Realización personal

Te invito a dar un paseo haciendo un recorrido a través de las últimas generaciones, en la búsqueda del objetivo que hoy se ha vuelto primordial de alcanzar la realización personal.

Nací en la década de los 70 y debido a ello estoy incluido en la denominada Generación Xesa a la que se le atribuyen características de personalidad como el rechazo inmóvil, una rebeldía conformista, rechazo de la religión, de las tradiciones generacionales, patriotismos e incluso de la misma familia.

Es evidente que todo esto son generalizaciones y que la veracidad de tales afirmaciones no solo depende de la fecha en que se haya nacido, sino también del lugar e incluso del contexto y de la personalidad. Teniendo esto en cuenta voy a hacer un pequeño recorrido por la sociedad española, a través de las diferentes generaciones de la historia reciente, centrándome en el ámbito del trabajo y de lo que aporta y significa en cuanto a la obtención de la realización personal.

Generación Baby Boomer

Debido a sus orígenes humildes ninguno de mis progenitores tuvo la oportunidad de estudiar más que lo mínimo imprescindible.

El guión en ese tiempo y circunstancias era muy simple: el hombre debía encontrar un trabajo estable para conseguir un sueldo y a partir de ahí buscar pareja para fundar un hogar y crear una familia. La mujer generalmente se ocupaba de las labores domésticas a la espera de conseguir el mismo objetivo, emparejarse y tener hijos. En base a esto se constituía el hogar con el hombre trabajando y encargándose del sustento económico y la mujer de la crianza de los hijos y las labores domésticas.

En esta época los estudios aún no marcaban la diferencia a la hora de conseguir un empleo. Los mayores enseñaban a los jóvenes y se progresaba en el puesto gracias a la experiencia. Todo estaba medido y preestablecido, con formas de trabajar rígidas y horarios fijos.

Para el hombre tener un trabajo era requisito indispensable para poder formar una familia, y le proporcionaba el estatus necesario para que una mujer se uniese en matrimonio a ese proyecto de vida consistente en fundar un hogar, criar hijos y alcanzar la jubilación pagada por el estado.

Generación X

En mi generación las cosas comenzaron a cambiar.

Si el padre había seguido el guión de la generación anterior (básicamente conseguir y mantener un trabajo), la familia disponía de recursos económicos suficientes para que los hijos tuviesen la oportunidad de avanzar en los estudios.

Al principio (años 80) los roles de género seguían estando bastante definidos, pero con el progreso en la educación la mujer comenzaba a tener un abanico de opciones mayor, y de esta manera poco a poco comenzó a incorporarse al mercado laboral.

Lo fundamental en estos años era elegir una carrera universitaria con buena salida para obtener un empleo lo más rápidamente posible y, a partir de ahí, progresar en lo que hubiéramos elegido para escalar y obtener el mejor puesto disponible.

Lo fundamental a la hora de conseguir trabajo ya no era la experiencia en la labor a desempeñar, sino los títulos académicos obtenidos.

El trabajo pasó de ser el requisito imprescindible para poder optar a formar una familia, a convertirse en el medio de realizarse en base a escalar por la estructura jerárquica empresarial hasta llegar lo más arriba posible.

Obtener el máximo poder e influencia pasó a ser el objetivo primordial de esta generación.

En mi caso hice todo lo que se esperaba que hiciera. Estudié, aprobé el C.O.U. y  la Selectividad y escogí una carrera universitaria. A mí me gustaba la investigación y la ciencia y era en lo que destacaba con las mejores notas por eso, en un principio, escogí y empecé la carrera de biología, pero se sucedieron las críticas y las presiones constantes acerca de que era una carrera sin futuro y sin salidas laborales y esto, unido a mi propia inseguridad y a mis dudas, hizo que la abandonase antes de cumplir un mes para apuntarme en una que sí seguía y cumplía los requisitos: empresariales.

Por entonces esta carrera consistía en tres años para el diplomado y cinco para el licenciado… aguanté dos.

La abandoné completamente hastiado por tener que tragar con algo que en realidad me asqueaba y consumido por haberme rendido y haber sacrificado mis deseos en pos de lo que querían o esperaban de mí los demás. A partir de ahí me sumí aún más si cabe en la confusión y la incertidumbre. Deambulé por  varios trabajos sin el menor convencimiento ni sentido hasta acabar aprobando una oposición que me ha llevado hasta donde ahora estoy.

Si tuviese que definir con una sola palabra el sentimiento que me genera todo este discurso sería la siguiente: insatisfacción.

Generación Y

Se dice de los jóvenes de esta generación que son impredecibles, impacientes, caprichosos y que están acostumbrados a la inmediatez de obtener lo que quieren lo más rápido posible.

Lo cierto es que, dejando de lado estas generalizaciones inútiles, estos jóvenes fueron adoptando nuevos valores y unas características peculiares de la mano del progreso tecnológico y de las posibilidades que este introdujo en la manera de relacionarse y trabajar.

El plan de vida cambió enormemente encaminándose más hacia el disfrute inmediato y el vivir experiencias que hacia la consecución de un objetivo predeterminado.

Para esta generación el crear un hogar y formar una familia perdió valor, y lo que ellos ansían es la libertad y el poder disfrutar el momento. Debido a esto los trabajos, para ser buenos, han de estar orientados hacia este propósito.

Los títulos universitarios ya no garantizan la obtención de éxito profesional ni tan siquiera aseguran un puesto de trabajo, aunque sí varios años empleados en adquirir conocimientos que puede que no les sirvan para nada.

Estos jóvenes acceden al conocimiento de una manera informal, a través de una constante diversificación de los canales de información y generalmente por medios tecnológicos.

En lo que elijen no hay caminos predefinidos o marcados sino múltiples formas de llegar al objetivo. En este contexto la creatividad y la flexibilidad son las cualidades más eficaces y envidiadas.

El ansia por la consecución de libertad, de autonomía y del disfrute inmediato implica que los trabajos han de poder realizarse desde cualquier lugar, en cualquier momento y en un horario libre, simplemente haciendo uso de las posibilidades que la tecnología moderna ofrece.

Este magnífico vídeo expone todo lo que te he planteado hasta el momento:

Ahora

En la sociedad actual se entremezclan las tres generaciones de manera muy diversa.

El cambio ha sido constante y se ha ido acelerando con el paso de los años de la mano del progreso tecnológico. El modelo económico actual, basado en el crecimiento ilimitado apoyado en el consumismo, está colapsando dada su manifiesta insostenibilidad.

Las fórmulas que han funcionado hasta ahora ya no sirven y lo más probable es que nunca más vuelvan a servir.

Es evidente que las dificultades para comprender y adaptarse a los nuevos tiempos de la generación Baby Boomer son mayores que las de la generación X y, a su vez, las de ésta son mayores que las de la generación Y; principalmente debido a los recursos, influencias y condicionamientos a que se han visto sometidos unos y otros a lo largo de sus vidas.

Sin embargo ello no ha de servir de excusa para no abrir la mente a  nuevas perspectivas y buscar la evolución y el aprendizaje constante, y esto no depende de cuando hayas nacido, es una actitud.

Estos días escuché la noticia de que una mujer de 100 años había cursado y aprobado los estudios primarios en México porque no había tenido la oportunidad de hacerlo cuando le tocaba debido a la falta de recursos, ¡y además quiere seguir estudiando! Esa es la actitud a la que me refiero.

Lo que me molesta no es que la gente no sepa, es que no quiera aprender.

El secreto para progresar radica en la evolución individual por medio de la apertura mental y el aprendizaje continuo. En la flexibilidad y en la adaptación al nuevo paradigma que se avecina, en el inconformismo y en la acción del movimiento.

Vivimos momentos de incertidumbre en que no hay garantía de nada y cuanto antes lo aceptemos, antes comenzaremos a movernos para no resultar atropellados.

Se dice que estamos en crisis pero ¿que es lo que significa esta palabra para ti?, ¿qué sentimientos te provoca el escucharla?

Lo normal es que la consideres como algo negativo e indeseable pero voy a darte otro punto de vista.

La palabra proviene del término griego Krisis que significa “decisión” y en chino está compuesta de dos ideogramas que significan “peligro” y sobre todo “oportunidad de cambio”. En ambos casos entonces una crisis representa: “el tiempo de cambio, el momento de decidir”.

Si este modelo está agotado otro lo sustituirá y será mejor o peor en el terreno individual en función de lo que estemos dispuestos a hacer o dejar de hacer para afrontarlo.

Fomentar las cualidades que mencionaba anteriormente de apertura mental, creatividad, flexibilidad, adaptabilidad y aprendizaje constante es fundamental para enfrentarnos a lo que se nos avecina.

Lo mejor será que, en vez de dejarnos arrastrar por el pesimismo y las quejas aferrándonos al pasado y a la comodidad, nos pongamos en marcha y afrontemos la situación como una oportunidad para conseguir un futuro mejor. Una oportunidad de cambiar las cosas dado que seguir igual que hasta ahora nos asegura la catástrofe.

Lo quieras o no esto es lo que se plantea y lo quieras o no…

¡Tú Decides!

[La foto es una metáfora acerca del título de esta publicación: un puente entre generaciones]

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes

¿Te atreves a subir al barco?