Tres meses era lo que llevaba sin cortarme el pelo (normalmente tardo dos), y eso es tiempo suficiente como para que mi aspecto tuviese un aire bastante rebelde. De hecho así es como me sentía, con la cabeza llena de bucles y ondas superpuestas.

Gente reflejada en un espejo

Con esa pinta salí por la noche y se me ocurrió interrogar a varias chicas acerca de mi apariencia.

Y la pregunta ¿te gusta mi pelo? obtuvo muy diversas respuestas:

– NO (la más recurrente).
– No lo sé, ¿por qué lo preguntas?
– Está bien pero te hace la cabeza muy grande.
– Si te peinaras de otra forma puede.
– ¿Cómo sabes que soy peluquera?

La última respuesta me la dio Elena presuponiendo que yo sabía a que se dedicaba, lo cual no era cierto. Esto dio lugar a una conversación que concluyó con el teléfono de su peluquería (hay que concertar cita previa) y mi probable futura visita.

Hace un par de días que me he cortado el pelo pero no he ido a la peluquería de Elena. Visité su página web y me pareció demasiado ‘elitista’ para mi gusto, pero tampoco he ido a la que solía acudir habitualmente.

El hecho de cambiar de peluquería es algo que siempre me ha costado mucho, pero esta vez me planteé el hacerlo como forma de salir de mi ‘zona de comodidad‘. Además de que no estaba demasiado satisfecho con mi peluquero habitual jeje.

Estaba seguro de que haber estado tres meses sin cortármelo tenía bastante que ver con mis reticencias a volver al mismo sitio y no atreverme a cambiar. Por eso me dije que era el momento de superar mis complejos e inseguridades y hacerlo.

Acabé yendo a una peluquería mixta donde solo trabajan chicas (todo un cambio para mí acostumbrado a los ‘barberos’) y me cortó el pelo Lucía.

No tuve que esperar nada y el lavado, corte, aclarado con masaje, secado y peinado me resultó de lo más placentero, y todo por 14.50 €. Las mujeres sí que se lo montan bien (sí, también de esa manera 🙂 ).

Llegué a casa renovado, no solo por el pelo recién cortado sino también por la sensación de mejora personal que me aportó el cambio, y además sin tener pelos por todas partes ni raspones en la nuca.

Todo un acierto. Probablemente la próxima vez no tarde tres meses en volver.

Lo que quiero decirte con todo esto es que, cuando pospones una acción de forma recurrente, lo mejor es que te plantees por qué lo haces y descubras lo que se esconde detrás de tu actitud.

La postergación siempre oculta algún mensaje.

Puede que solo desgana, puede que una inseguridad o insatisfacción.

En mi caso era que no quería volver a mi peluquero habitual, pero tampoco me atrevía a cambiar, y por eso retrasaba el día de ir.

Sal de ese círculo dañino con valor y decisión.

Piensa en lo que puedes ganar haciéndolo, en lo que tienes que soportar si sigues haciendo lo mismo.

Busca referencias positivas, céntrate en ellas y HAZLO.

La mayoría de las veces la dificultad está en dar el paso, en tomar la decisión y ponerse a ello sin vuelta atrás. Una vez hecho esto te darás cuenta de que no es tan terrible.

Si eres de los que se deja guiar por la frase “más vale malo conocido que bueno por conocer” te estarás perdiendo grandes oportunidades de cambio y mejora.

Te propongo algo muy sencillo para cambiar un poco tu dinámica de pensamiento. Cada vez que vayas a pronunciar esa frase o la escuches, dale la vuelta de la siguiente forma:

“Más vale bueno por conocer que malo conocido”

Creo que esta expresión es mucho más positiva y coherente.

Repítela de viva voz varias veces sintiendo plenamente su significado.

Grita si lo deseas.

CONVÉNCETE.

Las palabras que empleamos influyen en gran medida en nuestro comportamiento.

Te aseguro que notarás la diferencia.

No te dejes llevar por la corriente o te ahogarás.

Salta a la orilla, respira aire nuevo y disfruta de tu libertad.

[Imagen tomada en el pub donde tuve mi conversación con Elena. En el techo hay un gran espejo y puedes ver reflejadas las “azoteas” de los que allí se encuentran. La calvicie avanza imparable, quizá más que por el exceso sea por la falta de ideas.]

Descubre el valor de ser auténtico para alcanzar una vida con sentido y propósito.

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes.

¿Te atreves a subir a este barco?