El postureo, esa actitud tan de moda en la que siempre nos mostramos guay del paraguay, haciendo cosas supermegachulas, y siendo felices comiendo perdices, acabará por devorar nuestra realidad convirtiendo nuestras relaciones en los mundos de yupi. ¿Que no te lo crees? Pues sigue leyendo…

Cuadro volteado

En la imagen puedes ver un pequeño experimento que he estado haciendo en mi cocina en los últimos días.

No hace mucho, en una de mis habituales ralladuras mentales, reflexioné sobre por qué la mente humana (mi mente) es tan esquemática y necesita de un orden, y por qué ese orden ha de ser concreto y tener un solo camino. Es por eso que decidí voltear el cuadro que ves en la foto, y observar cuanto tardaba mi mente en acostumbrarse al “desorden”, así como también saber cuales eran las reacciones de las personas que lo vieran.

Durante los primeros días, cada vez que entraba en la cocina, mi vista se clavaba como un resorte en el cuadro, sintiéndome incómodo al verlo en esa posición, y las reacciones de las personas que lo vieron también fueron de sorpresa y extrañeza, con comentarios del tipo: ¡que se te va a caer el cuadro!, ¿esto está mal no?, ¡parece que se te ha ido la mano con el martillo!

En realidad no se me fue la mano ¡se me fue la cabeza! 🙂

Lo cierto es que llevo ya más de 10 días con el cuadro en esa posición y, aunque ya me he acostumbrado a verlo volteado, todavía me sigo fijando mucho más en él de lo que era habitual, pero me gusta la sensación por lo que, por ahora, así se va a quedar.

Como le dije a alguien que manifestó que no le gustaba: “cuando estaba horizontal ni siquiera te habías fijado en él, sin embargo ahora es lo primero que has visto, así es que… ¿te gusta el cuadro de mi cocina? “.

¿Y todo esto a qué viene señorito?

Siendo el tema de hoy el postureo, más que venir… va, pero como me apetecía contarte la paranoia, pues ya puestos voy a montarme alguna conexión paranoia-cuadro-postureo ¡porque yo lo valgo!

Podríamos convenir en que mi paranoia y el postureo parten del mismo principio: concentrar la atención sobre algo que nos interesa destacar (y por supuesto ambas tienen que ver con la palabra “postura”). Algo que por cierto, también se aplica en el ámbito de los blogs ya que, si quieres destacar entre la marabunta internáutica, has de buscar la diferencia, es decir, una identidad propia que consiga atraer la atención del mayor número de lectores posible, para luego poder seducirlos con aportes valiosos que les ayuden a solucionar sus problemas o satisfacer sus necesidades.

Y ya que estamos:

¿Qué es lo que más te gusta de mi blog? 

(Presuponiendo que te gusta claro)

[Dame buenas pistas que yo pago el café 🙂 ]

Pero vamos a centrarnos en el asunto del postureo

¿Postureo a Discreción?

Quién conozca la disciplina militar sabrá que, a la hora de desfilar, en las formaciones se adoptan una serie de posiciones predeterminadas. Una de ellas es la de “descanso”, que consiste en adoptar una posición relajada pero fija, en la que uno no puede moverse ni hablar. Pero yendo un paso más allá, existe la posición de “descanso a discreción” en la que, sin desplazarse del lugar que se ocupa en la formación, uno puede moverse e incluso hablar con los demás “formadores”.

Y es por esto que se me ha ocurrido calificar como postureo a discreción la situación generalizada de postureo a diestro y siniestro que vivimos actualmente, sobretodo en el mundillo virtual.

Cuando hablo de postureo me refiero a esa actitud de las personas que demanda la atención permanente de los demás, en base a destacar (o a inventar) ciertas facetas de nuestras vidas que nos satisfacen, y a obviar todas las demás.

No intentes huir porque no podrás esconderte ya que está por todas partes y, como pasa si te enfrentas con un oso, escapando es cuando te devorará, principalmente porque corre más deprisa que tú 🙂 .

De fiesta y postureo

[Postureando ando (y haciendo publicidad 🙂 )]

El postureo ha existido siempre solo que ahora, con los medios que nos proporciona la tecnología moderna e internet (a través sobretodo de las redes sociales, y mediante el uso de móviles, tabletas, portátiles…etc), ha adquirido una mayor visibilidad y relevancia, y se está convirtiendo en omnipresente.

Buscamos lucirnos porque nos encanta hacerlo, y la atención y el reconocimiento nos satisfacen porque en mayor o menor medida las necesitamos, siendo la recompensa que perseguimos mediante el postureo.

Destacar las facetas “happy” de nuestras vidas construyéndonos un mundo ideal a medida, es decir, posturear, está de moda, y además engancha porque la tecnología actual nos lo pone súmamente fácil.

Con página en Facebook, libros que lo analizan, y mencionado más de 1500 veces por semana en Twitter como etiqueta, el #postureo remarca el instinto del ser humano por presumir de las virtudes, aunque haya que inventarlas o fingirlas, nada importa con tal de hacer ver a los demás lo “guays” que somos.

Y aunque resulta difícil escapar de la corriente de los “me gusta”, “favorito”, o “+1” al pie de una foto o de un comentario, algunas veces puede ser precisamente esa corriente (y cuanto más fuerte mejor) la que proporcione una mayor motivación para salirse de su empuje.

Recuerdo no hace mucho, en uno de esos días en que estaba hasta la entrepierna del bombardeo de manifestaciones idílicas que me acosaban por todas partes,  el comentario que hice en Facebook al respecto acerca de cómo todo eso me hacía sentir (en ese momento, que no siempre).

[No te cortes en preguntar cómo se insertan de una manera tan molona las publicaciones de Facebook en un blog 😉 ]

Pero incluso esta actitud (mi actitud) no deja también de tener que ver con el postureo, porque en el fondo también se trataba de satisfacer la necesidad de destacar, de buscar relevancia, y de reclamar atención, aunque eso sí, la diferencia radica en que fui honesto, porque no lo fingía en absoluto, y además tampoco era algo realmente “happy” ¿no crees?

El postureo también aparece en cierta forma cuando no eres feliz viendo ese magnífico atardecer en el lugar que sea si no le sacas una foto y la compartes al momento, o cuando no sabes disfrutar de una fiesta con tus amigos porque necesitas que todo el mundo sepa que estás disfrutando de una fiesta con tus amigos.

El postureo es la dependencia del reconocimiento inmediato, y es una esclavitud del carajo.

Lo peligroso de todo esto es que estamos buscando esa recompensa inmediata (atención, reconocimiento, adulación) porque tenemos una necesidad, y cuanto mayor sea la recompensa que encontremos mayor será la necesidad, y con más frecuencia buscaremos la recompensa, creando así una total dependencia y sumergiéndonos en una especie de bucle que se realimenta a sí mismo.

El ansia constante por agradar, destacar y ser reconocido, tiene como base la baja autoestima y la inseguridad, y si además buscamos todo esto desde la falsedad y el autoengaño, lo que obtendremos a la larga es frustración y más inseguridad, agravándose así nuestra situación.

Dando de comer con frecuencia al postureo, también aparecerán los rencores, odios y envidias hacia quién pensamos que tiene una vida mucho mejor que la nuestra, hacia quién creemos que consigue todo lo que se propone porque es más listo, hacia quién nos parece que es más feliz haciéndonos a nosotros, por comparación, más desgraciados.

Te dejo un magnífico vídeo que lo expresa a la perfección.

Nos estamos convirtiendo en personajes que buscan demostrar constantemente que saben más, que leen más, que entienden más de música, de cine, de arte, o de sexo. En auténticos idiotas prepotentes que joden sus relaciones convirtiéndolas en una competición para demostrar quién es más estúpido inteligente, olvidándonos de que lo verdaderamente valioso está en abrirnos a lo mucho que otros pueden enseñarnos, y a reconocer lo mucho que nos queda por aprender.

Yo defiendo que tenemos derecho a sentirnos como nos de la gana, a expresarlo y a compartirlo si así lo deseamos, pero sin dependencias ni obsesiones insanas, y siempre desde la apertura y la honestidad.

Porque la vida es un arco iris que incluye el negro y solamente siendo auténticos, sin inventos ni fingimientos que nos perjudican creando una sociedad cínica, será la forma en que podamos evitar la “profecía” del poeta ruso Yevgeny Yevtushenko que decía:

“Y llegará un día en que nuestros hijos, llenos de vergüenza, recordarán estos días extraños en los que la honestidad más simple era calificada de coraje.”

El agua moja, el cielo es azul, las mujeres pelean, los hombres lloran...