Bloguea con autenticidad

[No sé por qué carajo hago tantas fotos de mis manos aunque creo que tiene que ver con que me gustan bastante más que mi cara 🙂 ]

Una de las cualidades que más valoro en las personas es la autenticidad. Un rasgo que definiría como tener el valor de ser y de mostrarse tal y como uno es, de una forma íntegra y honesta, sin tener en cuenta modelos, modas o tradiciones y aceptando con humildad todas las limitaciones y cualidades que poseemos.

Como mencionaba en mi análisis de la película American Beauty, la sociedad en que vivimos trata de imponernos una serie de cánones del buen comportamiento y nosotros, en vez de revelarnos contra ellos cuando no nos dejan vivir como realmente queremos, lo que solemos hacer es crearnos una coraza que nos aisle y esconda nuestros miedos e inseguridades.

Cuando hacemos ésto vamos por la vida disfrazados de alguien que no somos, ocultando nuestro verdadero ser ante los ojos de los demás para evitar el rechazo y la crítica y obtener su aprobación.

A la hora de escribir en un blog sucede exactamente lo mismo porque hemos de decidir si aceptamos quienes somos y nos mostramos de esa forma, o si nos vamos de tiendas para escoger el disfraz que mejor se adapte a la ocasión.

Bloguea con Autenticidad

Para mí la autenticidad significa que, siendo consciente de lo que tienes y de lo que te falta, de tus virtudes y de tus defectos, de tus creencias y de tus prejuicios, de tus cualidades y de tus limitaciones, no te importa en absoluto mostrarlas al mundo tal y como tú las percibes.

La personalidad es como una huella dactilar. Cada persona tiene una experiencia específica e irrepetible que con el tiempo la ha ido moldeando y la ha dotado de matices y rasgos únicos. Estos rasgos son los que nos diferencian y mostrarlos tal cual son, lo que nos hace auténticos.

Practicar la autenticidad me parece un valor muy importante a la hora de escribir en un blog, porque cuando somos auténticos somos honestos y no solo con quien lee, sino también con nosotros mismos.

Ésto se convierte en un rasgo diferenciador muy valioso en el sentido de que es exclusivo, es lo que te identifica, es tu marca, eres tú.

No significa que tengamos que contarlo todo (yo desde luego no lo hago), pero sí que lo que contemos sea nuestro, y la forma en que lo contemos, también.

No se trata de airear nuestras intimidades como si fuese un desafío que debemos afrontar para demostrar nuestra valentía. Se trata de hacerlo porque hay algo en nuestro interior que nos lo está pidiendo a gritos, y porque sabemos que lo necesitamos para sentirnos mejor, para evolucionar como seres humanos y, por qué no, para ayudar y ser ayudados.

Y puede que te estés preguntando… ¿y cómo se hace eso?

Pues en mi opinión:

Reconocer nuestros errores nos hace auténticos.

Enfrentar nuestros miedos nos hace auténticos.

Reírnos de nosotros mismos nos hace auténticos.

Decir lo que pensamos nos hace auténticos.

Aceptarnos como somos nos hace auténticos.

Ser sinceros nos hace auténticos.

Mostrarnos sin reparos nos hace auténticos.

Confiar en nosotros mismos nos hace auténticos.

Dejarnos hacer lo que queremos hacer nos hace auténticos.

Hacer una pausa mientras escribimos para retorcernos los dedos del pie nos hace auténticos 🙂

Bloguea con autenticidad

No te compares con nadie

Al igual que me ha pasado a mí, puede que antes de comenzar con tu blog hayas sido un ávido lector de los blogs de otros, y quizá éstos te animaron a iniciar tu propia aventura y ahora te siguen ayudando como fuente de conocimiento e inspiración.

El problema aparece cuando, tras unos meses publicando, el impulso inicial disminuye y lo que antes era una novedad se va transformando en rutina.

Llegado ese momento, y créeme que llegará, es bastante frecuente empezar a comparar nuestros resultados con los de esos blogs que seguimos.

Quizá empieces por fijarte en su diseño, en el tema que utilizan o en el número de entradas que publican a la semana. Luego pasas a hacerlo con su número de suscriptores, o con sus seguidores en redes sociales, o con sus comentarios en cada entrada.

Empiezas a pensar en que saben más cosas que tú y escriben mejor, en que aportan más valor, en que son geniales, más guapos y tienen mejor sonrisa.

Detente.

No sigas por ahí.

Si lo haces lo que vas a conseguir es cabrearte, perjudicarte y desmotivarte.

Trata de seguir tu propio camino centrándote en tus cualidades y en tus resultados sin tener en cuenta los de los demás.

Cada uno partimos de una determinada situación y con unas circunstancias específicas que hacen que la comparación sea inútil, equivocada y perjudicial.

Solo con leer lo que otros escriben no podemos saber todo lo que se esconde detrás de sus resultados.

No sabemos el tiempo que emplean, los recursos que tienen, sus ayudas o colaboraciones, su capacidad, en definitiva, no sabemos sus circunstancias.

Lo único que debería preocuparnos es si nosotros estamos haciendo el esfuerzo necesario para alcanzar los objetivos que nos hayamos marcado, y si estamos exprimiendo nuestras cualidades al máximo (si eso es lo que buscamos).

No debes competir contra lo mejor de otros, sino contra lo mejor de ti.

Ellos también son humanos y seguro que a veces tienen problemas, dudas e inseguridades.

Es más que probable que en ocasiones estén tan hartos como tú, y que juren en Arameo como tú, y que golpeen el teclado como tú, y que aprieten los dientes,  y que se retuerzan el pelo y los dedos de los pies.

Y en esos momentos quizá lo único que los sigue impulsando son sus ganas, su entrega, su esfuerzo y su constancia.

Cada camino es inimitable y cada uno ha de recorrer el suyo propio.

No te lo pongas más difícil y empieza a disfrutar de tus logros en vez de envidiar los de los demás.

Puedes hacer muchas más cosas de las que crees poder hacer, tan solo necesitas encontrar la senda adecuada que discurrirá por allí donde se mueva todo aquello que te ilusiona.

Respira profundamente.

Sal ahí fuera.

Sonríe.

Conecta con la vida.

Busca tu ilusión.

¿Quieres ser auténtico?

¡Pues menéalo!

(El post ¿eh?)

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes

¿Te atreves a subir al barco?