No sé si de resiliencia se trata, pero a veces las cosas no salen como uno espera, sino como uno las programa.

Máscaras colgadas

[Máscaras decorando las paredes del pub Gatsby, en Salamanca (España)]

La resiliencia se define como la capacidad que tenemos los seres humanos para sobreponernos y superar cualquier tipo de situaciones y sucesos traumáticos, y es el tema que había escogido hace ya algún tiempo para el artículo de esta semana, pero resulta que estos días no me apetecía un carajo escribir y pensé que lo mejor era dejarlo correr y no publicar nada, sin embargo las cosas no salieron como yo esperaba. Te cuento.

Normalmente suelo escoger el tema sobre el que escribir cada semana con alguna antelación y, una vez escogido, suelo realizar algunas búsquedas googlerianas que me puedan servir de inspiración para desarrollarlo. En el caso que nos ocupa escogí la resiliencia, e hice las pertinentes búsquedas, obteniendo un material que copié en una entrada a modo de borrador.

Lo que acostumbro a hacer después es programar la publicación del artículo en wordpress para una fecha concreta, como forma de meterme presión fijarme el objetivo de publicarlo el día escogido, y eso hice con este artículo hace más o menos un mes. Con lo que no contaba es con que, después de pasar un fin de semana en Londres con mi amiga Caro, tuviera menos ganas de escribir que de cagar duro, con lo que la metedura de gamba se empezó a cocinar a fuego lento.

Como te digo, durante la semana pasada no escribí absolutamente nada en el artículo, y me olvidé completamente de que lo había programado para el lunes a las 9 (como acostumbro). Así que el artículo fantasma se publicó a su hora, y yo me enteré de tal hecho sobre las 9.30, gracias a una notificación en el móvil de un tweet de mi colega Miguel que lo promocionaba (¡gracias Miguel!).

Lo retiré inmediatamente del blog, pasándolo a estado “borrador”, pero los lectores de RSS como feedly ya lo habían publicado, e incluso, todavía no se por qué, también se envió en la campaña de Mailchimp que tengo programada para enviar a mis suscriptores a las 11 de la mañana, con lo que la cagada se consumó del todo.

Así es que debido a ello recibí un cariñoso email de mi querida Shamballa, y un precioso y emocionante mensaje desde Nueva York de mi también querida Lucía, a las que quiero agradecer tan deliciosos detalles y tanto cariño que me dan. Y es precisamente por este tipo de cosas que pensé que no debía dejar languidecer mi error en el limbo del olvido y el descuido, y que tenía que dar una explicación y los debidos agradecimientos. Así que…

¡GRACIAS!

Y más

¡GRACIAS!

¡Que sois unos tesoros!

Como he dicho, lo que se publicó no lo escribí yo, es un copia-pega de algún o algunos artículos que encontré por la red, pero lo gracioso del caso es que he vuelto a buscar para saber de donde salió, y no he conseguido dar con la fuente. Lo mío es de pena… y hasta penoso, pero es lo que hay, así que aquí estoy escribiendo estas cosillas para aclarar el resiliente descosido.

Y a continuación puedes leer, si es que no lo has hecho ya, el material del que te estoy hablando esperando que, si sabes o averiguas a quién pertenece, me lo hagas saber para poder añadir al final de texto el correspondiente y justo enlace que acredite debidamente a su autor o autores.

Mis infinitas disculpas.

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“Un hombre encontró un capullo de mariposa tirado en el camino y se lo llevó a casa para protegerlo. Lo puso a buen resguardo pero al día siguiente notó que había un pequeño agujero, se fijó mejor y vio que la pequeña mariposa estaba luchando por salir del capullo. 

Estuvo así durante varias horas, viendo cómo la mariposa forcejeaba intentando que su cuerpo pasara a través de aquel pequeño orificio. Sin embargo, de repente dejó de luchar, parecía como si se hubiese rendido o atascado. Al hombre le dio mucha pena y, con gran delicadeza, agrandó el hueco para que la mariposa pudiera salir.

Finalmente, la mariposa salió pero tenía el cuerpo hinchado y unas alas muy pequeñas y dobladas. El hombre pensó que aquello era normal y continuó observando, esperaba que la hinchazón remitiese y que la mariposa abriese sus alas y echara a volar. Pero no fue así, la pobre mariposa solo se arrastraba haciendo círculos. Jamás llegó a volar.”

Lo que el hombre de la historia no sabía era que la lucha de la mariposa por salir del capullo era necesaria para que los fluidos de su cuerpo pasasen a sus alas. Durante este proceso, un líquido llamado hemolinfa es bombeado desde el cuerpo hacia las alas, haciendo que estas se estiren progresivamente, hasta alcanzar un tamaño adecuado. Solo de esta forma la mariposa puede estar lista para volar. Así, en un intento de ayudar, el hombre le arrebató a la mariposa la posibilidad de volar.

A veces, para ayudar, debemos mantenernos al margen

Esta fábula nos indica que algunos obstáculos a veces son necesarios pues nos ayudan a convertirnos en personas resilientes. A lo largo de la vida cada cual debe cometer sus propios errores para aprender de ellos y madurar. Si intervenimos y resolvemos los problemas en su lugar, estaremos quitándoles una oportunidad de aprendizaje que después puede ser muy valiosa. Por eso, en algunas circunstancias, la mejor ayuda es mantenerse al margen.

Como regla general, la vida nos va planteando diferentes retos que desafían nuestras capacidades actuales pero que, a la misma vez, nos obligan a crecer y a desarrollar nuestras potencialidades. Cada etapa de nuestra existencia nos plantea desafíos diferentes que nos van preparando para la próxima fase. Sin embargo, si siempre tenemos a alguien que resuelva los problemas por nosotros, corremos el riesgo de que al quedarnos solos, sin ese asidero, no tengamos los recursos necesarios para enfrentar determinado problema y este termine engulléndonos.

Por ejemplo, la madre que siempre sale en defensa de su hijo cuando este tiene problemas con otros niños, le está haciendo un favor a corto plazo pero a la larga le impide desarrollar sus habilidades sociales, de forma que cuando crezca, será un adulto con una escasa Inteligencia Emocional y con dificultades para relacionarse con los demás.

De la misma manera, hay situaciones que no demandan nuestra intervención directa sino simplemente nuestro apoyo emocional. Hay problemas que no podemos solucionar por los otros pero podemos apoyarles mientras lo hacen, haciéndoles saber que estamos a su lado. De hecho, por mucho que queramos a una persona, no podemos cargar con su sufrimiento ni elaborar el duelo en su lugar, es algo que deben hacer ellas mismas.

¿Cuándo es preciso intervenir?

Si una persona siempre tiene a alguien que resuelve los problemas en su lugar, se convertirá en un inválido emocional. Una vida sin obstáculos no le permite crecer, de hecho, ni siquiera le permite conocerse bien a sí mismo ya que descubrimos quiénes somos en realidad y hasta dónde somos capaces de llegar cuando estamos en situaciones límite. Coger un atajo, dejando que sean los otros quienes resuelvan nuestros problemas, casi nunca es el mejor camino. Es cierto que llegaremos antes y más frescos, pero si la próxima carrera es más intensa, abandonaremos a mitad del camino porque no estaremos preparados.

Por tanto, no hagas por los demás lo que pueden hacer por sí solos. Si te comportas de forma sobreprotectora, contribuirás a que esa persona nunca extienda sus alas y le robarás uno de sus tesoros más valiosos: conocer y poner a prueba sus potencialidades.

Además, estar siempre dispuestos para los demás y resolver sus problemas incluso a costa de nuestras propias necesidades puede ser una espada de doble filo ya que contribuimos a crear personas egoístas que esperan que siempre estemos a su disposición. Por tanto, es probable que ni siquiera sepan apreciar los grandes sacrificios que hemos hecho.

El secreto radica en ayudar cuando alguien realmente necesita esa ayuda, cuando sus recursos psicológicos o físicos no le permiten avanzar. E incluso así, la ayuda casi nunca debe ser solucionar el problema, sino darle las herramientas para que lo solucione o ayudarle a encontrar el camino. Recuerda que si le das un pescado a un hombre, matas su hambre por un día pero si le enseñas a pescar, no tendrá hambre nunca más.

Puede ser que en un primer momento la persona que cree necesitar ayuda no entienda tu posición e incluso te lo eche en cara pero más tarde, la comprenderá y te agradecerá. Mientras tanto, simplemente dale tu apoyo emocional.

Descubre el valor de ser auténtico para alcanzar una vida con sentido y propósito.

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes.

¿Te atreves a subir a este barco?