Escribir con naturalidad

[Esta foto no tiene nada que ver con lo que leerás a continuación pero es que me gusta el abuelo con el violín 🙂 ]

Hace unos días leí un artículo en el blog de Víctor Campuzano en el que hablaba de cómo escribir un post en 20 minutos que me interesó desde el primer momento, porque yo soy de los que le da tantas vueltas a sus artículos que el tiempo se me escapa entre los dedos como si fuese arena de playa.

Se supone que, a la hora de escribir algo en un blog, lo ideal es aportar algún tipo de valor a quién te lee pero… ¿cómo saber lo que aporta valor y lo que no?

Desde que he empezado con esta página me he dado cuenta básicamente de dos cosas:

1- No es posible agradar a todo el mundo, ni siquiera agradar siempre aunque ya lo hayas conseguido anteriormente.

2- Escribas lo que escribas en alguna parte habrá alguien que se identifiquen contigo y que le sirva.

Un blogguer suele debatirse  entre publicar con más o menos frecuencia, elegir entre artículos cortos o largos, que traten de éste tema o del otro, que tipo de lenguaje a usar, y unas cuantas variables técnicas más que pueden hacer del placer de la escritura una tortura medieval (la de clavar astillas bajo las uñas no, que esa es muy chunga).

Yo no soy una excepción y siempre estoy dándole vueltas a estas y a otras muchas variables, lo que hace que a veces me suba la tensión y me baje la líbido (lo de la tensión es broma 🙂 ).

Y es por eso que he decidido probar lo de escribir sin tener en cuenta tantas historias e intentar ser más natural, dejándome llevar por la improvisación.

Lo que lees es el resultado de mi experimento y quiero dar las gracias a Jon Valdivia por ser, en este sentido, una gran fuente de inspiración.

No creo que sea capaz de acabar esto en 20 minutos como propone Víctor en su post (ya llevo 14) y seguro que además le caerán al asunto media docena de repasos, pero por ahora lo estoy disfrutando bastante más que la tesis doctoral de mi publicación anterior (enlace al canto).

Agradecería que alguien me dijese si fue capaz de leérsela por favor, le regalo un lote de peluches (yo no estoy incluido 😉 ).

Como puedes apreciar me gusta usar el sentido del humor para dar un poco de salsa a lo que escribo, y es aquí donde me encuentro con otra disyuntiva: ¿lo entenderá quién me lee?, ¿le parecerá bueno?, ¿malo?, ¿excesivo?, en definitiva ¿gustará?

Pues la verdad es que no tengo ni idea. Como he dicho antes seguro que a unos sí y a otros no, y es como tiene que ser.

Yo seguiré usándolo porque es lo que me sale y lo que me gusta y, como no hago más que repetir a otros compañeros, tiene más valor un lector que llega y se queda porque le ha gustado tu estilo, que cien que pasan sin más.

Ahora toca una de mis frasecitas:

Las coincidencias nos unen, las diferencias nos enriquecen.

Te ha gustado ¿eh? (no mientas que me pita el oído izquierdo y es muy molesto).

Después de divagar como una ‘bestia parda’, que es lo que hago cuando me pongo a improvisar, voy a intentar seguir un poco el hilo inicial de cómo escribir un post, digamos que, rapidito.

Algunas ideas

Estas son algunas de las cosas que estoy ‘intentando’ poner en práctica ahora mismo para escribir lo que lees (con más o menos éxito):

• Escribir sobre lo que te pasa en tu día a día.

Lo más sencillo es escribir sobre lo que nos sucede porque se trata de describir algo que ha pasado y no hace falta mucha creatividad o improvisación. Para ello es evidente que, cuantas más cosas hagas o experiencias vivas, mucho mejor porque tendrás más cosas sobre las que escribir.

En relación con esto, el reto que me propuse hace un tiempo de salir a diario a conocer extraños (y mejor cuanto más peculiares), ha sido y es una gran fuente de inspiración a la hora de escribir. Me ayuda a sacar conclusiones y a reflexionar sobre las situaciones vividas (aunque algunas puedan resultar realmente pintorescas).

• Escribir sobre reflexiones personales. 

Cualquier cosa que despierte tu interés y te haga pensar puede ser buena para que expongas en un artículo tu punto de vista sobre un tema. Los libros, el cine y los documentales son grandes fuentes de reflexiones que generan muchas posibilidades.

En mi artículo ‘A flor de piel: voces prohibidas‘ hice uso de esta estrategia después de ver en la tele un documental mientras comía. También uso el cine en mis artículos sobre ‘Cine para crecer’, y libros que he leído en muchos otros.

• Escribir sobre lo que otros ya han escrito.

Eso mismito estoy haciendo yo ahora mismo ¿verdad Víctor?

Fuera bromas. Usar lo que otros compañeros bloggueros hayan escrito como fuente de inspiración es también un buen recurso. Y no estoy hablando de copiar y pegar, sino de sacar ideas y de desarrollarlas con tu propio estilo y tus peculiares aportaciones.

• No escribir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estaba de coña jeje.

Espero que mis bromas no te resulten muy pesadas porque mi sombra puede ser muuuy alargada…

Sombra alargada

Sigamos.

Pues haciendo un uso más o menos acertado de todo esto que estoy predicando, ya he conseguido escribir 846-847-848-849-850-851-852-853-854-855-856-857-858-859-860-861-862-863-864-865-866-867-868-869… palabras (supongo que has pillado lo de la negrita).

Como me he propuesto llegar a las mil pues aquí sigo disertando en pos de mi objetivo (al final me paso seguro).

Otro de los recursos que me gusta utilizar en mis publicaciones, además del sentido del humor, es la naturalidad. Aunque he de reconocer que a veces me cuesta y no siempre me sale. Cada uno tenemos una forma específica de expresarnos, y si intentamos cambiarla o adaptarnos a otros, lo único que conseguiremos es que nos salga un churro frío y artificial.

Agradezco especialmente a Gorka que me lo haya hecho ver cuando escribí “Si quieres cambiar el mundo, tu mismo debes cambiar” (lo del profesor de Harvard con corbata y pantalones por el sobaco estuvo muy bien compañero).

Y poco más para hoy, las mil palabras están al caer y yo estoy a punto de redondear la cifra de una hora escribiendo, con lo cual voy a batir todos mis récords habidos y por haber.

Lo mismo me da por montarme el reto de ¡hacer el post de mil palabras en el menor tiempo posible!

¡YaTá!

¡1000 Palabras!

Conseguido

(No las cuentes que ahora ya son más)

¡Y una hora exacta! (segundos fuera)

Realmente estoy de la cabeza…

Corto y cierro pero no quiero mentirte: cuando veas esto, todo lo que leerás es cierto, pero le habrá caído encima el censor interior en forma de corrector ortográfico (alguna se escapará como siempre), revisor de enlaces, SEO, fotito de turno con una gracia de mi cosecha y algunas cosas más.

No me regañes que me lo he pasado bien.

Ya me dirás si de esta forma a ti también te ha resultado más divertido, y por que no, enriquecedor.

PD: Menuda película me ha salido, ahora no sé ni en qué categoría meterla (¿vuelves a estar pensando mal?)

PD2: Me acabo de dar cuenta de que esto será publicado el 10 del 10 a las 10 ¡A que es cojonudo!

PD3: Al final han sido 1269 palabras 🙂

 

 

PD4: Mentiraaaaa, han sido 1249… 🙁

 

 

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes

¿Te atreves a subir al barco?