Te escribo con honestidad cuando te digo que hoy se cumplen 6 meses (menos un día) desde que publiqué mi primera entrada en este blog y con ésta de hoy hacen ya 51. Releyendo esa primera publicación no he podido evitar sorprenderme y también, por que no decirlo, reírme.

Estatua fotografiada con honestidad

Quizá por ser la primera descargué en ella como una ametralladora un montón de ideas, reflexiones, pensamientos…yo que sé ¡hay absolutamente de todo! Pero lo cierto es que, aunque parezca que te lo lanzo a la cara esperando impactarte de lleno, en realidad lo que hago es hablar de mí mismo y de mis propias frustraciones, contradicciones y carencias.

Al principio no sabía muy bien hacia donde tirar con lo que escribía, por lo que traté de centrarme en los temas que más me atraen y que son los relacionados con el comportamiento humano en general. Tengo un montón de material y supuse que tendría más que suficiente para una buena temporada.

Luego, con el tiempo, fui descubriendo que los libros libros son, y que lo realmente funcional y aprovechable es la experiencia aunque, eso sí, el conocimiento previo resulta fundamental para averiguar lo que debemos luego experimentar.

En mi segunda entrada mencioné tres premisas básicas que había pensado seguir con el blog. Una de ellas dice:

“No publicar ni gestionar todo lo relacionado con la página por compromiso u obligación. Que no se convierta en un sacrificio sino hacerlo solamente cuando realmente me apetezca.”

Pues va a ser que no.

Al principio comencé publicando cada tres días porque tenía muchas ideas y mucho sobre lo que escribir, pero al cabo de un mes pasé al compromiso (conmigo mismo) de publicar dos artículos semanales, los lunes y los jueves (sobre las 10 de la mañana).

Éste compromiso tuvo y sigue teniendo sus factores positivos, sobretodo cuando dispongo de tiempo suficiente para llevar a cabo todo el proceso que conlleva publicar (que en mi caso es bastante), pero se convierte en un pesado lastre cuando me disperso en todas las demás cosas que supone vivir mi vida.

Ahora mismo, mientras escribo esto (miércoles 18, 12.26 horas), siento la presión de ese compromiso porque lo cierto es que hasta hace una media hora estaba buscando qué contarte (ya he cambiado el título y el tema cuatro veces y sigo sin saber hacia donde voy con esto).

Estoy ligeramente saturado querido lector. Me he embarcado en demasiados retos y proyectos que no soy capaz de desarrollar al mismo tiempo y eso me genera tensión. Todo lo contrario a lo que manifesté en mi declaración de intenciones de la mencionada entrada.

Ese compromiso de publicar en dos días concretos a una hora específica me está ‘congestionando’ bastante y ahora mismo estoy divagando (y pensando si me atreveré a publicar esto… que ya ves que sí) sobre como llevarlo a cabo sin que sus efectos me resulten contraproducentes.

Si me hubiese dejado llevar por la apatía y la desgana estoy seguro de que ya no hubiese llegado hasta aquí ni publicado 50 entradas. En ese sentido creo que el compromiso ha sido bueno y, gracias a él, estoy ahora mismo contándote este montón de paranoias que puede que solo me interesen a mí.

En realidad lo que estoy haciendo con esto es matar dos pájaros de un tiro. Por un lado estoy cumpliendo mi reto de las mil palabras diarias, y por otro estoy cumpliendo con mi compromiso de publicar los jueves.

Como dice el personaje de Cuba Gooding Jr. en Jerry Maguire: ¿TE VALE?

Yo Me Confieso (con honestidad)

No sé si recuerdas esta frase pero a mí se me quedó grabada desde que, cuando cursaba EGB, el cura que daba la asignatura de religión nos hacía asistir a la Iglesia regularmente para confesarnos. Ésta fue una de las muchas enseñanzas que contribuyó a que yo fuera progresivamente alejándome de ellos (de los religiosos quiero decir).

Debo reconocer que por entonces no era muy honesto, y cuando me confesaba no sabía ni que decir, por lo que me inventaba cuatro tonterías para poder irme de allí con la ‘absolución’ lo antes posible.

Con el tiempo fui encerrándome más y más en mi mismo hasta llegar a un alto grado de reserva e introversión.

Aunque a día de hoy he avanzado bastante, lo cierto es que todavía sigue costándome hablar de mi mismo y, quizá debido a ello, cuando lo hago y además es con honestidad, no solo aligero carga emocional y me siento liberado, sino que también engordo.

Engordo porque gano en satisfacción, en seguridad y en autoestima y esto, muy lejos de pesarme, me hace más ligero y decidido, lo que me estimula para seguir haciéndolo.

Es cierto que también me surgen temores sobre lo que tendré que enfrentar debido a las opiniones acerca de lo que escriba por parte de quién me conoce, pero he asumido esto como algo positivo para mí y que merece la pena afrontar.

Todo acto tiene su consecuencia que diría Merovingio.

A estas alturas del rollo es más que probable que te estés preguntando a que viene, o por qué demonios te cuento todo esto. Pues fundamentalmente es por dos razones:

1- Porque no se me ocurre ninguna otra cosa que contarte en este momento.

2- Porque me da igual que te lo creas o no, pero siempre hay alguien a quién le puede servir.

En un principio planteé como objetivos de escribir un blog el que me ayudase a conocerme, a que me conozcan, a enriquecerme y a abrirme a nuevas vías y experiencias.

A medida que publicaba y recibía feedback (tu opinión) me iba dando cuenta de que también ayudaba a otros haciéndolo, por lo que comencé a pensar menos en mí y más en ti, o eso es lo que yo creía, porque en realidad lo que pasaba es que estaba alimentando mi ego al obtener más seguidores y comentarios.

A decir verdad no sé que carajo es lo que puede ayudar y lo qué no, y mucho menos a quién, y por eso mismo estoy escribiendo este montón de incongruencias.

En esta entrada he decidido escribir sin ningún tipo de guión y sin pretender ofrecerte ningún tipo de enseñanza concreta, a ver que sale.

Lo mismo hasta te gusto más que antes 🙂

He aprendido que la honestidad que engorda pero no pesa es un gran valor que debo explotar con frecuencia y perseguir con decisión, pero también que, si va acompañada de naturalidad, es todavía mejor.

Puedo ser muy honesto con lo que digo pero exponerlo de tal manera que parezca un profesor de Harvard con corbata y pantalones por el sobaco (como mi compañero Gorka se encargó de recordarme en una ocasión. Gracias Gorka, espero que esta entrada te mole jeje).

Doble Objetivo Cumplido

Son las 15.49 del miércoles 18, llevo ya unas 1100 palabras escritas y subiendo (que conste que paré para comer). Esta magnífica disertación es lo que tú te estarás tragando a partir de mañana pero ahora dime (porque ya es mañana):

¿Qué te está pareciendo?

¿Enriquecedora?

¿Patética?

¿Divertida?

¿Original?

¿Infumable?

¿Preocupante?

¿Descorazonadora?

¿Motivante?

¿Penosa?

¿Genial?

¿Exasperante?

¿Pueril?

(Ahora mismo me voy a dispersar buscando el significado exacto de esta última palabreja; enseguida estoy contigo)

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Pueril: Perteneciente o relativo al niño o a la puericia.

Puericia: Edad del hombre que media entre la infancia y la adolescencia, esto es, desde los siete años hasta los catorce.

¡¡Sorpresa!!

Acabo de descubrir que el significado de ‘pueril’ no es el que yo le asociaba. Yo creía que se refería a algo ‘despreciable’ y mira por donde tan solo es algo ‘infantil’, lo cual no excluye que pueda ser despreciable claro.

¡Me cago en la leche!

¿Y por qué no hacer más referencias a los significados de las palabras?, me serviría de relleno para los artículos y me preocuparía por mirar en la RAE, con lo que aprendería más y mejor.

¡Ah!

Que sigues por ahí.

Disculpa, no te estoy ignorando, de hecho estoy escribiendo para que tú lo leas, sin embargo tienes mi total aprobación (y me encantaría que me lo hicieses saber) si decides imprimirte este post para poder limpiarte el culete con él.

Un consejo, hazlo en papel reciclado, como es más áspero puedes exfoliar el culo y además cuidar el medio ambiente.

Realmente me está gustando esto de ser natural y escribir lo que se me pasa por la cabeza. Puedes comprobar como empecé con un tono más formal y encorsetado y ahora que me voy soltando es como si se tratase de una conversación entre amigos (eso sí, solo hablo yo).

¿Tienes algo que decir?

¡Pues escribe coño!

Hay un cuadro rectangular más abajo esperando tus amables palabras hacia mi persona.

¿Que no son amables?

¡Caralludo! que se dice en Galicia.

Mucho mejor porque así nos reímos los dos.

Mira, para seguirte jodiendo un poco más, y como todavía tengo un par de horas por delante para escribir más paridas, voy a seguir con la historia del mendigo y las palomas.

El Mendigo y las Palomas

Resulta que hace un par de días salí a dar un paseo por la ciudad para ‘cumplir’ con mi reto de salir a diario y no regresar sin haber entablado una conversación con algún desconocido.

Paseaba por la calle buscando algún objetivo cuando observé a un hombre, bastante sucio y desaliñado, que estaba sentado en el banco de un parque y rodeado de palomas, así que me dije -allá voy amigo-.

El hombre observaba las palomas con admiración y guardaba en una bolsa de plástico un trozo de bocadillo que supuse era lo que atraía a las aves (lo de aves es por no repetir palomas).

Me senté a su lado y le saludé:

– Hola!, ¿cómo va la tarde?

Me miró con curiosidad y sin articular palabra se encogió de hombros.

– ¿Le gustan las palomas?, insistí.

– Sí, no esconden nada… me espetó.

– Ya -dije- yo escondo más mierdas que el Titanic pero me gustaría que me contase algo sobre usted, lo que le apetezca, porque tengo mucho que aprender y creo que usted tiene mucho que contar. Pero si escoge no contarme nada, que sepa que voy a estar aquí en silencio a su lado hasta que me canse. ¿Qué prefiere?

Me miró de nuevo, con el gesto un poco torcido y frunciendo el ceño, pero enseguida su expresión cambió y su boca esbozó una ligera sonrisa.

– Serás jodido -dijo-, me llamo Eusebio.

Hablamos durante aproximadamente 15 minutos y me contó muchas cosas sobre palomas, unas que ya sabía (mi padre es muy aficionado y tiene muchas) y otras que no.

Me habló también de su afición por los coches antiguos y de que le gustaba ir a una reunión que se hacía en octubre en la plaza del ayuntamiento. Que había tenido uno hasta hace unos años pero que lo había vendido por necesidad.

Ahora no tenía casa ni trabajo y le gustaba estar a solas en el parque, rodeado de palomas, porque le relajaba y le ayudaba a desconectar del mundo.

Siempre guardaba un trozo del bocadillo que solía conseguir con las limosnas que le daba la gente, para poder hacerlo migajas y dárselo a las palomas mientras las observaba.

– Las palomas se pelean por la comida -dijo-, pero su motivación siempre es comer y no dejar a las otras sin comida.

Le conté que mi padre criaba palomas buchonas porque era muy aficionado a ellas desde siempre, y le hablé de las conversaciones que tenía con él acerca de la maldad de estos animales.

Mi padre siempre dice que las palomas son malas como la peste porque son territoriales y las ve pelearse por los nidos y las hembras. Yo siempre le rebato diciendo que las palomas se mueven por instintos y no por intenciones, porque no tienen la capacidad de pensar ni tampoco la conciencia necesaria, pero el insiste en que son como la peste.

El hombre permaneció en silencio, asintiendo.

Estuvimos un rato más sin decir nada, mirando a las palomas, y luego me despedí de él dándole las gracias y con la esperanza de volver a verle en la convención de coches antiguos de octubre.

¿Qué piensas sobre esto?

¿Qué te parece mi plan de hablar con cualquiera sin más motivo que el de escuchar y aprender?

¿Descabellado?

Puede.

¿Inútil?

Puede que también.

Sin embargo yo voy a seguir adelante cambiando tan solo una cosa: en vez de obligarme a salir todos los días simplemente voy a salir cuando pueda, es decir, cuando algo que considere más importante no se oponga (como lo es escribir todo esto porque sino no está para mañana).

Eso sí, cuando salga siempre conversaré con alguien que no conozca, ya sea durante 10 segundos (porque me ha mandado a la mierda pronto) o durante 10 minutos o 10 horas (esto último no me lo creo pero queda bien).

Bueno, ya voy a cortar el rollo.

Creo que ya tienes suficiente papel para tu apreciado culete ¿no?

¡Espera!

Tengo otra idea.

¿Y si te pongo una foto mía aquí al final para que te des las últimas refriegas con mi cara?

No, eso sería demasiado, no me lo merezco, sé que en el fondo te caigo bien.

Pues ala, nada más por ahora cuando ya son las 17.22, y paso de adelantarte el contenido de mi próxima entrada porque, como puedes apreciar, eso es un valor más que incierto, casi tanto como mi próximo acto sexual 🙂

[La foto de portada está hecha en el parque en el que tuve la conversación con el hombre. Es de una estatua manchada con pintura azul a modo de lágrimas, y me pareció muy sugerente por lo que cuadra a la perfección con este post. Uuuf, realmente estoy muy jodido de la cabeza]

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes

¿Te atreves a subir al barco?