Cañón de una pistola

Tú, yo y cualquier otra persona hemos tenido miedo en algún momento de nuestras vidas y lo que es más, lo seguimos teniendo ahora y lo seguiremos teniendo en el futuro. Pero no tenemos un problema por el simple hecho de tener miedo, lo tenemos cuando ese miedo nos impide alcanzar lo que deseamos, cuando nos limita y restringe nuestra libertad.

El miedo solo se convierte en un problema cuando permitimos que controle y dirija nuestras vidas.

Es posible que seas…

Esa viajera frustrada que desea tener unas vacaciones increíbles pero no se atreve a irse sola.

Ese trabajador infeliz que odia su trabajo pero tiene demasiado miedo como para abandonarlo.

Esa persona solitaria que se enfrenta a otro fin de semana sin compañía porque no tiene valor para pedirle a alguien para salir.

O esa otra que no se atreve a acercarse y hablarle a alguien que le gusta.

Quizá buscas excusas para no hacer algo arriesgado y emocionante de lo que otros disfrutan porque temes hacerte daño.

Puede que tengas miedo de perder tu dinero y por eso lo tienes estancado en una cuenta bancaria mientras otros obtienen beneficios con sus inversiones.

Quizá no te atreves a hablar en público porque temes quedar en ridículo.

O quizá nunca pides lo que quieres por temor a ser rechazado.

No sé si te servirá o no de consuelo, pero voy a revelarte algo:

Te conozco perfectamente porque yo también soy esa persona.

Y aún voy a decirte más:

Sé como vencer el miedo porque lo he hecho muchas veces y, aunque no te lo creas, tú también.

¿Qué es el miedo?

El miedo es una emoción que nos suele llegar a través del pensamiento pero no es solamente algo mental que existe en nuestro cerebro sino que también tiene un componente físico muy fuerte.

Cuando se apodera de nosotros lo sentimos en todo nuestro cuerpo: el corazón se pone a mil, parece que nos estén retorciendo el estómago, la boca se nos seca y la lengua asemeja la suela de un zapato, los músculos se contraen y la cabeza nos martillea como una máquina hidráulica de las que se usan para levantar pavimentos.

El miedo forma parte de nuestro mecanismo de supervivencia y, en ese sentido, es nuestro amigo y protector porque nos ayuda a mantenernos vivos.

Sin embargo este mecanismo se convierte en nuestro enemigo cuando nos impide hacer ciertas cosas, aunque nuestra vida no esté en peligro, o cuando nos quedamos paralizados en situaciones en las que se requiere actuar.

Cuando esto sucede el miedo nos está impidiendo conseguir lo que queremos y disfrutar de la vida en toda su plenitud.

Es difícil deshacerse del miedo porque forma parte de nuestros instintos más básicos, e incluso puede no ser una buena idea el intentarlo.

Lo aconsejable no es huir de él sino aceptarlo y darle la bienvenida porque, lo queramos o no, estará a nuestro lado en sus miles de formas hasta el día de nuestra muerte.

Lo que tenemos que buscar no es eliminar nuestros miedos sino controlarlos.

Analizando el Miedo

Cada momento de nuestras vidas está marcado por la huella de nuestros miedos.

Lo que hacemos y dejamos de hacer, dónde vamos y con quién, el modo en que nos sentimos con nosotros mismos y con los demás, lo felices o lo tristes que estamos.

Todo ello está directamente unido a nuestros miedos, y si dejamos que éstos dicten nuestro comportamiento y restrinjan nuestra libertad, entonces dirigirán nuestras acciones y determinarán en gran medida nuestra forma de ser.

Para averiguar si un miedo en particular se ha convertido en un problema he descubierto un método muy sencillo y bastante eficaz que consiste en lo siguiente:

1- Piensa en algo que quieres

Lo primero que tienes que hacer es pensar en algo que deseas tener. Puede ser un trabajo nuevo, una relación, unas vacaciones o cualquier cosa que ahora mismo no tengas. Después hazte la siguiente pregunta…

2- ¿Tienes miedo a algo que se interpone entre tú y lo que deseas?

Si la respuesta es SÍ, es decir, que no tienes lo que quieres porque hay algo que te asusta, has de plantearte una segunda pregunta…

3- ¿Lo deseas tanto que te molesta que el miedo te impida alcanzarlo?

Si la respuesta vuelve a ser SÍ, entonces tienes un problema con ese miedo.

Si la respuesta es NO significa que tienes miedo, pero éste no supone un problema para ti porque no te hace infeliz.

Te pongo un ejemplo para que lo veas mejor.

Puede ser que te hayan contado, como a mí, que descender esquiando por la ladera de una montaña es algo muy emocionante y divertido y que merece mucho la pena. De hecho hay millones de personas que recorren muchos kilómetros y gastan su dinero para hacerlo año tras año.

Es posible que tanto a ti como a mí nos gustara disfrutar también de esas sensaciones y sentimientos tan intensos, pero que sin embargo tengamos miedo de caernos y hacernos daño.

Aunque nos gustaría probar y vivir esas sensaciones increíbles que nos han contado la cuestión es: ¿nos molesta que ese miedo nos impida disfrutar de ellas?

Si la respuesta es NO porque podemos disfrutar de sensaciones similares que nos llenan haciendo otras actividades que nos gustan (andar en moto, salir a navegar o lo que se te ocurra), entonces el miedo no representa un problema porque no nos molesta ni nos hace infelices. Se acepta sin más y se vive con él.

El mensaje de todo esto es que si queremos algo y tenemos miedo de ir a por ello, no debemos asumir inmediatamente que ese miedo es un problema, no debemos presuponer de antemano que nos está impidiendo vivir la vida que queremos.

Primero hemos de hacernos las preguntas sugeridas y, si no lo deseamos hasta el punto de que nos sentimos mal por no tenerlo, entonces nuestro miedo no es un problema y no tenemos por qué sentirnos culpables por sentirlo.

En lugar de eso, debemos darnos permiso para convivir con ese tipo de miedos que no representan un problema y dejar de juzgarnos a nosotros mismos.

Eres tan bueno como cualquiera porque el hecho de que seas incapaz de enfrentarte a algunos miedos no te resta valor como persona.

Cuando el miedo no es un problema acéptalo sin más y vive con ello.

El Origen del Miedo

Cuando nuestro miedo representa un problema lo que debemos hacer para enfrentarlo es asumir una importante verdad:

El origen del miedo está en nosotros mismos y en nadie más.

Por ejemplo…

Puede que vivas en un barrio de una ciudad donde hay bastante delincuencia y que te asuste bastante salir sola por la noche.

Crees que este miedo es justificado porque la mayoría de los que viven en el barrio también lo tienen, y las estadísticas corroboran lo peligrosa que es la zona. Piensas que tú no eres la causa de tu miedo sino los delincuentes callejeros.

Bueno, quizá estés en lo cierto.

Supongamos ahora que una noche te encuentras muy mal y necesitas de un medicamento que te alivie pero resulta que se te ha acabado. El malestar es muy fuerte y no puedes dormir y encima mañana has de levantarte temprano para ir al trabajo donde tienes una importante reunión.

Sabes que, a solo un par de calles de tu piso, hay una farmacia que abre las 24 horas dónde podrías comprar el medicamento que necesitas, pero solo con pensar en salir a la calle ya sientes miedo. Te imaginas a unos hombres agazapados en una esquina que te asaltan para robarte o aún peor, para violarte.

En ese momento en que sientes miedo no estás realmente en peligro. En ese momento puede que no haya absolutamente nadie en la calle esperándote para asaltarte. Entonces la causa de tu miedo no está en la calle, ni en la delincuencia. Es más, ni siquiera existe, sin embargo tu miedo sí existe, está ahí, es real.

El único lugar donde ese miedo ha tenido su origen es dentro de ti.

Esto es solo un ejemplo pero puedes elegir cualquier miedo que tengas, sin importar lo común que sea, o lo externo a ti que pueda parecerte, y someterlo a este tipo de análisis. Llegarás a la conclusión de que solamente tú eres la causa de tus miedos.

Y esto es muy bueno porque, si lo asumimos así, estaremos en disposición de hacernos cargo del problema y de resolverlo.

Si pensamos que nuestro miedo no depende de nosotros siempre estará fuera de nuestro control.

Si pensamos que depende de factores externos o de otras personas, esos factores o personas controlarán una parte de nuestras vidas.

Quizá admitir que nosotros mismos (y nada ni nadie más) somos la causa de nuestros miedos, sea la parte más difícil a la hora de enfrentarlos.

La razón es muy simple…

Si creemos que el origen de nuestros miedos no somos nosotros mismos entonces siempre tendremos una excusa para no hacerles frente, sin embargo, si reconocemos que nosotros somos la causa, se habrán acabado las excusas.

Cuándo el Miedo es un Problema

Cuando deseamos algo con fuerza pero nuestros miedos nos impiden alcanzarlo, cuando no conseguimos sentirnos bien porque no tenemos lo que queremos, es cuando el miedo representa un problema.

Cuanto más tiempo convivimos con un determinado miedo, más grande y fuerte se hace. Es como un mal hábito que, cuanto más tiempo lo practicamos, más fuerza adquiere y más difícil es de romper.

Si nuestro deseo de algo es muy fuerte no importa cuantas veces nos digamos a nosotros mismos: ‘no lo necesito, no tengo un problema’, porque ese deseo volverá una y otra vez hasta conseguir que seguir mintiéndonos deje de tener sentido.

Cada vez que el deseo regrese lo hará también el miedo, y entonces tendremos una decisión que tomar.

Si decidimos no enfrentarnos a él le estamos ofreciendo el control de nuestra vida sin embargo, si lo enfrentamos, crearemos la posibilidad de hacernos más fuertes que él para poder vencerlo.

Si tenemos un miedo que nos molesta y nos negamos a luchar contra él, éste no va a desaparecer porque sí. Lo que ocurrirá será todo lo contrario. El miedo permanece e incluso se incrementa haciéndose más fuerte y difícil de vencer.

Reaparecerá una y otra vez porque nuestro deseo sigue ahí y es el desencadenante de nuestros temores.

Sean cuales sean nuestras circunstancias siempre tenemos la posibilidad de elegir.

Puede que estemos utilizando la excusa de que no tenemos elección pero ya es hora de que la abandonemos porque sabemos que es una mentira.

No importa lo difícil o intimidatorias que parezcan algunas cosas, siempre tenemos el poder de decidir si queremos enfrentarnos a ellas o no.

Al decidir enfrentar y superar nuestros miedos comenzamos a ejercer una influencia y un control sobre ellos.

Cada vez que nos enfrentamos a un miedo nuestra vida se enriquece y nos sentimos más vivos, más despiertos y con más energía y confianza.

¿Quieres perdértelo?

Apuesto a que no.

Vencer el Miedo

He probado muchas y muy diversas estrategias para intentar vencer mis miedos y unas veces lo he conseguido y otras no.

Lo que voy a compartir contigo ahora es la fórmula con la que he obtenido los mejores resultados.

Te va a parecer algo muy sencillo y hasta evidente pero no te dejes engañar porque realmente funciona.

“Para vencer el miedo tan solo has de actuar como si no existiera”

¿Fácil no? 🙂

Las cosas son como son, y lo primero y más importante es aceptar que así es, sin embargo como seres humanos poseemos la capacidad de aceptarlas, y al mismo tiempo de actuar como si fueran diferentes. Incluso si aceptamos la realidad de que tenemos miedo a algo, podemos actuar como si no fuese así.

Sobra decir que con teorías no vamos a ninguna parte.

El proceso para vencer cualquier miedo requiere de acción y si solo nos basamos en palabras, teorías y pensamientos positivos perderemos el tiempo.

Mi propuesta para vencer el miedo consiste en interiorizar una forma de comportarse específica (la que ahora explicaré), para luego llevarla a cabo sin dejar que actúe ningún tipo de pensamiento.

Este es el procedimiento que has de tener claro en un principio:

1- Decide el miedo específico que deseas vencer.

2- Pregúntate: ¿Si no tuviera miedo qué es lo primero que haría?.

3- Si no tuviera miedo ¿qué es lo siguiente que haría?.

Y repite esta pregunta todas las veces que sea necesario.

La idea es dividir el reto de vencer el miedo en pequeños pasos que podemos ir dando más fácilmente y que nos conduzcan poco a poco hacia el triunfo final.

Un ejemplo

1- Quiero vencer el miedo a conocer a alguien que me atrae.

2- Lo primero que haría si no tuviera miedo es acercarme a esa persona. Lo he hecho miles de veces con otras personas y no me he muerto por ello, con lo cual queda claro que puedo hacerlo.

3- Lo siguiente que haría es decirle algo como por ejemplo: ‘Hola ¿como estás?’. En la mayoría de los casos te darás cuenta de que lo importante no es lo que dices sino como lo dices, por lo que la naturalidad te va a resultar un recurso muy apreciado.

En este supuesto particular puede que la primera vez que lo intentes sientas que te tiemblan las piernas, la ansiedad te puede y tienes el cuerpo paralizado. Si no puedes superarlo lo mejor es dejarlo y alejarte.

Lo fundamental en este caso es no enfocar esto como un fracaso y flagelarte por ello, muy al contrario, has hecho un importantísimo progreso porque has conseguido superar tu miedo hasta el punto de acercarte y hablarle a esa persona que te interesa.

Has empezado a influir y a debilitar tu miedo y eso es muy importante.

Enfócate en eso, alégrate y felicítate por ello ¡eres grande!

Algo que suele facilitar las cosas para afrontar con garantías el reto de superar el miedo es coger primero la confianza necesaria por medio de aumentar la autoestima.

En el caso que manejamos es importante practicar primero conociendo a otras personas sobre las que, en principio, no se tiene especial interés (porque así es más fácil). Esto hará que te acostumbres a lo que ésto supone y que te sientas a gusto haciéndolo con lo que, a la hora de la verdad, te resulte más fácil repetirlo con alguien que te atrae.

Como normalmente lo que nos paraliza a la hora de hacer algo es lo que nos decimos a nosotros mismos en esa situación, esta estrategia tiene su base en la técnica de pasar a la acción ‘sin pensar’.

De no hacerlo así comenzaremos a buscar excusas y a alimentar nuestros temores haciendo que se incrementen, con lo cual se nos hará muy difícil enfrentarlos y vencerlos.

Un Poco de Mí para Ti

Voy a ser valiente y honesto contigo y voy a regalarte un pedacito de mi historia.

Hace unos años yo tenía un verdadero problema con esto de conocer a chicas que me atraían. Me frustraba muchísimo no poder hacerlo porque no era capaz de vencer el bloqueo que me producía el miedo. Algo totalmente infundado y cuyo origen solo estaba en mí.

Una vez que analicé mis temores y asumí que era yo quién los causaba, decidí que este miedo me hacía infeliz y que quería librarme de su yugo. Comencé entonces con el reto de enfrentarme a él para intentar superarlo.

Investigué, me documenté y descubrí que lo que hacía que apareciese era lo que yo pensaba al respecto, lo que me decía a mi mismo antes, durante y después de esas situaciones.

Intenté cambiar mis patrones de pensamiento, y de sustituir mis pensamientos negativos por pensamientos positivos que me ayudaran, pero siempre que fracasaba se me retorcían las tripas y la frustración regresaba de nuevo para alimentar mi pesimismo.

Durante esta lucha recuerdo una situación de bloqueo que sufrí una noche, cuando una chica espectacular se me acercó y me susurró algo al oído que no logré entender. Me quedé paralizado y no supe que decirle. Entonces ella se apartó, regresó con sus dos amigas (que también eran guapísimas) y permanecieron un rato mirándome, sonriendo y susurrándose cosas al oído.

Permanecí allí mirándolas, inmóvil, totalmente incapaz de acercarme a ellas y de hablarles. Al cabo de un rato se fueron y yo me quedé allí apretando los puños y notando como la rabia crecía en mi interior.

No solo no era capaz de acercarme a una chica que me atraía, sino que tampoco había conseguido seguir siquiera la conversación de una chica que se había acercado a hablarme a mí.

¡Esto ya era el colmo joder!

Conduje hasta casa apretando el volante como si pudiese retorcerlo y rumiando mi enfado creciente. Cuando llegué estaba tan frustrado y cabreado conmigo mismo que comencé a golpear las puertas de mi armario hasta despellejar mis manos y sangrar.

Creo que esa noche fue el punto de inflexión donde mi rabia hizo que mi determinación creciera y me propusiera vencer el miedo sí o sí, costase lo que costase.

A día de hoy, habiendo seguido los pasos que te he explicado anteriormente he conseguido que, lo que antes me parecía un imposible, ahora me salga sin esfuerzo y de una manera natural.

No voy a engañarte y decirte que ha sido fácil porque no lo ha sido, pero la recompensa de poder hacer lo que quiero hacer bien ha merecido la pena el esfuerzo.

Espero que mi experiencia te sirva y que tú no necesites destrozarte las manos para superar tus miedos 🙂 .

Recopilando

• El miedo es una emoción y casi siempre ocurre de una manera que no podemos controlar.

• Cuando viene hemos de aceptarlo y dejarlo actuar porque no buscamos su eliminación sino su control.

• Que sintamos miedo no implica necesariamente que éste suponga un problema para nosotros.

• El miedo sólo es un problema cuando nos hace infelices porque nos impide conseguir algo que queremos.

• En éste último caso hemos de decidir si eso que deseamos es tan fuerte como para luchar por ello.

• Si decidimos luchar hemos de empezar por aceptar que el origen de nuestro miedo está en nosotros mismos y en nadie más.

• La clave para vencer el miedo está en la acción y concretamente en actuar como si no existiera.

• No pienses en ello: HAZLO.

Cuando te pongas en marcha y te enfrentes a tus miedos lo más frecuente es que descubras que la mayoría de las cosas que temes nunca ocurren.

Henry Ford decía:

Uno de los mayores descubrimientos que un ser humano puede hacer, una de las grandes sorpresas, es comprobar que puede hacer lo que él pensaba que no podría.

Y tú…

¿A qué tienes miedo?

Descubre el valor de ser auténtico para alcanzar una vida con sentido y propósito.

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes.

¿Te atreves a subir a este barco?