Con este artículo voy a tratar de exponerte mi punto de vista acerca del amor y de todo lo que significa amar, y de paso aprovechar para poner en orden mis ideas (ahora que no estoy enamorado y puedo), esperando que también pueda impulsarte a reflexionar sobre las tuyas.

Amar desde un punto de vista

Quién ama siempre da y jamás reclama. Tolera y jamás se irrita y nunca se venga. Indira Gandhi.

El amor es un sentimiento especial, profundo y complejo que suele traer consigo felicidad, bienestar y alegrías, pero también es una fuente inagotable de desdichas y sufrimientos, casi siempre derivados de nuestro grado de  incomprensión acerca de los demás y de nosotros mismos.

Es por esto que se dice que para aprender a amar a los demás primero hay que saber amarse a uno mismo: solo si somos capaces de querernos a través del autodescubrimiento y de la aceptación de nuestras limitaciones, podremos hacer lo mismo con otras personas.

Para intentar clarificar un poco algo tan tremendamente complejo voy a diferenciar entre tres formas de amor: estar enamorado, querer y amar.

Estar Enamorado

Para mí el enamoramiento es una pasión transitoria (duración relativamente corta) de origen biológico (borrachera de hormonas) con un fin natural específico (procrear).

Como tal pasión es una emoción desenfrenada, fuerte e intensa, que es capaz de producir una gran exaltación en el estado de ánimo, y una enorme alteración de la percepción del mundo del que la siente.

La expresión ‘el amor es ciego’ viene a referirse a este estado en el que idealizamos a la persona de la que estamos enamorados, y que nos produce una ceguera hacia todo lo que no se corresponda con lo que buscamos. En realidad sería más correcto decir ‘el enamorado es ciego’, porque considero que amar es otra cosa.

Juan Carlos Benítez (escritor Costarricense) lo describió perfectamente al escribir:

“Cuando estaba enamorado había mariposas por todas partes y la voluptuosidad de la pasión me carcomía la cabeza. Durante todo ese tiempo no escribí, no trabajé, no me encontré con los amigos. Vivía pendiente de los movimientos o de la quietud de mi amada; consumía montañas de cigarrillos y toneladas de vitaminas, me afeitaba dos y hasta tres veces por día; hacía dietas y caminatas. Me perseguía hasta la certeza la paranoia del engaño, pensaba todo el tiempo en besarla, en mirarla, en acariciarla. Durante semanas gasté demasiado dinero, demasiada esperanza, demasiada crema para el sol, demasiado esperma y demasiado perfume. Escuchaba demasiada música clásica, utilizaba demasiado tiempo, consumí toda mi tolerancia y agoté hasta la última de mis lágrimas. Por eso siempre digo recordando esos momentos: Nunca he sufrido tanto como cuando era feliz.”

Querer

Querer es un sentimiento que lleva consigo una sensación de necesidad, porque la propia palabra lleva asociado implícitamente este significado.

Decir que quieres a alguien implica unir ese sentimiento con tu necesidad de afecto, y un cierto deseo de propiedad o posesión. Desde esta perspectiva decir te quiero es decir me importas y me preocupo por ti, pero también te necesito, necesito que estés conmigo y que me quieras.

Una fuente de conflictos muy frecuente está en la incomprensión de que quererte y demostrarte que te quiero pueden ser cosas muy diferentes para ti y para mí. Cada persona tiene una manera concreta de demostrar sus afectos, y puede que ésta coincida o no con la tuya.

Exigir que te quieran a tu manera es una forma de coacción que coarta la libertad y corrompe la relación.

Hay personas que creen que solo existe una única manera válida de querer (que es la suya), y deducen que el otro no les quiere porque no expresa su cariño como lo expresan ellos.

Cada cual debe querer a su manera y no por ello significa que quiera más o menos.

Muchos de las frustraciones que se producen en las relaciones derivan de una falta de comprensión acerca de que somos personas diferentes con maneras de sentir y de demostrar diferentes. Comprender, aceptar, y respetar esto, me parece fundamental para que una relación crezca y se consolide de una manera sana.

Resulta frecuente pedir e incluso exigir que nos digan te quiero como forma de demostrarnos que efectivamente es así. La verdad es que a mí esto no me sirve y aún más, no me gusta.

El te quiero que a mí me vale es el que surge de la espontaneidad, del sentimiento y del deseo de decirlo, sea en el momento que sea.

Es por esto que no soy partidario de las celebraciones en fechas señaladas como forma de demostrar el valor de los sentimientos que tenemos hacia otra persona, me parecen situaciones forzadas que proponen y fomentan una demostración obligada de algo que debería de ser espontáneo y sentido (intereses comerciales aparte).

Mi punto de vista acerca de esto es:

Hazlo cuando lo sientas o no lo hagas, y mucho menos lo exijas.

Amar

Amar es un sentimiento más puro y profundo que querer, y que carece de connotaciones de propiedad o posesión.

Aquel que ama de verdad  puede que también necesite, pero tiene la capacidad de disfrutar del otro tanto en su compañía como en su ausencia, porque respeta, acepta, e incluso siente el deseo de ayudarle para que sea quien es, mucho más allá de que esa autenticidad de la persona amada le convenga o satisfaga, mucho más allá de que esa persona le elija o no para estar juntos.

Es lo que se suele llamar amor incondicional, y realmente creo que son pocos los que llegan a amar de esta forma.

Quizá el amor que más se aproxime a esta definición es el que denominamos amor de madre, aunque no me gusta que esto suponga una discriminación hacia el amor de padre. Cosas de las frases hechas que seguro ya sabes no son plato de mi gusto.

He encontrado un mensaje de una mujer anónima que lo expresa de la siguiente manera:

“Me sentí herida cuando perdí a los hombres de los que me enamoré. Hoy, sin embargo, estoy convencida de que nadie pierde a nadie, porque nadie posee a nadie. Ésa es la verdadera experiencia de la libertad de amar: disfrutar de lo más importante del mundo, sin poseerlo.”

El Amor no es Sacrificio

En ocasiones las personas fusionan la idea del amor con el concepto de sacrificio, y defienden que las relaciones más importantes son aquellas donde uno es capaz de sacrificarse por el otro.

Yo no creo que sacrificarse por el otro garantice ninguna reciprocidad en el amor, ni que sea la pauta que lo reafirma o le da valor. 

Para mí el amor es un sentimiento que fomenta la capacidad para disfrutar juntos de las cosas, y no una medida de cuánto estoy dispuesto a sufrir por ti, o de cuanto estoy dispuesto a renunciar de mí.

Si eres de los que cree que para amar hay que sacrificarse voy a compartir contigo una pequeña historia. Tan solo deseo que la leas y que pienses en lo que significa para ti y en como podrías usar su mensaje. Y si no, simplemente espero que la disfrutes tanto como yo lo he hecho.

“Se trata de dos hermosos jóvenes que se hicieron novios cuando ella tenía trece y él dieciocho. Vivían en un pueblecito de leñadores situado al lado de una montaña. Él era alto, esbelto y musculoso, dado que había aprendido a ser leñador desde la infancia. Ella era rubia, de pelo muy largo, tanto que le llegaba hasta la cintura; tenía los ojos celestes, hermosos y maravillosos.
La historia cuenta que se habían hecho novios con la complicidad de todo el pueblo. Hasta que un día, cuando ella tuvo dieciocho y él veintitrés, el pueblo entero se puso de acuerdo para ayudar a que ambos se casaran.
Les regalaron una cabaña, con una parcela de árboles para que él pudiera trabajar como leñador. Después de casarse se fueron a vivir allí para la alegría de todos, de ellos, de su familia y del pueblo, que tanto había ayudado en esa relación.
Y vivieron allí durante todos los días de un invierno, un verano, una primavera y un otoño, disfrutando mucho de estar juntos. Cuando el día del primer aniversario se acercaba, ella sintió que debía hacer algo para demostrarle a él su profundo amor. Pensó hacerle un regalo que significara esto. Un hacha nueva relacionaría todo con el trabajo; un jersey tejido tampoco la convencía, pues ya se los había tejido  en otras oportunidades; una comida no era suficiente agasajo…
Decidió bajar al pueblo para ver qué podía encontrar allí y empezó a caminar por las calles. Sin embargo, por mucho que caminara no encontraba nada que fuera tan importante y que ella pudiera comprar con las monedas que, semanas antes, había ido guardando de las vueltas de las compras, pensando que se acercaba la fecha del aniversario.
Al pasar por una joyería, la única del pueblo, vio una hermosa cadena de oro expuesta en la vidriera. Entonces recordó que había un solo objeto material que él adoraba verdaderamente, que él consideraba valioso. Se trataba de un reloj de oro que su abuelo le había regalado antes de morir. Desde chico, él guardaba ese reloj en un estuche de gamuza, que dejaba siempre al lado de su cama. Todas las noches abría la mesita de luz, sacaba del sobre de gamuza aquel reloj, lo lustraba, le daba un poquito de cuerda, se quedaba escuchándolo hasta que la cuerda se terminaba, lo volvía a lustrar, lo acariciaba un rato y lo guardaba nuevamente en el estuche.
Ella pensó: “Que maravilloso regalo sería esta cadena de oro para aquel reloj.” Entró a preguntar cuánto valía y, ante la respuesta, una angustia la tomó por sorpresa. Era mucho más dinero del que ella había imaginado, mucho más de lo que ella había podido juntar. Hubiera tenido que esperar tres aniversarios más para poder comprárselo. Pero ella no podía esperar tanto.
Salió del pueblo un poco triste, pensando qué hacer para conseguir el dinero necesario. Entonces pensó en trabajar, pero no sabía cómo; y pensó y pensó, hasta que, al pasar por la única peluquería del pueblo, se encontró con un cartel que decía: “Se compra pelo natural”. Y como ella tenía ese pelo rubio, que no se había cortado desde que tenía diez años, no tardó en entrar a preguntar.
El dinero que le ofrecían alcanzaba para comprar la cadena de oro y todavía sobraba para una caja donde guardar la cadena y el reloj. No dudó. Le dijo a la peluquera:
– Si dentro de tres días regreso para venderle mi pelo, ¿usted me lo compraría?
– Seguro, fue la respuesta.
– Entonces en tres días estaré aquí.
Regresó a la joyería, dejó reservada la cadena y volvió a su casa. No dijo nada.
El día del aniversario, ellos dos se abrazaron un poquito más fuerte que de costumbre. Luego, él se fue a trabajar y ella bajó al pueblo.
Se hizo cortar el pelo bien corto y, luego de tomar el dinero, se dirigió a la joyería. Compró allí la cadena de oro y la caja de madera. Cuando llegó a su casa, cocinó y esperó que cayera la tarde, momento en que él solía regresar.
A diferencia de otras veces, que iluminaba la casa cuando él llegaba, esta vez ella bajó las luces, puso sólo dos velas y se colocó un pañuelo en la cabeza. Porque él también amaba su pelo y ella no quería que él se diera cuenta de que se lo había cortado. Ya habría tiempo después para explicárselo.
Él llegó. Se abrazaron muy fuerte y se dijeron lo mucho que se querían. Entonces, ella sacó de debajo de la mesa la caja de madera que contenía la cadena de oro para el reloj. Y él fue hasta el ropero y extrajo de allí una caja muy grande que le había traído mientras ella no estaba.
La caja contenía dos enormes peines que él había comprado … vendiendo el reloj de oro del abuelo.”

[Historia extraída del libro: Cuentos para pensar de Jorge Bucay]

Cada cual es libre de vivir el amor como sea capaz o prefiera, y en base a ello deberá asumir las consecuencias, pero yo soy de los que piensa que siempre, siempre, podemos hacerlo mejor.

Puede que no estés de acuerdo con mi punto de vista y con todo lo que aquí te he expuesto. De ser así lo acepto y lo asumo, y además te agradecería mucho que me lo hicieras saber a través de los medios que pongo a tu disposición en la página.

Como dice Bucay:

El amor no está en nosotros para sacrificarse por el otro, sino para disfrutar de su existencia.

[La foto inicial está tomada desde un avión sobrevolando Japón. Mi forma de simbolizar que el verdadero amor está por encima de todo lo demás.]

Descubre el valor de ser auténtico para alcanzar una vida con sentido y propósito.

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes.

¿Te atreves a subir a este barco?