Recuerdo una frase que escuché hace años de boca de un amigo que decía “venimos a esta vida para sufrir”. Sus circunstancias en aquel momento le llevaron a pronunciarla de manera sentida, y estoy seguro de que cualquiera de nosotros, en algún momento determinado de nuestras vidas, le daríamos la razón. A día de hoy, sin embargo, tengo muy claro que muchos de los sufrimientos que padecemos son inútiles y evitables.

Verja contra el cielo

“Sabiendo sufrir se sufre menos. Anatole France”

Los sufrimientos inútiles son los que no nos aportan más que dolor. Aquellos que no contribuyen a nuestro crecimiento ni resultan enriquecedores y que son, por tanto, perjudiciales. No nos ofrecen nada positivo sino que, al contrario, nos incapacitan para luchar y enfrentarnos a los problemas que nos surgen en la vida.

Los sufrimientos útiles son aquellos que nos sirven de aprendizaje y enriquecen nuestra experiencia con sus lecciones, los que aceptamos como necesarios y se convierten en indispensables para intentar una transformación.

Es cierto que a veces las circunstancias que nos rodean hacen difícil, o incluso muy difícil, que nos encontremos bien. Lo que se produce porque no somos capaces de controlar nuestras emociones, con lo cual estamos completamente sometidos a su influencia en nuestro estado.

La buena noticia es que podemos conseguir un mejor control emocional a través de una adecuada gestión de nuestros pensamientos, que son la fuente de donde nacen las emociones.

El mensaje que voy a transmitirte es muy claro:

Podemos controlar nuestra propia vida y de esta forma conseguir que merezca la pena vivirla.

Y esto es así porque nuestra felicidad depende en gran medida de nosotros mismos, y no tanto de nuestras circunstancias.

Sensibilidad, Pensamiento y Emoción

Cuando hablamos de que una persona es muy sensible podemos tener el concepto de que es alguien que se ve muy afectado por cualquier acontecimiento, y que sufre con facilidad sin que pueda hacer nada por evitarlo.

En realidad, ser sensible tiene que ver con la capacidad de percepción, identificación y empatía con los demás, pero eso no significa que no pueda luchar contra los acontecimientos difíciles que le rodean.

Una sensibilidad mal entendida es una trampa que puede llevarnos a un sufrimiento tan inútil como prolongado. Un sufrimiento que, en vez de servir para curar heridas, las reabre y las ahonda.

Pero también es cierto que podemos escapar de ese sufrimiento porque somos dueños de nuestros pensamientos, y son ellos los que dan lugar al dolor.

El pensamiento es previo a la emoción, y es ese pensamiento el que nos hace sentirnos bien o mal.

Lo que nos repetimos de forma constante, las frases interiores que nos decimos, son las responsables de nuestros estados emotivos.

Cuando nos demos cuenta de que lo que sentimos depende en gran medida de lo que pensamos, y no de lo que está pasando, entonces asumiremos que podemos controlar y provocar nuestras emociones más allá de lo que nunca hubiéramos creído.

TODOS podemos cambiar nuestros pensamientos si somos conscientes de ellos, por lo que TODOS podemos controlar nuestras emociones.

Quizá te estés planteando que esto no es cierto, que te emocionas sin haber pensado nada.

La explicación está en que, cuando escuchamos un mensaje describiendo un suceso (como por ejemplo en las noticias), o leemos cualquier contenido (un periódico, un libro), el mensaje que nos llega a través de los sentidos se convierte en nuestros pensamientos; resuena en nuestra mente como si lo estuviésemos pensando, y en función de las asociaciones que cada cual haya creado con ese mensaje (debido a sus experiencias pasadas), nos provoca unas u otras emociones.

Te voy a mostrar un ejemplo para intentar arrojar un poco de luz sobre esto.

El vídeo que podrás ver a continuación me provoca una gran emoción debido a mi alta identificación con su mensaje, y para que se produzca esta emoción, no es necesario que genere pensamientos propios cuando lo veo, porque lo que se dice en él se convierte en mis pensamientos.

Esas palabras, ese mensaje que traslada su autor, resuena en mi mente como si lo estuviese pensando, como si me lo estuviese diciendo a mí mismo (en este caso es a través de los subtítulos porque yo de inglés hablado voy muy justito).

Lo que determina el tipo de emoción que siento al verlo va en función de las asociaciones automáticas que tengo con respecto a esas palabras, a ese mensaje.

Lo que provoca lo que siento es mi bagaje emocional. 

“Somos afortunados porque vamos a morir. Richard Dawkins.”

Bagaje emocional

Como seres humanos vamos grabando en nuestro cerebro (que actúa como una especie de disco duro) todo lo que vamos viviendo.

De esta manera quedan registrados todos los acontecimientos que nos han ocurrido, los sentimientos que nos han generado, las emociones que hemos sentido (alegrías, tristezas), absolutamente todo. Y esto es lo que se denomina bagaje emocional.

Cuando los acontecimientos tienden a repetirse, empezamos a actuar de forma mecánica. Nuestro cerebro busca hechos parecidos en nuestro pasado y, cuando los encuentra, desencadena de inmediato las emociones que sentimos en aquellos momentos. Es por eso que tendemos a repetir las mismas conductas de siempre.

No es que resulte imposible hacer elecciones libres, pero la mayoría de las veces esa elección no es tal. Simplemente es una repetición automática de una conducta ya vivida que estaba unida a un hecho y a una emoción que ocurrieron en el pasado, y que quedaron registrados en nuestro cerebro.

Ante cualquier situación presente, nuestro cerebro siempre rastrea en nuestro pasado buscando situaciones similares, y tiende a provocarnos las mismas emociones que sentimos entonces.

Este mecanismo hace que, sin darnos cuenta, tendamos a actuar de la misma forma en que lo hicimos anteriormente, y en consecuencia volvamos a tener las mismas o parecidas emociones.

La única solución, si queremos dejar de torturarnos en las situaciones difíciles, pasa por ser conscientes y localizar esos pensamientos repetitivos y automáticos que consiguen dirigir lo que sentimos.

Es el primer paso para poder recuperar el control voluntario de lo que pensamos y cambiarlo, pasando de esta manera a poder controlar nuestras conductas, y lo que es más importante, nuestras emociones.

Si aprendemos a controlar nuestros pensamientos, controlaremos nuestra vida.

No Sufras Inútilmente

Cuantas veces, después de haber pasado años de un determinado suceso negativo, aún nos seguimos atormentando y nos sigue doliendo (me refiero a dolor emocional no al dolor que siento cuando recuerdo mi primera patada en los cataplines).

La causa de que esto pase no debemos buscarla en el hecho en sí, sino en las ideas que aún nos repetimos acerca de ese acontecimiento.

Comportarnos de esta forma no tiene mucho de saludable.

Como seres humanos nos equivocamos y nos vamos a seguir equivocando. Una parte de alcanzar la madurez va a consistir en aprender de estas equivocaciones y en poner los medios necesarios para que no se vuelvan a repetir en el futuro.

Cada instante de tu vida adquiere sentido si aprendes de él.

Cuesta mucho percatarse de la cantidad de ideas y comportamientos irracionales que persisten en nosotros.

Solo cuando seamos honestos con nosotros mismos, y nos sintamos lo suficientemente seguros como para asumir nuestras responsabilidades y afrontar nuestros errores, estaremos preparados para descubrir estos pensamientos que nos limitan y condicionan.

No es una tarea fácil que se consigue solo con la fuerza de voluntad.

Nos hará falta entrenamiento a base de constancia y mucho esfuerzo. Solo así podremos cambiar nuestros hábitos de pensamiento, y de esta forma todo lo que se deriva de ellos.

La observación y la reflexión acerca de lo que ocurre a nuestro alrededor será una de las mejores formas de aprender.

Si nos esforzamos, nos daremos cuenta de que la gente es feliz o desdichada, no por lo que le pasa, sino por cómo se lo toma.

Esto nos reforzará y nos ayudará a afrontar con éxito nuestro propio proceso de cambio.

Cómo ser Consciente de Tus Pensamientos

Como he dicho anteriormente, lo primero que tenemos que hacer es ser conscientes de lo que pensamos. Y para conseguirlo podemos usar las siguientes estrategias:

  • Presta atención a tus emociones. Cuando surja en ti cualquier tipo de emoción (sea buena o mala), párate y reflexiona tratando de descubrir cuales son los pensamientos que has tenido antes de que surgiera esa emoción.
  • Fíjate en qué es lo que provocó tus pensamientos. En cual fue el suceso desencadenante, en qué estabas viendo, escuchando, sintiendo o imaginando.
  • Repite el proceso todo lo que puedas. No importa el tipo de situación con la que practiques, lo importante es que, cuanto más veces lo hagas, más fácil te resultará darte cuenta de tus pensamientos. De esta forma irás descubriendo poco a poco las asociaciones que provocan tus estados emocionales, y estarás en disposición de influir sobre ellas y cambiarlas.
  • Cuando te encuentres especialmente bien o especialmente mal (por el motivo que sea), date cuenta de qué es lo que te dices a ti mismo, de qué es lo que haces para perpetuar y fomentar ese estado; de cuales son tus sensaciones físicas, tu expresión corporal y conductas. Intenta ser consciente de todo lo que te sea posible, y fíjate en como fomentas y refuerzas con ello el estado en el que te encuentras.

Y para terminar cierro esta publicación con una cita en honor a un gran hombre recientemente fallecido, para mí todo un ejemplo a seguir.

“La libertad de expresión no vale nada sin la libertad de pensamiento”. José Luis Sampedro.

ELIGE TUS SUFRIMIENTOS.

NO SUFRAS INÚTILMENTE.

[Este artículo está basado en el libro: La inutilidad del sufrimiento de María Jesús Álava Reyes]

[La foto simboliza los obstáculos que hemos de superar para alcanzar la libertad, en este caso, de pensamiento]

El agua moja, el cielo es azul, las mujeres pelean, los hombres lloran...