Hace unos días he estado visitando A Coruña con mi amigo Ángel Alegre y esta foto que ves se corresponde con una zona de acantilados cercana a la ciudad donde las olas rompían con furia y el viento soplaba con fuerza. Me parece una buena metáfora que refleja cómo a veces nuestra marea interior choca una y otra vez contra la coraza externa creada por nuestros miedos.

Olas rompiendo en la roca

La zona de confort es aquella zona de nuestra experiencia en la que nos sentimos cómodos porque nos resulta conocida y en ella nos encontramos seguros y confiados, lo que hace que muchas personas no deseen salir de ella ya que esto supondría enfrentarse a lo desconocido y a la incertidumbre que ello conlleva.

Seguro que has escuchado alguna vez eso de que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Y esto es así porque solemos auto-imponernos barreras que normalmente tienen su origen en nuestros miedos. Temores que nos impiden hacer aquellas cosas que necesitamos o queremos hacer pero no somos capaces de llevar a cabo.

A pesar de que sabemos que permanecer en la zona de confort no es la mejor estrategia para progresar en la vida, nos resulta muy difícil afrontar el reto de salir porque eso supone arriesgar, y detrás del riesgo siempre está la incertidumbre, la incomodidad y el miedo a lo desconocido.

Estar dispuestos a abandonar lo que conocemos no resulta tarea fácil, pero reforzar la zona de confort permaneciendo dentro de sus límites es un camino bastante directo hacia la frustración y la infelicidad.

Lo que trato de decirte es que no podemos convertirnos en quien queremos ser y conseguir lo que queremos conseguir mientras permanezcamos haciendo lo mismo y de la misma forma.

Turistas Y Viajeros

Hasta ahora yo era de esas personas que viajan organizándolo todo con antelación. Buscando el transporte más adecuado, el alojamiento ideal, las mejores ofertas, programando visitas, itinerarios…etc.

Cuando se dispone de un tiempo limitado hacerlo así resulta necesario, por lo que conviene programar y estructurar el viaje para poder aprovecharlo de la manera más eficaz posible. Tenerlo todo organizado nos proporciona seguridad y certidumbre porque ponemos límites a los imprevistos.

Puede resultar entretenido y divertido, nos pasarán cosas inesperadas y viviremos muchas y buenas experiencias, pero estoy convencido de que no es ni de lejos la forma de viajar más enriquecedora.

Para aclarar lo que quiero exponer voy a diferenciar entre dos figuras, el turista y el viajero.

• El turista suele ser alguien que viaja con gente de su confianza y con el tiempo muy limitado, por lo que organiza sus viajes en función de ello para visitar los lugares más representativos de cada sitio. Sabe cómo, cuándo y dónde iniciará y terminará su viaje, y lleva consigo un itinerario que intenta cumplir al pie de la letra. El turista busca vivir experiencias desde la comodidad, la seguridad y la certidumbre.

• El viajero suele ser alguien que al llegar a su destino está dispuesto a dejarse llevar por sus deseos de aventura. No acostumbra a programar sus visitas y sabe su fecha de partida pero no la de regreso. También visita los lugares más representativos de cada sitio, pero sin olvidar que más allá de estos hay otros tanto o más interesantes por lo que le pueden aportar. Para él las mejores guías son los habitantes de la zona, y busca relacionarse y conocer de primera mano cómo es vivir en el lugar que está visitando.

Con esta distinción no trato de encasillar a nadie en una u otra figura porque en realidad se puede viajar combinando ambas. Tan solo la he hecho para hacerte ver que mi forma de viajar tiene más elementos de turista que de viajero y eso es precisamente lo que pretendo cambiar (aunque también he de reconocer que, cuando cae la noche, soy más viajero que turista 🙂 ).

Reventando la Zona de Confort

Lo que he decidido hacer es viajar reventando mi zona de confort y hacer honor a todo lo que planteaba hace un par de meses en mi artículo por cojones y sin política, el viaje existencial.

He optado por dejar mi coche en el garaje, he cogido una simple mochila donde cabe lo esencial, y me he lanzado a la aventura de viajar por España de una forma totalmente diferente de la que estoy acostumbrado.

Y será diferente, entre otras cosas, porque:

No iré acompañado de gente de mi confianza sino que empezaré solo (lo que luego suceda ya no lo sé).

 Sé cuando me voy pero no cuando regreso (aunque tengo una fecha límite si no quiero perder el trabajo 🙂 ).

 No seguiré itinerarios, guías, ni rutas predefinidas.

 Viajaré en transporte público o haciendo uso de servicios para compartir coche como Blabacar, Amovens o Carpooling.

 Me alojaré en albergues, hostales o casas de personas que residan en el lugar que visite.

Resumiendo, todo lo que me aleja de la figura del turista y me acerca a la figura del viajero.

¿Y por qué hago todo esto?

La respuesta es sencilla: porque siento que es lo que necesito hacer en este momento.

Soy una persona como cualquier otra y he tenido dudas, me han asaltado los miedo, y he buscado mil excusas para no llevarlo a cabo, pero me he dado cuenta de que éstos son exactamente los síntomas que se experimentan cuando se intenta romper con la zona de confort.

El compromiso y la determinación es lo que me ha hecho vencer todas estas reticencias y el convencimiento de que la recompensa que obtendré será mucho mayor que cualquier sacrificio o incomodidad que pueda presentarse.

Reventar mi zona de confort de esta forma me hará crecer y enriquecerme como persona, evolucionar conscientemente que diría mi amigo Javier Malonda, y eso para mí es muy importante porque es lo que quiero, lo que busco y lo que pretendo.

Éstos son mis argumentos y por ello no puedo más que recomendarte que salgas de tu zona de confort, y además lo hagas con frecuencia, porque sólo así tendrás acceso a aquellas oportunidades tras las que se esconden las mejores recompensas.

Y cuando esto sea publicado resulta que ya habré iniciado mi aventura y estaré repartiendo sonrisas por España.

¡Seguiré informando!

¡Nos Vemos!

 

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