Desde pequeños absorbemos como esponjas todas aquellas creencias, costumbres y tradiciones que observamos en nuestra familia y en la sociedad. A medida que crecemos surge la necesidad de construirnos una identidad y utilizamos todo lo que hemos absorbido para identificarnos con un grupo social determinado. Este posicionamiento nos brinda una sensación de seguridad y nos ayuda a sentirnos aceptados, pero es un proceso que pasa por diferenciarnos de los demás. Una diferenciación donde a menudo se forjan los prejuicios.

Prejuicios

“Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos. Gandhi”

Un prejuicio consiste básicamente en la elaboración de un juicio u opinión acerca de una persona o situación antes de tener ninguna experiencia directa o real sobre ella.

Nuestras actitudes con respecto a cualquier cuestión se desarrollan a dos niveles:

1- En primer lugar tenemos nuestras actitudes conscientes, lo que decidimos creer de una manera racional. Son nuestros valores establecidos. Esos que dirigen nuestro comportamiento de forma deliberada.

2- En segundo lugar están nuestras actitudes inconscientes. Éstas son las asociaciones inmediatas y automáticas que brotan incluso antes de que nos haya dado tiempo a pensar.

El problema radica en que normalmente no elegimos de forma deliberada estas actitudes inconscientes. Puede que ni tan siquiera sepamos que existen.

El  ‘ordenador’ gigantesco que es nuestro inconsciente procesa en silencio todos los datos que puede a partir de las experiencias que hemos vivido y se forma una opinión, y son estas ‘impresiones’ almacenadas las que salen a la luz en las vivencias presentes en forma de prejuicios.

La Dictadura de los Prejuicios

Los prejuicios ejercen su dictadura de las siguientes formas:

 Determinan nuestra manera de ver el mundo y de esta forma marcan nuestras relaciones. Están presentes en todos los ámbitos y actividades de nuestra vida, e implican una forma de pensar íntimamente vinculada con comportamientos o actitudes de discriminación, por sutiles que éstas sean.

 Nos llevan a juzgar de antemano a cualquier persona o situación en base a sus características externas, sin tener ninguna experiencia directa sobre las mismas.

 Condicionan nuestras respuestas y reacciones, y nos predisponen a aceptar o rechazar a alguien en base a sus particularidades. Ejercen una enorme influencia sobre nuestras opiniones, conductas y actitudes.

Cuando el juicio es débil, el prejuicio es fuerte.

Resistencia

Nuestra mente funciona en base a la programación que hemos recibido. Vemos aquello que esperamos ver, y actuamos en consecuencia. De ahí la increíble resistencia de los prejuicios.

Vemos a la persona que tenemos delante en función de cómo la interpretamos y evaluamos. Y siempre nos fijamos en todo aquello que corrobora la ‘idea preconcebida’ que tenemos sobre ella.

Por ejemplo, una persona que tenga el prejuicio de que ‘todos los andaluces son vago’ tenderá a fijarse sólo en aquellos cuyo aspecto avale su teoría, dejando de prestar atención a todo lo demás (ya te contaré porque viajo a Sevilla este fin de semana para conocer la feria de abril, aunque seguramente me fije más en otros atributos andaluces 🙂 ).

Como ya comenté en este artículo sobre las creencias, solemos obviar la información que contradice nuestro punto de vista, lo que contribuye a reforzar nuestros tópicos y estereotipos, y sobre ello construimos nuestros prejuicios.

Confusión

Es frecuente que lo que la gente dice de sí misma resulte confuso y hasta contradictorio por la sencilla razón de que, en general, no somos muy objetivos sobre nosotros mismos.

Por eso, si lo que pretendemos es conocer a alguien, no debemos limitarnos a preguntar a esas personas cómo creen que son. Muchas veces las respuestas dependen de la situación o del contexto, y en otras sencillamente la persona no sabe la verdad.

Es bastante probable que alguien que no nos haya visto nunca y que haya dedicado sólo unos minutos a pensar en nosotros, pueda llegar a saber quiénes somos incluso mejor que otros que nos conocen desde hace años. Lo cual sucederá si tiene acceso a datos ‘relevantes’ que se lo hagan posible.

Si queremos conocer como es alguien podemos olvidarnos de encuentros, comidas, preguntas y conversaciones. Para tener una idea clara sobre otra persona pásate por su casa y observa dónde vive y cómo se desenvuelve a diario (si no vive sola, su habitación o ‘santuario’ será sumamente esclarecedor).

Mirar el espacio privado de otro nos puede revelar tanto o más que todas las horas que pasemos con él, o que todas las preguntas que nos pueda contestar (me viene a la mente un compañero de juegos en la pubertad que tenía su cama levitando encima de montones de revistas porno y un gran saco de boxeo).

Lo mismo es recomendable para aquellos que son menos conscientes de sus propios gustos y comportamientos.

En este mismo momento, observando mi santuario (escribo desde él), me he dado cuenta de la valiosa información sobre mi personalidad que se oculta en todo lo que me rodea (la RealDoll despeinada no cuenta jeje).

Si estas sumido en la inconsciencia observa tu santuario con detenimiento y conócete a ti mismo.

Conflicto

Es perfectamente factible (y de hecho ocurre con frecuencia) que nuestras actitudes inconscientes sean totalmente incompatibles con nuestros valores conscientes porque, en realidad, no hemos podido o sabido influir en ellas para hacerlas coincidir.

No resulta raro encontrar gente que a nivel consciente busca unas cualidades en los demás, y a nivel inconsciente otras distintas.

Una cosa es lo que creemos buscar y otra lo que realmente nos atrae.

Cuando nos ponemos a pensar en lo que buscamos en otra persona realizamos un perfil ideal de manera consciente. Es lo que creemos buscar cuando nos ponemos a pensarlo.

Pero cuando nos vemos con alguien cara a cara entra en acción la información que está en el inconsciente. Y esta información no la controlamos, a veces ni tan siquiera sabemos de ella.

Todos conocemos el ejemplo de alguien que, cuando es preguntado por su pareja ideal, describe a un tipo de persona y, cuando después tiene una relación, resulta que la persona con la que está difiere enormemente de su ideal.

Esto sucede debido a que la idea consciente que tiene no coincide con lo que desea de forma inconsciente, y esto último se impone a la hora de la elección (dejando a un lado a Andrés y su interés).

Resolución

Si queremos resolver este estado de conflicto y confusión, tenemos que comprometernos y realizar un proceso de introspección para sacar a la luz los prejuicios desde los que vemos y construimos la realidad.

Te hablo de ello en este artículo.

El proceso pasa por descubrir y cuestionar nuestro sistema de creencias cada vez que nos perturbe ver algo diferente a como creemos que debería ser. Hacerlo así contribuirá a que ganemos en claridad, flexibilidad y tolerancia.

Contestar a las preguntas adecuadas nos ayudará sobremanera a clarificar nuestras conductas.

Pregúntate:

¿De qué manera me influyen mis prejuicios?

¿Hasta qué punto afectan a mis relaciones?

¿Qué gano y qué pierdo cuando juzgo de antemano?

¿Cómo me hace sentirme mi actitud ante los demás?

¿Qué ganaría si cambiara esto en mi vida?

¿Qué otras cosas podría conseguir?

No sigas esperando…

Las preguntas son la respuesta.

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[Este artículo está inspirado en el libro ‘Inteligencia intuitiva’ de Malcolm Gladwell]

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes

¿Te atreves a subir al barco?