Disfrutando de un temporal

Hoy cumplo años y por eso voy a hablarte de por qué es algo que no he celebrado nunca, y de cuales son mis motivos para seguir sin querer celebrarlo. Con este artículo pretendo apagar todas las velas y dar de esta forma la definitiva muerte al cumpleaños.

Antes de empezar con mi exposición de motivos para ajusticiar como se merece y dar muerte al cumpleaños (y muy relacionado con todos mis puntos de vista), quiero hablarte de una de las cualidades que últimamente me he dado cuenta que ejerce una gran influencia en mi forma de interpretar las cosas: soy un diferenciador.

¿Y eso qué significa amigo Juan?

Igualadores y Diferenciadores

Hace ya unos años que leí el estupendo libro Poder sin límites de Anthony Robbins, y en uno de los capítulos su autor habla de los metaprogramas, una serie de directrices o patrones de funcionamiento prefijados mediante los que interpretamos el mundo, y que determinan y dirigen nuestras actitudes y comportamientos.

Distingue entre siete grupos de metaprogramas, refiriéndose en el cuarto de ellos a la forma en que clasificamos la información que hemos de aprender o entender. Dentro de este grupo existen dos figuras: los buscadores de similitudes o igualadores, y los buscadores de diferencias o diferenciadores. Tardé muy poco en identificarme con los segundos.

Los igualadores buscan similitudes…

Son aquellos que centran su atención en lo que se parece, buscando las semejanzas entre las cosas. Son buscadores de conexiones y acuerdos, lo cual les suele facilitar el entendimiento y las relaciones con otras personas, aunque también tienen cierta tendencia a la generalización, al conformismo, y a dejarse influir demasiado dejándose llevar por la corriente.

… Los diferenciadores buscan diferencias

Miran el mundo y lo ven todo diferente porque centran su atención en las diferencias, y a veces esta tendencia hace que les sea más difícil entablar relaciones y llegar a acuerdos con los demás. Son los que suelen ir a la contra, pero no por capricho sino por convencimiento y con argumentos, y son valiosos en el sentido de que tienden a ver cosas que no ven otros, saliéndose de la norma. Suelen ser personas críticas y analíticas, mira por donde, dos de mis principales fortalezas personales.

Según las generalizaciones ofrecidas por diversas encuestas los diferenciadores son minoría, en torno a un 35% de los entrevistados y, si eres un diferenciador, seguramente estás pensando en que las encuestas son una mierda (lo son).

Sin embargo tengo que decirte que no todo es blanco o negro, también hay grises, por lo que también hay grados de igualadores y de diferenciadores, es decir, puedes tener un poco de ambos, un mucho de uno, o un nada del otro, aunque tu forma de interpretar la información siempre tenderá más hacia una u otra figura.

Ambas maneras de funcionar son perfectamente válidas y además son muy enriquecedoras porque se complementan. Igualadores y diferenciadores son perfectamente capaces de convivir y de llevarse bien siempre que se respeten y se comprendan, lo cual pasa por darnos cuenta de que somos nosotros quienes creamos nuestra realidad en base a nuestras percepciones, lo que a su vez implica que:

En cualquier situación existen tres verdades: tú verdad, mi verdad, y la verdad.

Y ahora que ambos tenemos más claro el por qué siempre estoy jodiendo a las mentes tranquilas, y alabando a las inquietas, voy con el tema principal de este artículo.

Apagando Las Velas

En mi artículo sobre 68 cosas que aún no he hecho y que algún día tengo que hacer, una de las que menciono es “celebrar mi cumpleaños”, lo cual he comprobado que a muchos no deja de resultarles extraño, o incluso extravagante.

Pues así es querido lector, en mi banco de memoria no encuentro registros que me permitan recordar un hecho semejante, ni tan siquiera en la infancia, y lo digo de esta peculiar forma porque soy consciente de lo imprecisa y traicionera que es la memoria.

¿Y por qué no lo has hecho?

Durante mi niñez el ambiente familiar y la educación que de ellos recibí fueron determinantes para seguir por ese camino. Más adelante, a la vez que mi personalidad se iba formando y definiendo, fueron mis creencias las que tomaron el mando. Y fue ese compendio de circunstancias y experiencias lo que me ha llevado hasta aquí y ahora, cuando te aseguro que el hecho de no celebrar mi cumpleaños no supone para mí ningún trauma (ni lo ha supuesto nunca), sino que lo veo como una enriquecedora liberación.

¿Me lo explicas?

Son muchas las ocasiones en que he escuchado comentarios de gente acostumbrada a celebrar los cumpleaños del tipo:

    • “Yo siempre me acuerdo de su cumpleaños, y se ha olvidado del mío ¡que le den!”

    • “Estoy triste porque fulanito o menganita no me ha felicitado, será que no le importo.”

    • “Si alguien te quiere de verdad no se olvida de tu cumpleaños.”

    • “Me deprime darme cuenta de que ya tengo un año más (o que me queda un año menos).”

    • “¡No he dormido esta noche pensando en qué me van a regalar!”

Etcétera (etc para los comodones).

Pues bien, las implicaciones que conllevan este tipo de actitudes me parecen sumamente perjudiciales, altamente insanas (como las tartas), y muy poco recomendables (obsérvese mi gran manejo de los adverbios de cantidad).

¿Y cuales son las implicaciones de esos comportamientos que mencionas Juan?

    1- Son artificiales y poco naturales porque primero, son manifestaciones que dependen de una fecha prefijada que desvirtúa la espontaneidad. Y segundo, se hacen esperando algo a cambio: yo te doy si tú me das y si no ¡que te den!

    2- Se basan en expectativas y exigencias, y cuando éstas no se cumplen cargan contra la persona, basándose en el egoísmo (insano) de tratar al otro en función de lo que esperamos de él, y no en función de ayudarle a ser quién es.

    3- Generan dependencia e inseguridad porque basan el bienestar propio en las conductas ajenas, y además lo ligan al paso del tiempo en fechas concretas.

    4- Coartan la libertad porque son comportamientos de autómatas guiados por la tradición o la costumbre, que no hacen uso del muy sano pensamiento crítico que abre la mente a causas y efectos.

    5- Fomentan el consumismo vacío porque regalan más por compromiso, hábito o condicionamiento, que teniendo en cuenta la necesidad o utilidad de lo regalado (eso sin querer profundizar en los efectos del consumismo).

    6- Aumentan tus posibilidades de morir. ¿Seriously? Según un estudio realizado por la universidad de Zurich en 2012 (cuidadín… con el estudio), las posibilidades de morirnos el día de nuestro cumpleaños aumentan en torno al 14% respecto a cualquier otra fecha del año, y el riesgo de suicidio (sobretodo entre los hombres) aumenta hasta casi un 35% más. ¡Acongójate!

Y sí (cómo no), estoy generalizando, aunque quiero aclarar que no creo que todas estas implicaciones existan en las conductas de todas las personas que celebran cumpleaños (y otras celebraciones similares).

Por supuesto que hay mucha gente que da y celebra porque así lo siente, sin esperar ni exigir, con generosidad, amor y hasta nobleza.

Pero yo te hablo desde mi cualidad de diferenciador, y eso implica que no sigo la corriente porque sí, y te expongo cuales son mis argumentos para no hacerlo.

Y para pasar al siguiente punto quédate con esta frase que transmite mi perspectiva:

Cumplimos años todos los días, lo único que cambia es cuándo empiezas a contar.

Muerte Al Cumpleaños

Una persona que celebra una fecha señalada en el calendario por condicionamiento o compromiso, tradición o costumbre, y reflejando las actitudes que he mencionado en el apartado anterior, me transmite la misma imagen que un árbol sin hojas. Tengo la sensación de que falta algo, y algo importante, de que existe un vacío donde echo en falta lo que para mí debería de ser la esencia de cualquier celebración: la espontaneidad.

Árbol sin hojas

[Árbol con aspecto de querer joderte bien]

Y me da igual que se trate de la celebración de un cumpleaños, de un santo, de bodas con nombres de metales, de aniversarios de muertos, del día de los enamorados, de la madre, del padre, o del amante bandido.

Y lo demás son gaitas (expresión gallega que sustituye “cuentos” por “gaitas” para darle la identidad de la tierra).

No son necesarias fechas señaladas para expresar nuestros sentimientos hacia las personas, muy al contrario, lo que se consigue con ello es desvalorizarlos vinculándolos al compromiso y a la exigencia, y alejándolos de la espontaneidad.

¿Por qué no darnos la libertad de sentir y de expresar cuando nos nazca y de la forma en que queramos hacerlo?

¿No es mejor aceptar que exigir? 

Aceptar que los demás sientan cómo y cuando quieran y así lo expresen, sin expectativas, sin exigencias, sin condicionamientos.

¿Acaso no resulta más valioso?

La espontaneidad garantiza que lo que se hace se siente, y que lo que se siente se hace.

Lo que se hace se siente…

Porque estás viajando sol@ o en su compañía, y de repente sientes con intensidad el profundo aprecio, cariño o amor que tienes hacia esa persona tan importante, y te nace expresarlo mandándole un mensaje de amor o agradecimiento, o comprándole un detalle, o diciéndoselo, porque resulta que para ti es muy importante que sepa lo mucho que valoras el hecho de que forme parte de tu vida.

… Y lo que se siente se hace

Porque ese sentimiento que te inunda por dentro es el que origina la acción que ejecutas hacia fuera. Sin expectativas, sin compromisos, sin exigencias.

¿Qué importancia tiene la fecha carajo?

¿No te parece esta actitud mucho más sana, coherente y valiosa?

A mí desde luego SÍ.

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Y ahora que ya he terminado de apagar todas las velas, dando así muerte al cumpleaños, y que sabes lo mucho que valoro la espontaneidad en cualquier tipo de celebración o felicitación, puedes tener por seguro que no tengo expectativas, ni voy a exigirte o juzgarte si no cumples con lo que nuestra sociedad establece al respecto, muy al contrario, si no lo haces me identificaré plenamente contigo, herman@ diferenciador.

Tampoco pasará nada si la manifestación de tu sentir coincide con una fecha señalada, puedes relajarte ya que me considero un tipo la mar de respetuoso, amable y comprensivo (solo a veces), y además tampoco se me da muy bien lo del mal de ojo, el vudú, o las velas negras 🙂 .

Lo único que te estoy sugiriendo es que antes de hacerlo reflexiones sobre ello y después decidas.

Si eres coherente y espontáneo, serás más feliz (hagas o no más felices a otros), y además de estar encantado de recoger lo que así me ofrezcas, recibirás de mi parte un más que merecido:

¡FELICIDADES!

[Hice la foto de portada mientras disfrutaba de un temporal en las costas del norte de la Provincia de Lugo (Galicia – España)]

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes

¿Te atreves a subir al barco?