Como dice Mario Alonso Puig desde que nacemos comenzamos a morir y, durante esa cuenta atrás con final predefinido, recorremos el camino de la vida. A lo largo de ella todos cometemos errores, y en más de una ocasión nos sentimos perdidos, pero con el tiempo aprendemos lo importante que es seguir en la búsqueda permanente que nos acerque más y más al camino correcto. Esa senda que nos conducirá al futuro que ansiamos y que seguramente merecemos.

Construye tu futuro

Hace unos días que me propuse abordar una serie de retos con el fin de ponerme en movimiento y tratar de salir lo más frecuentemente posible de mi zona de comodidad.

Tal y como ya he hecho antes con otros desafíos, para cambiar un hábito de la noche a la mañana me suele bastar con estar plenamente convencido de que es algo que necesito hacer, bien porque mejorará mis capacidades, bien porque aumentará mi calidad de vida y me acercará al tan anhelado bienestar (ya sea físico o mental).

Esta vez me he planteado llevar a cabo las siguientes actividades durante un mes:

1- Levantarme antes y salir siempre que pueda a dar una vuelta para comenzar el día de una manera más activa, relacionándome con toda la gente que me sea posible, y no regresando sin haber tenido una conversación como mínimo con una persona desconocida.

2- Escribir todos los días al menos 1000 palabras.

3- Reducir a cero el consumo de noticias, es decir, nada de telediarios televisivos ni prensa escrita o páginas web (esto lo probaré primero una semana a ver que tal).

4- Escribir cada semana un correo electrónico a una persona a la que admire.

5- No ducharme (¿te lo has creído?).

Construyendo el Futuro

Como llevo una temporada en que podría definir mi estado de ánimo como inquieto y desasosegado, para el primer día del reto no se me ocurrió nada mejor que hacer una visita al instituto donde cursé mis estudios de bachillerato y C.O.U. allá por los años 86 a 90 (no había regresado desde entonces).

Todavía no habían empezado las clases y todo estaba muy tranquilo. Tan solo había gente en las oficinas y personal de limpieza lo que me permitió campar a mis anchas, sin prisas ni distracciones (y también sin permiso jeje).

Durante el paseo me asaltaron multitud de sensaciones pero algo que me chocó bastante fue la tergiversación de mis recuerdos. Casi todo era diferente a como lo recordaba y no solo por los supuestos cambios de mobiliario y de equipos, sino que la propia estructura del edificio, el tamaño de las aulas, la biblioteca, el salón de actos…etc, todo me parecía diferente.

Muy cierto lo de que la memoria es frágil.

Entré en una de las aulas vacías y los recuerdos y sensaciones comenzaron a llegar. Me senté en uno de los pupitres ahora convertidos en mesas modernas, apoyé mi cabeza en su superficie, cerré los ojos y recordé.

Permanecí así unos minutos en que me inundaron sensaciones y sentimientos. Luego llegaron las reflexiones que, a la postre, son las que están dando origen a este artículo.

Pensé en todos los chavales que empezaban el curso en apenas tres días, en su más que probable confusión sobre qué perseguir o cual camino seguir, en sus dudas y en sus miedos, y no pude evitar el verme a mi mismo. Sentí el impulso de hacer algo así que me levanté, cogí una tiza, y escribí para ellos lo que puedes ver en la foto que encabeza esta publicación.

Recorrí varias aulas más y dejé un mensaje diferente en cada una de ellas pensando en qué pensaría la primera persona que los viese (probablemente del servicio de limpieza).

¿Borraría los mensajes o dejaría que otros los leyesen?, ¿llegarían a los profesores y alumnos?, y de ser así ¿qué pensarían o que harían con ellos?

Probablemente nunca lo sabré sin embargo yo soy de los que cree que…

“Todo lo que hacemos cuenta”

Después de hacer unas fotos para mi recuerdo me dirigí a las oficinas para preguntar acerca de mi expediente y si sería posible verlo.

Me atendió una señora que en principio se sorprendió por mi petición, pero con amabilidad y cortesía vencí sus reticencias. Después de preguntarme nombre y apellidos hurgó en un viejo fichero y sacó una cartulina que contenía una foto, mis datos personales, y un resumen de las calificaciones finales del bachillerato y el COU.

No pude evitar sorprenderme porque de nuevo mis recuerdos habían tergiversado la realidad. Mis notas eran mucho peores de lo que recordaba y la foto…que decir de la foto, parece que tengo 8 años en ella y hasta puede que así fuera. Es probable que hubiese entregado una foto vieja de cuando cursaba EGB, esa es la explicación que se me ocurre.

Aquí tienes la prueba:

Foto de bachillerato

Estuve escudriñando durante un buen rato lo que transmitía mi aspecto y lo que decían de mí las calificaciones estampadas en la cartulina, y luego pedí permiso para fotografiar el expediente con mi móvil.

Mientras lo hacía entró un hombre que se me quedó mirando, por lo que me volví hacia él y le dije:

– Quizá aquí encuentre algo que me enseñe el camino.

Y respondió:

– ¿El camino en el ámbito laboral?

A lo que contesté:

– El camino en la vida.

Puso cara de no entender nada, le sonreí y me fui dando las gracias y deseándoles a todos un buen día.

Al salir volví a detenerme en las escaleras de acceso situadas en la entrada,  pensando en todas la veces que había subido y bajado por ellas durante aquellos 4 años de estudios.

Pensando en que, 25 años después, volvía a estar en el mismo lugar buscando respuestas. Respuestas a preguntas que por entonces no me planteaba pero que ahora me acompañan cada día.

En una publicación anterior te conté que me identificaba con un buscador, con alguien que necesariamente busca pero que no necesariamente encuentra, alguien para quien la vida es una búsqueda aunque no sepa lo que está buscando. Esa búsqueda es lo que me llevó ese día al instituto, porque con el tiempo he aprendido a hacer caso de esas sensaciones que nacen en algún lugar desconocido situado en mi interior.

Puede que te estés preguntando que obtuve con ello.

La respuesta que ahora mismo puedo darte es que creo que la llave de una vida plena se esconde en el hecho de perseguirla, en la búsqueda permanente del crecimiento interior. En vivir experiencias, en buscar hacer siempre cosas nuevas, en ser curioso, en aprender e investigar, en tener proyectos, planes, deseos… cualquier cosa que contribuya a mantener la ilusión.

Este crecimiento no tiene por qué estar únicamente relacionado con uno mismo, sino que también lo podemos encontrar en todo lo que hagamos para ayudar a otros a que puedan aprender.

Aquí es donde yo aplico eso de que, cuando das, recibes.

Poder transmitir las muchas o las pocas cosas que uno ha aprendido también tiene que ver con el crecimiento, porque también nos hace crecer.

Lo que hago escribiendo en este blog tiene que ver con mi búsqueda, con mi crecimiento, con mi dar y con mi recibir.

Es algo que forma parte de mi aprendizaje constante, de mi hacer cosas nuevas y vivir nuevas experiencias, de la búsqueda de mi camino.

Decidí que ya era hora de dejar de esperar la vida porque descubrí que la vida no espera, la vida sucede, y que si no la vivo como quiero, se me escapará.

Para poder avanzar y romper con todo aquello que me inmoviliza mi mayor obstáculo es el miedo,  y vencerlo es mi mejor victoria. Y para conseguirlo tengo que ponerme en marcha y arriesgar, y estoy dispuesto a hacerlo.

La lucha será larga y ganaré y perderé batallas, tal y como llevo haciendo toda mi vida, pero si de algo estoy orgulloso es de no haberme conformado y de seguir saliendo al campo de batalla.

Espero que sigas ahí, acompañándome en esta búsqueda, y también espero que me hagas partícipe de la tuya propia.

Espero poder enseñarte muchas cosas y aprender de ti muchas otras.

Espero dar y que recibas, y recibir lo que tú me das.

Espero seguir buscando mi camino y construyendo mi futuro, pero no cualquier futuro, sino el futuro que quiero.

¿Te vienes?

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes

¿Te atreves a subir al barco?