Estoy seguro de que, como yo, tú también eres consciente de los aspectos de tu vida que te disgustan y que te gustaría cambiar. Ya sea abandonar un vicio, alimentarte mejor, hacer más deporte o simplemente modificar un comportamiento. Pues bien, concentrar nuestra atención en darnos cuenta de lo que hacemos es el primer e indispensable paso para poder cambiarlo.

Sentado en el suelo

“La premisa básica para poder cambiar un comportamiento es ser consciente de que existe.”

Si recuerdas la frase que habla de “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio” sabrás a que me refiero.

Pero antes de que uses tu sarcasmo para ensalzar mi gran inteligencia deja que me extienda un poco más.

Nuestra mente subconsciente es muy poderosa. Controla aproximadamente el 90% de nuestros comportamientos mediante patrones y automatismos que no llegamos a percibir conscientemente.

Lo que pensamos con frecuencia o de manera intensa (vinculado a un fuerte estado emocional) se almacena en forma de patrón en nuestro subconsciente, e influye en lo sucesivo en nuestra conducta sin que siquiera nos demos cuenta de ello.

La buena noticia es que podemos programar y moldear el subconsciente usando el pensamiento consciente, a través de la voluntad.

“Aquello en lo que piensas con más frecuencia determina lo que eres y en lo que te convertirás. Joe Dispenza.”

Las bases de todas nuestras conductas residen en nuestro pensamiento.

Todo lo que nos pasa (o lo que no nos pasa), cómo nos va, en qué condiciones vivimos y trabajamos, está relacionado con el tipo de pensamientos que tenemos.

Construimos nuestra vida a través de la forma en que pensamos pero tenemos el poder de elegir si lo hacemos de manera consciente o no.

Romper con la rutina viajando, conociendo gente nueva, realizando nuevas actividades y viviendo experiencias puede ocasionar un cambio de perspectiva. Nos hace ver que existen otras posibilidades y otros modos de ‘hacer’, otras ‘realidades’.

Tan solo esto ya puede ser estímulo suficiente para transformarnos porque ya hemos empezado a cambiar nuestra forma de pensar.

Creo que sobre esto Ángel Alegre de Vivir al máximo podría darnos unas buenas lecciones prácticas.

Cambiar es romper la costumbre de ser tu mismo, es decir, lo que hacemos y pensamos una y otra vez.

Todas las mejoras personales se inician con un cambio de nuestras creencias

No son las circunstancias de nuestras vidas las que nos dirigen sino nuestras creencias acerca de lo que significan esas circunstancias, el significado que les damos.

En una ocasión, en una noche de fiesta, me dirigí a una chica y le dije:
-Tienes una belleza impagable.

A lo cual me respondió:
-¿Me estás llamando puta?.

No sé tú, pero yo creo que detrás de esta respuesta están sus creencias acerca de los hombres (en ese ambiente quiero pensar), generadas y apoyadas por sus experiencias anteriores.

Tengo que añadir que no me conocía de nada pero como me cayó bien la invité a ir juntos a terapia.

Si queremos cambiar nuestros comportamientos debemos cambiar las creencias que los están sosteniendo y, para eso, es indispensable prestar atención a lo que hacemos y decimos.

Motivación

La motivación es la fuerza que nos permitirá avanzar en el proceso de cambio.

Todo lo que hacemos está influenciado por dos impulsos, evitar dolor y obtener placer, y estamos dispuestos a hacer más por evitar el primero que por obtener el segundo.

Es por eso que a veces no nos atrevemos a hacer cambios, porque creemos que cambiar sería más doloroso que no hacerlo.

¿Qué necesitamos para superar ese miedo al dolor?

Sencillamente asociar un dolor superior al hecho de no cambiar.

¿Cómo hacerlo?

Apoyándonos en referencias que así lo afirmen.

“Para mejorar en la vida se necesita inspiración o desesperación. Tony Robbins.

Hace unos años estaba pagando una juventud de descontrol y excesos. Mi estómago era como un volcán que erupcionaba con frecuencia lava ardiente. Llevaba bastante tiempo sufriendo dolor por el ERGE y un principio de hernia de hiato pero seguía sin ser capaz de dar un giro total a mis hábitos y alimentación. Tan solo acudía al médico y hacía este o aquel tratamiento (levantamiento de cabecera de cama artesanal incluido).

Una noche me desperté con un fuerte dolor en el pecho y escupiendo ácidos estomacales que me abrasaron todo el tracto digestivo y la boca. La tos me duró horas y la garganta me quedó en un estado verdaderamente lamentable. Solo podía beber agua (cosa buena) porque tomar vino o cerveza era como beber a morro del bote de alcohol sanitario.

Y ese nivel de dolor me impulsó a investigar un poco más sobre mi dolencia. Mi preocupación había subido de escalón.

Buceando en Internet encontré una web donde explicaban que el ERGE podía derivar a la larga en cáncer de esófago, debido a que las células de esa zona podían mutar por la frecuente exposición a los ácidos estomacales.

Algo hizo ‘click’.

CÁNCER, eso sí que da miedito (una referencia perfecta). Ése fue el detonante y la motivación del cambio. De no cambiar me esperaba un dolor superior al sacrificio que podía suponerme el hacerlo.

Lo que vino después fue mucha investigación sobre alimentación y hábitos relacionados con mis dolencias y por fin, la toma de decisiones.

¿Cuando empezar?

Que mejores fechas que en navidad para dejar de comer cosas malas 🙂 .

La consecuencia de todo esto es que estuve unos seis meses con un tipo de dieta ovo-lacto-vegetariana, y el día de fin de año fui la estrella de la cena al pedir en el restaurante una ensalada mixta y una sartén de patatas, pimientos y bacalao pero sin bacalao, acompañada por agua de la buena. Un espectáculo.

Mientras instalaba estos nuevos hábitos y sobretodo cuando ya llevaba un tiempo con ellos, me encontraba infinitamente mejor (refuerzo positivo), y al cabo de los seis meses comencé de nuevo a variar mi dieta.

Ahora he vuelto a dejar de comer ciertos alimentos aunque por otros motivos, pero esa es una historia que dejo para otra ocasión.

Como no quiero que sigas mi ejemplo (puedes hacerlo mejor), lo que puedes extraer de todo esto es que no es conveniente esperar a que la desesperación, el dolor o el sufrimiento te impulsen a cambiar, quizá sea demasiado tarde.

Todos tenemos la capacidad de cambiar cuando decidamos hacerlo, por pura convicción y con voluntad, sin necesidad de ningún otro motivo.

CRÉETELO.

Las convicciones son una fuerza muy poderosa e impulsora.

Recorremos el camino de la vida a lomos de un gigante (nuestra mente).

De nosotros depende cruzar la meta montados o morder el polvo antes de completar el camino.

[La foto está tomada por mí mismo estando sentado en el suelo del hall de un hotel de Tokio, sobre las 6 de la madrugada. Un momento de reflexión y consciencia que fui capaz de recoger con la cámara de mi móvil (en qué diablos estaría pensando)]

Descubre el valor de ser auténtico para alcanzar una vida con sentido y propósito.

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes.

¿Te atreves a subir a este barco?