Cartel Los puentes de Madison

Hoy voy a hablarte de Los Puentes de Madison, película dirigida por Clint Eastwood en 1995 y uno de los films que, a mi entender, mejor refleja lo desgarrador que puede resultar estar sometido a los condicionamientos sociales. La cruda realidad a la que nos enfrentamos por doblegarnos a la represión de lo que realmente queremos, necesitamos o deseamos.

Me gusta analizar todas aquellas películas que no solo me han gustado y están entre mis preferidas, sino que también me han dejado huella, ya sea por los temas que tratan, las lecciones que aportan, o por lo que me han ayudado a conocerme a mi mismo y al mundo en que nos desenvolvemos.

Lo que pretendo es ofrecerte mi punto de vista sobre estas películas y todas aquellas reflexiones que a mi modo de ver merece la pena destacar y compartir contigo.

Si todavía no has visto la película de hoy, te sugiero que lo hagas antes de continuar leyendo, ya que voy a destripar todo el argumento, y esto puede hacer que su posterior visionado ya no te resulte satisfactorio. De esta forma también tendrás una opinión propia que me encantaría que me hicieses llegar a través de los comentarios.

Sinopsis de Los Puentes de Madison

El guión nos sitúa en 1965 y narra la historia de Francesca (Meryl Streep), un ama de casa de origen italiano que vive en Iowa. Mientras su esposo Richard y sus dos hijos Carolyn y Michael se encuentran de viaje, Francesca conoce a un fotógrafo del National Geographic llamado Robert Kincaid (Clint Eastwood)que ha llegado al Condado de Madison para realizar un reportaje fotográfico sobre los puentes de la zona.

Francesca plasmará la relación que surge entre ellos en un diario dividido en tres cuadernos, y la película parte de la muerte de Francesca para, a través de la lectura de este diario por sus dos hijos, contarnos la corta pero intensa historia de amor que vivió con Robert.

Fotograma de Los Puentes de Madison

Desarrollo

El diario permanece en secreto hasta la muerte de Francesca, que lo revela con su testamento, así como la voluntad de que sus cenizas sean esparcidas por el puente Roseman.

Sus hijos, condicionados por su estrechez de miras y sus creencias religiosas, no comprenden por qué su madre desea ser incinerada, y se niegan en principio a realizar su voluntad.

Francesca comienza su exposición con una carta en la que les explica sus motivaciones, y en la que les ofrece con honestidad y amor lo mejor de sí misma y de su experiencia.

Un mensaje que encierra sabias lecciones:

“Cuando una se hace mayor, los temores se apaciguan y lo que realmente se hace cada vez más importante es que te conozcan. Que te conozcan por todo lo que has sido durante esta breve estancia. Que triste me parece abandonar este mundo sin que aquellos a quienes más quieres sepan realmente quién eras”. Francesca.

La historia comienza contándonos como es la rutina diaria de Francesca en compañía de su familia, introduciéndonos de una manera muy íntima en su hogar y en su vida.

Su marido y sus dos hijos se van de viaje y ella se queda sola unos días. Durante ese tiempo aparece Robert, que se presenta en su casa preguntando por cómo encontrar un puente de la zona, al objeto de realizar un reportaje fotográfico para National Geographic.

Se conocen de esta manera y conectan desde el principio, lo que hace que se vayan abriendo nuevas posibilidades en el hasta ahora limitado mundo de Francesca, a medida que va creciendo su relación.

Los diálogos que se van produciendo entre Francesca y Robert son realmente exquisitos y muy enriquecedores, proporcionándonos una lección tras otra.

“La mayoría de las personas temen el cambio pero, si lo ves como algo con lo que siempre puedes contar puede ser un consuelo, porque no hay muchas cosas con las que puedas contar”. Robert.

La honestidad de Robert, su cercanía y su estilo de vida aventurero y desapegado, comienzan a remover las tripas de Francesca, cuyo interior se agita por las contradicciones que se producen entre sus sentimientos y creencias morales.

Ella ve en él un reflejo de todo lo que siempre ha querido hacer pero nunca se ha atrevido a realizar. Conecta con sus anhelos más íntimos, y además de la admiración, algo más profundo comienza a crecer en su interior.

Francesca se debate entre dejarse llevar por sus deseos o cumplir con lo que considera correcto, o más bien, con lo que la sociedad considera correcto. Una guerra en la que todos estamos envueltos.

En estas conversaciones Clint Eastwood (director) hace una crítica bastante decidida y directa a la ética de la familia implantada en nuestra sociedad, y a la idea de que, lo que se sale de la normalidad, no es bueno, correcto o válido.

Nos plantea lo mismo a través de la humillación que sufre una mujer del pueblo, señalada por todos por haber sido infiel a su marido. Una crítica sin miramientos a los prejuicios humanos y a las omnipresentes convenciones sociales.

Con una llamada telefónica que Robert hace a Francesca, después de enterarse como tratan en el pueblo a las mujeres adúlteras, da una gran bofetada a cualquier tipo de moral preestablecida.

Durante cuatro días Francesca y Robert pasan muchas horas juntos, en las que los sentimientos crecen con intensidad y rapidez, a la vez que se entremezclan con el deseo carnal.

Eastwood intercala varios momentos íntimos con llamadas telefónicas en las que Francesca habla con su familia, como para que no se nos olvide contra lo que ella está luchando.

En una discusión, en la que Francesca reprocha a Robert su forma de ser y su modo de vida, se pone de manifiesto su enorme frustración por no poder vivir como realmente desea. Ambos se ven sobrepasados por sus sentimientos, e incapaces de superar su pronta separación, pero aún así no consiguen romper con todo, y Robert se marcha.

La familia de Francesca regresa para sumirla de nuevo en su encorsetada vida, con la diferencia de que ahora conoce todo lo que habría podido conseguir y ha dejado escapar.

Somos aquello que hemos elegido. Francesca.

Desenlace

Esta última parte de la película es un golpe directo al corazón; uno que es capaz de hablar de nosotros mismos, de revolvernos por dentro y de tocarnos el alma.

Dejamos de ver a Robert por unos días, y su aparición inesperada resulta muy impactante en la que para mí es la mejor escena de la película.

Mientras Francesca espera a su marido en su camioneta ve a Robert en la calle, bajo un aguacero, de pie y mirándola. Él se acerca unos pasos y luego se detiene, esperando su aprobación.

Ella, bloqueada, solo acierta a sonreírle levemente, entonces él comprende que su decisión no ha cambiado y, dándose la vuelta, sube a su camioneta y se pone en marcha.

Robert se detiene en un semáforo, y el marido de Francesca detiene su camioneta detrás. Mientras el semáforo está en rojo Robert pone en el espejo retrovisor un colgante con alto significado para ambos, y Francesca sigue debatiéndose en una lucha contra sí misma.

El semáforo cambia a verde y Robert no arranca, sigue esperando, aferrándose a la esperanza de que Francesca haga lo que todos deseamos: que se baje de su camioneta y se suba a la de él.

La mano de Francesca en la manilla de la puerta, hace que se concentren ahí todos los deseos que todos hemos tenido alguna vez de escapar, de huir en busca de algo mejor.

Pocas veces con tan poco se ha dicho  tanto, por eso quizá nos duele sobremanera que al final no lo haga.

Todo termina con Robert arrancando y girando su camioneta en un sentido distinto a la de Francesca, mientras que su marido sube la ventanilla en una metáfora de lo que su esposa acaba de hacer con la decisión tomada.

Nunca más volverán a verse.

Aquí tienes la escena:  

 

Lo que queda de película continúa desgarrándonos por dentro al hablarnos del paso del tiempo, de la muerte y del efecto de los recuerdos compartidos.

Pero sobre todo de cómo revelar con honestidad lo más íntimo de una persona puede llegar a influir en los demás.

Francesca finaliza su diario con la esperanza de que sus hijos entiendan su deseo de ser incinerada, lo que les manifiesta de esta bella forma:

“Entregué mi vida a mi familia, ahora quiero entregar a Robert lo que queda de mí”. Francesca.

Las palabras de Francesca resuenan en nuestra mente mientras intentamos algo que yo no he podido evitar: las lágrimas.

Haced todo lo que esté en vuestra mano para ser felices en esta vida.

¿Cuántos pueden presumir de haberlo conseguido?

 

Juan Núñez
Juan Núñez
Me llamo Juan y desde marzo de 2013 escribo en esta página sobre búsquedas, experiencias, reflexiones, aprendizajes, autenticidad y todo aquello que espero me conduzca hacia el propósito de disfrutar de una vida más coherente y con sentido. “Si quieres ser un héroe para los demás empieza por serlo para ti mismo”. Eso es lo que predico y eso es lo que persigo ¿Te apuntas?

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