Publicar un artículo en el bautizado como día de los inocentes puede dar lugar a muchas suspicacias, pero te aseguro que, aunque este cuando viajar sólo significa… esté repleto de anécdotas bastante surrealistas, es verdad de la verdadera, y de lo más sincero que vas a poder encontrarte por este mundillo de la blogosfera.

Cuando Viajar solo 000

Cerquita ya de cumplir los tres años escribiendo en este blog puedo confesar y confieso que, a la hora de crear artículos, he pasado por muchos altibajos, escribiendo por placer en muchas ocasiones, por necesidad en otras, y por compromiso en algunas más, e incluso dejando de escribir durante un tiempo después de haberlo hecho por los tres motivos anteriores a la vez.

En uno de estos artículos recomendaba que cuando llega un bache de la mano del “síndrome de la hoja en blanco”, lo más sencillo para superarlo es escribir sobre las propias experiencias, y cuanto más recientes y vívidas sean éstas mejor, ya que los recuerdos todavía no han comenzado a distorsionarse y es mucho más fácil ser fiel a las sensaciones.

Y como es un hecho que llevo ya cierto tiempo viajando solo, y que ha sido en este año 2015 que finaliza en el que más me he prodigado en este aspecto, siguiendo mi propia recomendación se me ha ocurrido que lo mejor que puedo hacer para despedirlo es escribir sobre algunas de mis experiencias en este sentido.

La sinceridad puede resultar cruel, afectuosa, bienintencionada, maliciosa, amable, dolorosa, reconfortante, vergonzosa, simpática, repulsiva… pero siempre será la verdad y por eso la hago parte principal de mi particular estilo, porque no podía ser deseo sea de otra forma.

Y aquí me tienes presentándote el resultado.

Cuando Viajar Solo Significa…

Recorrer las empedradas calles de la encantadora Córdoba, con sus muchas estrecheces, sus amplios desniveles y sus centenares de naranjos, y disfrutar de un buen paseo a lo largo del reconocido río Guadalquivir, aunque vaya bastante escaso de agua. Conocer a parte de su gente (que viven sin calefacción y las pasan canutas con 5 grados de temperatura) para que te recomienden su mejor gastronomía en algunos de sus más tradicionales restaurantes, y cuando la pruebas te quedes con cara de ¿dónde habrá por aquí un Mcdonalds?

Cuando viajar solo significa... Córdoba

[Saladísimas y empalagosas Berenjenas rebozadas con miel]

 

Disfrutar del mejor tapeo en la siempre fascinante Granada, paladeando profundamente su animado, jovial y juvenil ambiente, y sintiendo en la piel su frío invernal llegado de la mano de la vecina Sierra Nevada. No asombrarte demasiado con su Alhambra vista desde dentro o a lo lejos, pero apreciar bonitos miradores a los que se llega cruzando barrios que te hechizan con su laberíntico embrujo. Y sufrir cuando los ligamentos de una de tus rodillas se han inflamado tanto que caminar se ha convertido en una sesión de acupuntura donde todos los pinchazos se concentran en el mismo sitio.

Cuando viajar solo significa... Granada

[Guasa granaína]

 

Llegar a la castiza, cosmopolita y contaminada Madrid después de un viaje en Blablacar bastante parecido a una competición de Fast and Furious, para arrastrarte literalmente por sus calles al estilo Quasimodo, hasta decidir abandonar la aventura antes de tener que regresar a casa en ambulancia, porque la rodilla ya no da más de sí.

Cuando viajar solo significa... Madrid

[Desayuno con mensaje]

 

Hacer un recorrido por la ancha Castilla para visitar algunos de los lugares más emblemáticos de tu pasado, sintiendo como el gran peso de algunos de ellos te angustia y te impulsa a alejarte más que rapidito, empujándote hacia las largas noches de fiesta y frustrado olvido alcohólico brindadas por la tradicional y humilde Zamora, y la universal y universitariamente animada Salamanca.

Cuando viajar solo significa... Zamora

[Temblad pecador@s]

 

Descubrir la multicultural y turísticamente masificada Londres, con su particular microclima casi permanente de aire espeso y tonos grises. Con sus costumbres contra-mediterráneas de madrugar mucho, comer pronto, acostarse rápido y dormir poco. Con sus graciosas ardillas roedoras campando a sus anchas por históricos parques. Con ese café derramado por la cabeza por no soltarlo al intentar fotografiar sus espléndidos edificios. Con sus centenares de pubs donde degustar pintas y ver fútbol, golf o carreras de galgos soportando al mismo tiempo a tipos colorados y ruidosos que parecen estufas de patas gordas. Con sus monedas indistinguibles que te invitan a pagar a manos llenas su comida precocinada de supermercado. Con la sensación de que has visto mucho pero te queda otro mucho por ver.

Cuando viajar solo significa... Londres

[No me chilles que no te veo]

 

Hacer un curso de Inglés de una semana en Malta rodeado de estudiantes de muy diversas nacionalidades que comparten entre sí la misma juventud y mismas ganas de juerga que yo todavía conservo 😉 . Llegar tarde el primer día de clase por motivo de una confusión linguística, y no asistir al último debido a espectaculares odiseas de odiosas consecuencias. Y aún así aprender algunas cosillas importantes de la mano de 8 vietnamitas escandalosos que quieren hacerse fotos contigo como si fueras Julio Iglesias (y lo sabes). Solo para terminar presenciando de buena y calurosa mañana una paliza, a base de sillazos, patadas y escobazos, a un tambaleante borracho portador de un cuchillo que casi acaba desangrado en plena calle.

Cuando viajar solo significa... Malta

[Con los colegas de fiestudios]

 

Asistir a una mini-fiesta erasmus cargada de excesos en la perroflautica y bohemia Bolonia de arcos infinitos y helados deliciosos (aunque el dueño de la heladería tenga pinta de mafioso), dónde algunos mensajes te pueden sacar más de una sonrisa (véase la foto), y otros hacer que la cena se niegue a bajar por tu garganta cuando, escrito en un papel con letras moradas, una persona tirada en la calle entre viejos cartones te dice: “todo ser humano tiene derecho a un abrazo y a una sonrisa”.

Cuando viajar solo significa... Bolonia

[Clarito como el agua]

 

Llorar por pura emoción ante la belleza del atardecer en la cautivadora Florencia, dónde historia, arte y música se fusionan a la perfección con el impresionante patrimonio cultural y el animado ambiente. Dónde un ateo puede charlar sosegadamente durante casi media hora con emisarios de la Iglesia del Jesús, y al mismo tiempo colarse en la catedral mientras el besugo de la puerta se entretiene impidiendo el acceso a féminas más que discretas. Y todo esto unido a que allí se rodó gran parte de una de tus películas favoritas, con una banda sonora impresionante que no dejas de escuchar mientras paseas por sus calles.

Cuando viajar solo significa... Florencia

[Atardecer desde Piazzale Michelangelo]

 

Compartir habitación en un albergue de la conquistadora y decadente Roma, con tres jóvenes jugadores de rugby Australianos que doblaban con su peso las camas (y mis oídos con sus ebrios ronquidos). Colarte en la Basílica de San Pedro haciéndote pasar por un policía de incógnito, y en el Coliseo porque la cola “preferente” resulta ser más larga que la de comprar en taquilla. Reunirte con varias decenas de viajeros en el Circo Romano para compartir con ellos vivencias, alcohol caliente y música en directo hasta bien entrada la madrugada. Y conocer a la reencarnación del señor Miyagi en el aeropuerto, antes de embarcar en un avión que aterrizará de emergencia en Cerdeña, dónde desembarcarás por la fuerza a una pasajera drogada hasta las cejas que se niega a abandonar la cabina, teniendo que enfrentarte después a una creciente psicosis por un supuesto atentado terrorista.

Cuando viajar solo significa... Roma

[¿Será o no será?]

 

Hacer un tour por el mediterráneo español para descubrir que:

Málaga es una bella ciudad con mucho ambiente y gaviotas amistosas, a la que no le vendría mal en sus exóticos jardines, además de tanta cotorra, unos cuantos macacos al más puro estilo asiático.

Torremolinos es el retiro dorado de los jubilados europeos a los que les encanta exhibir sus coloradas panzas y desfilar con coches antiguos.

Benalmádena atrae bodas chinas multitudinarias, además de yates caros anclados en urbanizaciones de lujo.

Almería presume de atardeceres esplendorosos aunque llueva, y de tapas gratis aunque la caña cueste bastante más de lo que vale. 

Cartagena posee un rico patrimonio cultural y una extensa historia vinculada a lo militar que muestra a través de grandes museos y exposiciones múltiples, pero también cantidad de abandonados y decrépitos barrios.

La manga del mar menor es dueña de aguas cristalinas y playas de arena fina severamente amenazadas por la despiadada huella humana.

Murcia, por el día de la policía, cierra el acceso a calles de media ciudad, y se juntan más policías por metro cuadrado que hayas visto nunca.

Elche tiene bastantes más palmeras que yo pelos en mi entrepierna (y tengo unos cuantos 🙂 ).

Alicante posee una cafetería dónde tienen la llave para abrir baños más extraña del mundo conocido… por mí. También uno de losvinos de más calidaden relación a su asequible precio, además de una calle adornada con setas de plástico parecidas a consoladores gigantes, y unosárboles centenariosenoooormes.

Benidorm es la meca de los jubilados españoles (por lo menos en septiembre), y a Chente y Sara se les ocurrió cerrar elbalcón del mediterráneodurante una mañana entera para hacer su sesión de fotos de boda, además de preparar unos más que cursis cucuruchos de cartón rellenos de arroz con su nombre.

Cuando viajar solo significa... Costa del Sol

[No me atreví a sacar fotos a los polis por si acaso, que eran muchos]

 

Alojarte en un Riad de Marrakech cuyas paredes se derrumban (de manera literal me refiero), para luego ver un partido del Real Madrid en la Champions League rodeado de 100 marroquíes bastante disgustados con el juego de su equipo, y dónde un tipo trajeado gordo, grande y de piel oscura, te pasa una bandeja con billetes y monedas para que pagues lo que debes, ante lo que tú alegas que no quieres apostar.

Cuando viajar solo significa... Marrakech

[Una pena no haber sacado al recaudador de impuestos, pero es que acojonaba lo suyo]

 

Cenar en la romántica París el peor Kebab de tu vida (también el mejor), tal que te hace pasar una noche infernal obligándote a meterte los dedos hasta las amigdalas para poder vomitar esa mierda a las 5 de la mañana, estando todo el día siguiente suministrando únicamente zumos multifrutas a tu achicado estómago. Y disfrutar sin embargo de una maravillosa ciudad que no te cansas de recorrer día y noche mientras permanece sumergida de lleno en los colores otoñales o su iluminación artificial.

Cuando viajar solo significa... París

[Un gato imperial en el cementerio de MontMartre]

Y todavía me he quedado con ganas de visitar este año Lanzarote, pero se me han debido enderezar los renglones torcidos de Dios y no he podido, pero seguro me asomaré por allí el año que viene, y probablemente también por otra media España, que me ha dado por improvisar.

Por mi cabeza rondan asimismo destinos como Milán, Verona y Venecia, como Dublín, Amsterdam y Berlín, como Bruselas, Brujas y Gante, como Miami, como Cuba o como Argentina.

Y si me invitas a tu casa…

¿Quién sabe a dónde?

El agua moja, el cielo es azul, las mujeres pelean, los hombres lloran...