Cartel de la película Shame

Tengo que confesarte que tengo cierta predilección por las películas dramáticas que abordan las miserias y los aspectos mas oscuros del ser humano. Por eso, continuando con la serie de artículos de Cine para Crecer que comencé con la extraordinaria American Beauty, hoy voy a hablarte de Shame, una película íntima y devastadora en lo que se refiere a la pesada carga en que puede convertirse la insatisfacción. Una verdadera radiografía de la indefensión humana ante sus necesidades más básicas.

Me gusta analizar todas aquellas películas que no solo me han gustado y están entre mis preferidas, sino que también me han dejado huella, ya sea por los temas que tratan, las lecciones que aportan, o por lo que me han ayudado a conocerme a mi mismo y al mundo en que nos desenvolvemos. Lo que pretendo es ofrecerte mi punto de vista sobre estas películas y todas aquellas reflexiones que a mi modo de ver merece la pena destacar y compartir contigo.

Si todavía no has visto la película de hoy, te sugiero que lo hagas antes de continuar leyendo, ya que voy a destripar todo el argumento, y esto puede hacer que su posterior visionado ya no te resulte satisfactorio. De esta forma también tendrás una opinión propia que me encantaría que me hicieses llegar a través de los comentarios.

Sinopsis de Shame

El argumento gira en torno a Brandon Sullivan (Michael Fassbender), un treintañero neoyorquino que convive en secreto con su adicción al sexo. Su vida consiste en una lucha constante contra su enfermedad. Una pesadilla interior que le imposibilita intimar con las personas y que lo condena a la más absoluta soledad.

Incapaz de establecer ningún tipo de lazo afectivo en parte debido a la vergüenza y a la culpa que le corroen por dentro, su desapego emocional hace que Brandon se agarre todavía más al sexo como vía de escape y única fuente de auténtico placer. Su sexualidad se convierte en su tormento, en una prisión con barrotes de lujuria de la que le resulta imposible escapar.

El problema es que sus constantes encuentros sexuales (además del ciberporno y las masturbaciones frecuentes) solo son un parche. Le sirven para ir tirando pero todo se tuerce y complica en cuanto surge algo similar a una emoción hacia sus compañeras de cama. Lo que se nos plantea es lo siguiente:

¿Merece la pena dar libre entrada a las emociones si éstas sólo van a servir para carcomerte por dentro?

Desarrollo

En el comienzo de la película, en una magistral secuencia en el metro en que Brandon acude a su trabajo, ya se nos presenta la característica fundamental del personaje: es un ‘depredador’ sexual. Su ‘presa’ es una morbosa rubia que parece no solo aceptar el juego, sino disfrutar con él. Sin mediar palabra alguna, con solamente un juego de miradas y gestos, se produce una de las escenas más sensuales y eróticas de la película, acompañada de una música profunda que fomenta la imaginación y despierta las sensaciones. La identificación con el espectador es alta pues ¿quién no ha fantaseado alguna vez (y se ha excitado) ante la expectativa de un encuentro sexual con alguien que nos atrae?

Ella se levanta de su asiento y se coloca en la puerta de salida del vagón. Él se incorpora y se sitúa justo detrás, muy pegado, poniendo su mano justo por debajo de la de ella, rozándola de manera casi imperceptible. Permanecen juntos de pie durante unos intensos y excitantes segundos en que casi puedes sentir lo que la situación sugiere (o sin casi). La proximidad de los cuerpos, su leve contacto, su olor, su expectativa, su necesidad, su excitación, su deseo. No hay diálogos, solo música y expresión; pura magia cinematográfica.

Las puertas se abren, ella se baja y él la persigue entre la gente, ansioso por alcanzarla, pero ella desaparece entre la multitud como en una metáfora de su propia vida, en que es incapaz de alcanzar aquello que le satisface.

Intercaladas con esta escena (un poco antes de lo que se muestra en el vídeo), se producen otras secuencias en las que se nos muestran partes de la realidad cotidiana de Brandon. Su trato habitual con prostitutas, su rutinas de masturbación y una serie de mensajes almacenados en su contestador que introducen en la trama el personaje de su hermana Sissy (Carey Mulligan). Una chica rubia y de aspecto inocente pero casi tan promiscua como él.

Más adelante y de forma inesperada para Brandon, Sissy aparece en su apartamento. La despreocupación y desvergüenza de Sissy perturban la tranquilidad más o menos estable que Brandon había adquirido dentro de su oscuro mundo, y esto reaviva sentimientos enterrados en lo más profundo de su ser. Incapaz de controlar a su hermana, y menos aún de controlarse a sí mismo (parece como si ella despertase en él un deseo sexual oculto), Brandon va descendiendo poco a poco a los infiernos, sintiendo vergüenza de sí mismo y sumiéndose en la amargura.

Este aspecto es uno de los que quiero destacar de la película, ya que deja abierto a la interpretación del espectador el pasado supuestamente traumático de ambos protagonistas. No hay conversaciones catárticas ni retrocesos explicativos, lo que hace que cada cual lo recree en función de sus propias experiencias. Esto consigue que nos sumerjamos en la trama a un nivel básicamente emocional.

Otro de los aspectos que más me gustan es que los diálogos son breves, concisos y directos. El grueso del mensaje que se nos quiere comunicar, nos llega a través de la expresión corporal de los personajes (en algunas escenas de forma explícita y sin moralidades ni medias tintas). En este sentido Fassbender (y también Carey) hace una interpretación fabulosa y es capaz de transmitirnos todo su tormento solo a través de su expresión. Impactante y profunda la escena en la que Sissy canta con lágrimas en los ojos ‘New York, New York’ y Brandon la contempla, embargado por la emoción (de nuevo la libre interpretación del por qué de esta emotividad).

Una de mis escenas predilectas (difícil escoger) es en la que Brandon está en la habitación de un hotel con una compañera de trabajo con la que ha comenzado a salir. Cuando van a comenzar a follar, Brandon se bloquea quizás debido a sus miedos, a los demonios interiores que le impiden intimar con alguien. En una cita anterior, mientras cenaban en un restaurante, él le había confesado que hoy día no le ve sentido a una vida en pareja.

Lo dejan y él se despide de ella para a continuación tener sexo con una prostituta. Esta actitud le hace descender a los infiernos de su adicción ya que el sexo desapegado es lo que mejor sabe hacer para huir de una vida ‘normal’ que no desea.

Escena el el hotel

Después de eso regresa a casa solo para tener una nueva discusión con su hermana. Frustrado, se marcha y recorre  el ambiente nocturno y sórdido de la ciudad. Allí da rienda suelta a su desesperación ligando de manera descarada y agresiva con una mujer y buscando problemas con su novio que acaban con una paliza.

Metido en una espiral de autodestrucción libera sus impulsos más depravados teniendo sexo oral con un homosexual en un garito lúgubre y siniestro para acabar contratando a dos prostitutas con las que se monta un trío.

Durante ésta última escena se escucha un mensaje que Sissy le ha dejado en  el contestador diciéndole que le necesita y dejando una frase para la reflexión “no somos malas personas, solo venimos de un lugar malo“. Cuando Brandon está cerca del clímax mira fíjamente a la cámara y a nosotros a través de ella y lo que podemos ver en su rostro no es una expresión de placer sino el fiel reflejo de su angustia y desesperación.

Escena desgarradora

Su infierno físico se ha convertido en su cárcel emocional y esto se nos transmite a través de una interpretación brutal.

Cuando regresa a casa se encuentra con que su hermana ha tratado de suicidarse cortándose las venas de las muñecas (una escena desgarradora), pero consigue llevarla al hospital aún con vida. Allí observa en los brazos de Sissi las marcas de anteriores intentos de suicidio.

Destruido y desesperado deambula por la calle hasta derrumbarse bajo la lluvia en un intento de aligerar el inmenso dolor que le consume.

Dolor del protagonista

Desenlace

En el acto final volvemos al metro, donde Brandon vuelve a encontrarse con la mujer rubia del principio, que vuelve a coquetear con él y a sugerirse.

El director juega a remarcar, a través del enfoque de la cámara, el hecho de que la chica lleva en el dedo anular de su mano izquierda un anillo, supuestamente de compromiso (también lo hace en la escena del comienzo). Es un tipo de anillo que se suele regalar con un diamante (depende de las tradiciones de los distintos países) y su significado es el ‘deseo de amor para siempre’. Al ser el diamante un mineral duro y eterno, se quiere simbolizar con ello lo que se espera del matrimonio.

De esta forma el director pone sobre la palestra todas las dudas y desconfianzas que despiertan el compromiso y las relaciones tradicionales, en total sintonía con el personaje principal. De nuevo todo queda abierto a la interpretación y al punto de vista del espectador. Sencillamente sublime.

Escena del metro

La película finaliza con una toma estática de Brandon mirando fijamente a la chica y sumido en el torbellino de sus dudas que no son sino las nuestras.

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes

¿Te atreves a subir al barco?