se corresponde con una inscripción hecha en la pared de los baños públicos de un pub. Pobrecillo.]

El agua moja, el cielo es azul, las mujeres pelean, los hombres lloran...