Una de las características de la mente humana es su tendencia a ahorrar esfuerzos y a la comodidad. Es muy perezosa y además tiene una alta propensión al autoengaño, y este modo de funcionar hace que seamos nosotros quienes creamos nuestro mundo para luego encerrarnos en él, sin querer traspasar nunca más las fronteras de lo conocido.

Cristal roto

“La mente humana puede crear la más deslumbrante belleza o la más devastadora destrucción”

En muchas ocasiones nos resignamos a vivir de esta manera, limitados, infelices e insatisfechos. Atrapados en el conformismo preferimos lo conocido a lo desconocido porque lo nuevo suele generarnos incomodidad, ansiedad y miedo.

Cambiar conlleva una serie de desajustes en el sistema que nos producen sensaciones de malestar a pesar de que, permanecer como hasta ahora, nos garantice lo mismo para el resto de nuestros días.

Puedes encontrar unos ejemplos de mi propia experiencia aquí y aquí.

La novedad nos produce dos emociones encontradas: miedo y curiosidad.

Mientras el miedo a lo desconocido actúa como un freno, la curiosidad lo hace como un incentivo que nos induce a explorar el mundo. Lanzarnos y aceptar el desafío implica que la fuerza positiva de la curiosidad se imponga a la parálisis que genera el temor (y es ahora cuando corroboras esto contándome tu primera experiencia sexual porque si te cuento yo la mía no acabas el artículo 🙂 ).

Las teorías y las creencias que hemos elaborado durante toda la vida sobre nosotros mismos y sobre el mundo, son las que hoy día crean nuestra experiencia y conforman nuestra identidad.

Lo cierto es que le damos demasiado valor e importancia a todo lo que nos han inculcado, sobretodo en la niñez y la adolescencia. Convertimos estos aprendizajes en verdades absolutas cuando solo se trata de versiones limitadas de la realidad.

Lo cruel de todo ello es que, para muchas personas, estas influencias se convierten en una cárcel inviolable al desconocer que existen llaves para escapar de ella.

Vamos a ver un poco más de cerca los procesos que intervienen en la construcción de nuestro ‘monopoly’ particular.

Percepción Filtrada

Mediante la percepción filtrada los seres humanos transformamos la realidad del mundo en ‘nuestra realidad’.

Lo que percibimos es una idea que nos formamos a través de la interacción entre nuestra mente y lo que hay ‘ahí fuera’.

La información que nos llega a través de los sentidos es limitada pero aún así enorme. No somos capaces de procesar conscientemente toda esta información, por lo que solo lo hacemos de esta manera con una pequeña parte.

En primera instancia, es el subconsciente quién se encarga de percibir y posteriormente de eliminar todos los datos que considera superfluos para nosotros, y lo hace inhibiendo cosas e impidiendo que determinada información nos llegue finalmente a la consciencia.

Es por esto que lo que percibimos no es la realidad, sino nuestra interpretación de la realidad, la que nuestro cerebro ha construido a partir de la información que le proporcionan los sentidos, junto con infinitas asociaciones sacadas de nuestra red neuronal que han sido creadas a partir de nuestras experiencias.

Es el cerebro y no tus sentidos el que en última instancia percibe y crea tu interpretación del mundo.

No solo se trata de que lo que creemos sea real para nosotros, además, el cómo nos sentimos en relación con lo que nuestro cerebro escoge, determina cómo vamos a percibir las cosas, e incluso si vamos a percibirlas.

Las emociones están diseñadas para reforzar químicamente algo (mediante la secreción hormonal) y transformarlo en memoria a largo plazo. Le proporcionan a la información que nos llega a través de los sentidos el peso relativo y su importancia en nuestra memoria.

Serás capaz de recordar con más facilidad y viveza aquellos sucesos a los que hayas asociado una mayor intensidad emocional (yo recuerdo perfectamente cuando, en un carnaval, un tipo disfrazado de campanilla me pateó el culo, porque fue algo realmente intenso jeje).

La emociones también nos aportan la habilidad única de no ver lo que simplemente no tenemos ganas de ver. Son ellas las que deciden a qué vale la pena prestar atención y a qué no.

Cuando abrimos los ojos y miramos a nuestro alrededor, no es el mundo lo que vemos, sino lo que nuestra capacidad sensorial es capaz de ver, lo que nuestro sistema de creencias nos permite ver, y lo que a nuestras emociones les importa ver.

Para no hacer esto demasiado académico, es el momento de introducir otra de mis ‘referencias sexuales obligatorias’, y es que todas estas reflexiones hacen que cobre más sentido si cabe aquello de: “el órgano sexual más importante es el cerebro” ¿no te parece?

Sesgos Cognitivos

La mente humana autoperpetúa constantemente la información que tiene almacenada.

Confiamos demasiado en las creencias porque nos es más cómodo no cuestionarnos a nosotros mismos.

Funcionamos de manera que, cuando nos llega información nueva que no coincide con nuestras creencias, siempre resolvemos el conflicto a favor de los esquemas que ya manejábamos. Lo que coincide con nuestras expectativas lo dejamos entrar, y lo que es incongruente con lo que creemos lo ignoramos o lo alteramos para que concuerde con nuestras ideas preconcebidas.

Lo que nos mantiene atados a los viejos hábitos depende de unos mecanismos de percepción que operan conjuntamente llamados sesgos cognitivos.

Por mencionar tres:

• Sesgos de atención o confirmación: La atención no es libre sino que trabaja al servicio de los esquemas que tenemos implantados. Vemos lo que nos conviene en función de aquellas partes que concuerdan con nuestra motivación básica. Seguro que si crees que “los hombres no pueden hacer dos cosas a la vez” no haces más que resaltar aquello que confirma tu teoría (¿oigo risas?, pasa lo mismo con lo de que “las mujeres no saben aparcar”, y así ‘ad infinitum’).

• Sesgos de memoria: La memoria no permanece inalterable con el paso de los años. Si pudiéramos viajar al pasado para revivir los hechos, nos sorprenderíamos de que no fueron como ahora los recordamos. Con la entrada de nuevos datos los que tenemos almacenados se alteran, creando falsos recuerdos de los que no somos siquiera conscientes. De la misma forma que en los sesgos de atención, recordamos más fácil y mejor lo que concuerda con nuestros esquemas mentales o creencias almacenadas (además del grado de intensidad emocional asociado del que ya hemos hablado).

• Sesgos perceptivos: Se refieren a las interpretaciones irracionales o ilógicas que hacemos de los hechos. Son conclusiones equivocadas que sacamos a partir de lo que observamos o recordamos que, como hemos visto, puede ser una distorsión de la realidad.

Las profecías autorrealizadas hacen uso de estos sesgos y son la mayor expresión del autoengaño al que con frecuencia nos sometemos.

Partimos de una anticipación de que algo va a suceder y después hacemos todo lo posible para que se cumpla (casi siempre de una manera inconsciente).

A todos nos suena eso de “ves, lo que te dije”, cuando en realidad el “ves, lo que no te dije” es infinitamente más frecuente.

Nuestros esquemas mentales siempre tratan de autoperpetuarse (sean buenos o malos) y ésta es una de sus manera preferidas.

Qué puedes hacer para sentirte mejor

Para fomentar e incrementar nuestro autoconocimiento tenemos que descubrir los sesgos cognitivos para posteriormente influir en ellos y modificarlos.

Para ello podemos realizar las siguientes acciones:

1. Toma conciencia de que el cambio es importante.

– Debes comprometerte con el proceso de cambio y desearlo desde lo más profundo. Has de ser consciente de que cualquier transformación supone un esfuerzo que irá acompañado de una sensación de incomodidad. El destacado político norteamericano Benjamin Franklin decía que “no hay beneficios sin suplicios”. En este caso tenía razón.

– También has de sentir y estar convencido de que el cambio es necesario y que te será útil. Que a medio plazo lo que tratas de implantar va a ser mejor que lo que tienes.

– Has de decidirlo con firmeza y convicción. Si aceptas que tu mente ha de cambiar es porque ya no quieres vivir de la misma forma, porque te has cansado de ser un ‘tonto feliz’ rodeado de ignorancia. La gente que decide cambiar de verdad produce un revuelo a su alrededor y no solo te cambiarás a ti mismo, también lo harás con quienes te rodean.

– Persiste en tu objetivo. Has de tener fuerza de voluntad para vencer las resistencias que se te van a plantear y valentía para enfrentar el miedo a lo desconocido. Para conseguirlo es muy importante reforzarte durante el proceso centrándote en los beneficios que vas a alcanzar y en las ventajas de conseguirlo.

En este artículo te proporciono herramientas útiles que te ayudarán a vencer las resistencias al cambio que generan las creencias.

2. Identifica los procesos de la percepción.

Una vez que hayas aceptado y asumido el compromiso del cambio, debes hacerte más consciente de cómo procesas la información para así aprender a identificar los sesgos antes mencionados.

Debes tratar de observarlos en acción para ser consciente de cómo funcionan. Para ello resulta fundamental hacerte consciente de tus pensamientos y de tus reacciones a los mismos.

3. Reordena tu experiencia alrededor de una creencia negativa.

Escoge una creencia negativa, cualquiera que te haga sentir mal y luego observa cómo, cuando la cuestionas, tu mente hace lo imposible por protegerla y alimentarla.

Practica la auto observación. Cuanto más lo hagas te darás cuenta de que cada vez te resulta más fácil. Esto es porque el proceso se automatiza. Es lo que solemos llamar interiorizar un comportamiento.

En  este artículo te propongo una serie de estrategias para hacerte más consciente de tus pensamientos y de las emociones que van asociadas a ellos, lo cual te va a ayudar a llevar a cabo lo que te sugiero en los puntos 2 y 3.

Pensar bien es pensar de una manera racional sin descuidar las emociones y los sentimientos.

Ser racional no significa excluir el afecto de tu vida, sino integrarlo de forma razonada y razonable. Significa examinar de manera inteligente lo que piensas y sientes, tomar conciencia de ti mismo, de tus contradicciones, de tu irracionalidad enmascarada. Dirigir la preocupación a lo que de verdad vale la pena. Hacer a un lado la ignorancia.

Como decía el maestro Bruce Lee:

Busca el equilibrio, vacía tu mente y sé maleable. Sé agua y fluye, amigo mío.

Piensa bien para sentirte mejor.

La transformación está en tus manos.

[La foto es un cristal roto a través del cual se filtran los rayos del sol. Una imagen que nos habla de lo desvirtuada que puede estar la percepción.]

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes

¿Te atreves a subir al barco?