“¡Yo para ser feliz quiero un camión!” cantaba Loquillo en una de sus más reconocibles canciones. Lo malo (o lo bueno) es que se equivocaba claramente. Siempre habrá quien tenga más y mejores camiones, más dinero, más salud, más amigos, más sexo… En general, más de cualquier jodida cosa que se te pase por la cabeza. Y eso no nos sirve… ¿o sí?

Cuánto dinero necesitas en la city

[Un avión sobrevolando “La city” de Londres]

Dime algo…

¿Alguna vez has pensado en cuánto dinero necesitas para ser feliz?

Porque yo sí lo he hecho.

Y mi respuesta resultaba ser bastante abstracta porque realmente no tengo ni idea de cuanto dinero necesitaría, sino que lo único que me planteaba es todo lo que querría comprar y hacer con él.

Concretaré un poco más.

Imagina que eres un proscrito asalariado y que quieres que tu jefe te suba el sueldo.

Has pensado mucho en ello y crees que te lo mereces, por lo que te has leído varios libros sobre cómo negociar aumentos, o cómo ser el mejor lameculos del negocio.

Ya sabes cuándo, ya sabes por qué, cómo se lo vas a pedir, y hasta de qué manera contrarrestar cualquiera de sus posibles respuestas.

Eres un auténtico JASP y tan solo te queda dar el paso.

Llega el momento y planteada la cuestión, tu jefe rompe todos tus esquemas con la pregunta:

Estoy abierto a sus propuestas… ¿Cuánto querría ganar entonces?

Tardas un poco en reaccionar pero enseguida te rehaces y replicas: ¡cinco mil euros al mes!

¡Bien dicho!

¡Qué maravilla!

Eso es más del triple de lo que ganabas hasta ahora. Con esa pasta mensual podrás finiquitar en poco tiempo todas tus deudas, cambiar tu coche de más de diez años por uno nuevo (¿un renault clío quizá? 🙂 ), y hacer ese crucero de lujo en verano que tanto tiempo llevas esperando. Qué carajo, ¡hasta podrías comprarte una casa nueva y dejar el alquiler!

Es perfecto. Con esa cantidad estarás más que satisfecho.

Pero…

¿De verdad lo crees?

Cuánto Dinero Necesitas…

La insatisfacción es algo inherente al ser humano, y deja que te diga que está muy ligada a lo que se conoce como comparación social, es decir, a la jodida manía que tenemos de estar siempre comparando nuestras vidas con las de los demás.

Te cito un sencillo estudio para que lo veas más claro.

En un experimento se preguntó a un grupo de personas: ¿en qué mundo le gustaría vivir, en el A o en el B?

En el mundo A ganará cincuenta mil euros al año, y en el mundo B quinientos mil euros.

Hasta aquí parece que todos escogeríamos claramente el mundo B ¿no es cierto?… pero ahora viene lo bueno.

En el mundo A el sueldo medio es de cuarenta mil euros, y en el mundo B de un millón.

¿Cual escogerías ahora?

La gran mayoría de las personas del experimento escogió el mundo A y sus cincuenta mil euros al año, porque lo importante para ellos no era ganar medio millón, lo importante era ganar más que el resto.

¡Asombroso!

Para nada.

A este fenómeno se le denomina entre los entendidos (y yo no estoy en el gremio) como comparación social hacia arriba, y es lo que hace que muchas veces nos sintamos infelices a pesar de disfrutar de muchas cosas y muy buenas, porque sencillamente nos dedicamos a compararnos con otros que creemos que tienen más.

Esta teoría de la comparación social procede de un tal Leon Festinger, el cual partía de la base de que todas las personas obtenemos información sobre nosotros mismos al compararnos con otras, y por eso lo hacemos todo el tiempo.

Según él existen tres formas de comparación:

1- Puedo compararme con personas a las que les va más o menos como a mí (o sea, nunca bien del todo 🙂 ). Esto sería lo más sensato y realista, lo que me daría una imagen aproximada de mí mismo y de mis capacidades, pero es tan aburrido…

2- Puedo compararme con personas que están por debajo de mí. Por ejemplo con las que ganan menos dinero, o las que no tienen tan buena salud como yo, o hasta las que practican sexo con menos frecuencia. Esto me enseñaría el buen trabajo que tengo, lo fuerte que estoy, y lo mucho que follo… ¡lo genial que soy! De modo que se trata de un buen combustible para subir la autoestima.

3- Puedo compararme con personas que me superan. Por un lado esto puede servir como estimulante y motivación para avanzar en el desarrollo personal, pero por otro, y lo cual resulta más frecuente, puede hacer que me sienta un desgraciado y un infeliz, ya que me doy cuenta de todo lo que otros disfrutan y yo no tengo.

Ok…

¿Y toda esta disertación para que sirve?

Para Ser Feliz…

Tengo otra pregunta para ti:

¿Cuántas personas puede haber en este planeta que ganen más dinero que todas las demás?

¿Lo tienes?

Así es…

Tan solo una.

Y mientras tú no seas esa persona nunca tendrás suficiente, si no dejas de flirtear y regodearte a diario con nuestra amiga la comparación hacia arriba (no confundamos con el/la vecin@ de arriba-abajo-al lado, que sí puede estar para regodeos varios y fiestas de guardar).

A lo que voy…

Si partimos de que compararse con otros es inevitable, que lo es para casi todos salvo a lo mejor para el tipo más feliz de la tierra, no caigamos solamente en compararnos con los que creemos están por encima, porque eso hará que estén aún más por encima, y nos “pongamos de uñas” con el planeta.

Podemos ser más felices mejorando nuestro estado de ánimo rápidamente si usamos la comparación hacia abajo, es decir, si reflexionamos sobre todo lo que podemos disfrutar y otros no tienen. Estoy seguro de que se te ocurren muchos ejemplos.

Es una cuestión de cambio de perspectiva y de dónde fijamos la atención.

Una cuestión de actitud, de sentirnos agradecidos por todo aquello que podemos disfrutar en la vida.

Hay tanta belleza en el mundo…

Paraísos terrenales

Y si por algún extraño motivo (como podría ser que tu capacidad de proceso mental no supere el de una ameba) no encuentras en tu entorno más próximo a nadie con quien compararte hacia abajo…

Siempre puedes encender la televisión y poner las noticias.

 

El agua moja, el cielo es azul, las mujeres pelean, los hombres lloran...