El elemento

[Atardecer en el parque eólico del Alto da Gañidoira (Lugo)]

No existe una única forma de enfocar y de vivir la vida, y cada persona lo hace de un modo distinto en función de su experiencia e influencias. Sea cual sea la opción escogida todas resultan válidas, pero es en aquella en la que perseguimos la realización personal donde ha de estar presente ‘El Elemento’.

Durante estos días he estado leyendo en muchos blogs cómo sus autores hacían recopilaciones de los logros obtenidos durante el año recién concluido y fijaban sus objetivos para el nuevo que comienza. Conozco estos sistemas para tratar de alcanzar nuestras metas, y los he puesto en práctica en más de una ocasión, pero al final he decidido que este año no voy a hacerlo, porque hasta ahora nunca he obtenido buenos resultados.

Desde que recuerdo siempre me ha costado un mundo ahondar en mi interior, y en demasiadas ocasiones resulta todo un logro contestar a ciertas preguntas sobre mí mismo, sea yo u otra persona quién las plantea. Y lo mismo me pasa cuando intento acceder a momentos del pasado que se me hacen necesarios para proyectarme hacia el futuro.

Parece ser que mi parte emocional alberga algo en su interior que no gusta de la creación de listas de objetivos, y que consigue que realizarlas no me haya servido de mucho. Experiencias traumáticas, miedos, creencias, estoy seguro de que todo ello tiene algo que ver, y de ahí mi empeño por ahondar en el autoconocimiento como forma de avanzar para crecer y superarme.

Te estoy hablando de algo tan básico como complejo:

“Mi objetivo consiste en explorar el mundo y a mí mismo abriéndome de par en par a todo y a todos, viviendo de forma más creativa, intensa, y creo que mejor. Aprendiendo y explorando nuevas vías, y luchando contra el miedo que sé que se hallará presente. Avanzando  y creciendo como persona, evolucionando como ser humano, y contribuyendo a que tú también puedas hacerlo. En definitiva: aceptando el reto de descubrir todo lo que puedo llegar a ser.”

¿Básico?

Puede.

¿Genérico?

Seguro.

¿Indefinido?

También.

¿Contradictorio?

No lo creo.

¿Sirve para algo?

Desde luego.

¿Eficaz?

Ni de coña.

¿De qué carajo estás hablando?

Sigue leyendo…

El gusto por la lectura

Durante las últimas semanas he recuperado el gusto por la lectura, para mí fuente de muchos y muy buenos aprendizajes, y con ello he podido enriquecerme y estimular mi creatividad como hacía tiempo que no conseguía.

Lo último que he leído es lo que ha motivado la creación de este sensibilero post muy del estilo corazón partío de Alejandro Sanz. Se trata del libro ‘El Elemento’ de Ken Robinson.

Carátula libro El Elemento

¿Sigues ahí?

Eso espero, porque ahora viene lo de compartir contigo todo lo que he aprendido a través de la lectura de este libro, y que creo es mucho.

Acompáñame.

¿Qué es El Elemento?

Todos nacemos con determinados talentos naturales que nos hacen buenos desempeñando cierto tipo de actividades. A medida que crecemos y que pasamos tiempo en el mundo, solemos perder el contacto con ellos y se nos olvida que estos talentos están ahí. Es por eso que hay demasiada gente que nunca conecta con estas habilidades y, por tanto, no es consciente de lo que en realidad es capaz de hacer, y además muy bien.

El elemento es el punto de encuentro entre las aptitudes naturales (lo que se nos da bien hacer) y las inclinaciones personales (lo que nos gusta hacer).

Cuando somos capaces de encontrarlo, de practicarlo, y de hacer que fluya con naturalidad, es cuando sentimos auténtico placer con lo que hacemos.

Encontrar el elemento es imprescindible para alcanzar el bienestar y la verdadera realización personal, el auténtico éxito.

El problema radica en que muchas veces nuestra percepción es muy limitada en cuanto a nuestras capacidades naturales se refiere, y por eso no somos capaces de descubrirlo.

Normalmente desconocemos de lo que somos capaces, y no creemos en nuestro potencial para renovarnos, aprender y evolucionar.

No sabremos lo que podemos llegar a ser hasta que no sepamos lo que somos capaces de hacer.

Esto es lo que yo quería transmitir a las nuevas generaciones cuando me colé en el instituto donde cursé mis estudios, y les dejé este mensaje en el encerado (además de trasgredir las normas como también hacía por entonces).

Mensaje encerado

Características y condiciones de ‘El elemento’

Dos características principales:

Capacidad: es nuestra facilidad natural para hacer una cosa. Una percepción intuitiva o una comprensión de qué es algo, de cómo funciona y de cómo podemos utilizarlo. Es todo aquello que nos resulta fácil.

Vocación: es lo que nos gusta hacer, lo que nos atrae porque disfrutamos haciéndolo. Es todo aquello que nos apasiona.

Y dos condiciones:

Actitud: es la perspectiva personal que tenemos de nosotros mismos y de nuestras circunstancias. El ángulo desde el que miramos las cosas, como nos tomamos lo que nos sucede, nuestro punto de vista emocional. Simplificando: es el papel que creemos que desempeña la suerte en nuestra vida, aunque yo soy de los que piensa que tener o no suerte no depende de la casualidad, sino de la causalidad.

Oportunidad: si no se dan las oportunidades adecuadas es posible que nunca lleguemos a saber cuáles son nuestras aptitudes, o hasta donde podrían llevarnos. Estas aptitudes no llegan a hacerse patentes a menos que tengamos la oportunidad de utilizarlas, lo que nos lleva a que es muy posible (y sucede a menudo) que nunca descubramos cual es nuestro Elemento.

Hay que buscar constantemente, y hacer y probar cosas nuevas una y otra vez para así poder descubrirnos.

¿Qué te parece que estoy haciendo yo con este blog, calceta? (que conste que la calceta también la he probado 😉 ).

Buscando El Elemento

Ser buenos en algo, y que ese algo nos apasione, es imprescindible para encontrar el Elemento, pero no es suficiente.

Llegar hasta él depende mucho de la opinión que tengamos de nosotros mismos y de nuestra vida. Es una cuestión de actitud.

No es lo que nos pasa lo que marca la diferencia en nuestras vidas sino nuestra actitud ante lo que nos pasa.

La forma que tenemos de percibir nuestras circunstancias, así como la de crear y aceptar las oportunidades que se nos presentan, depende en gran medida de lo que esperamos de nosotros mismos, de lo que creemos que somos capaces de hacer.

El camino pasa por cuestionar todo aquello que damos por sentado acerca de nuestras habilidades y las de los demás, solo así nos daremos la oportunidad de experimentar con cosas que pensamos que no podemos hacer, y eso aumentará enormemente las posibilidades de hallar nuestro Elemento.

Una forma de abrirnos a nuevas oportunidades es hacer esfuerzos deliberados por mirar de un modo distinto las situaciones cotidianas. Al hacerlo podremos ver que el mundo está lleno de innumerables posibilidades, y aprovechar alguna de ellas si nos parece que merece la pena.

Un día decidí acercarme a un desconocido e interesarme sinceramente por su vida, sin miedo y sin prejuicios, y lo que descubrí es que, como tantas otras veces, las cosas no son lo que parecen ser (y las palomas tampoco).

Nosotros configuramos las circunstancias y las realidades de nuestra vida, y también podemos transformarlas.

En cualquier periodo de nuestra vida podemos tomar nuevas direcciones. Tenemos la capacidad de descubrir nuestro Elemento a cualquier edad. Como dijo Sophia Loren:

“Existe la fuente de la juventud: se trata de tu mente, de tus talentos, de la creatividad que lleves a tu vida y a la de aquellos a los que amas. Cuando aprendas a conectar con esa fuente, habrás vencido a la edad.”

La Zona

Cuando estamos haciendo algo que nos encanta, y perdemos de vista el resto del mundo, estamos en la zona. El tiempo se distorsiona y vuela, convirtiendo las horas en minutos. Las personas que han encontrado el Elemento, cuando lo desarrollan, se encuentran en ese lugar.

Una de las señales más significativas de que estamos en la zona es la sensación de libertad y de autenticidad. Cuando hacemos algo que nos gusta y que se nos da bien, tenemos muchas más probabilidades de centrarnos en ser quienes creemos ser.

Cuando estamos en nuestro Elemento, sentimos que estamos haciendo lo que se supone que tenemos que estar haciendo, y siendo lo que se supone que tenemos que ser.

Las actividades que nos gustan nos llenan de energía incluso cuando estamos agotados físicamente.

Las actividades que no nos gusta hacer nos agotan en poco tiempo, incluso si las abordamos en buenas condiciones físicas.

La energía mental es lo que marca la diferencia, y sube y baja según la pasión y el compromiso que pongamos en lo que estemos haciendo en ese momento.

¿Recuerdas ese viaje que estabas disfrutando tanto que, a pesar del esfuerzo físico y el poco descanso, eras capaz de seguir y seguir sin agotarte?

¿Te das cuenta de que, cuando realizas un esfuerzo similar en tu vida cotidiana, al segundo día ya no puedes ni con los zapatos?

En el primer ejemplo estamos en La Zona, y es nuestra energía mental la que consigue que parezcamos el Conejito de Duracell, que sigue, y sigue, y sigue…

El Miedo

El miedo, la desconfianza en uno mismo, y la desaprobación de los demás, son quizá los obstáculos más comunes para encontrar el Elemento.

El miedo social es el miedo a la desaprobación, y a que nuestro entorno descubra lo que realmente queremos.

Muchos se creen en el derecho de decirte que es lo que deberías hacer o no con tu vida, cuando eso es algo que solo deberías de decidir tú.

Las obligaciones sociales, las expectativas de los demás, y su desaprobación, suelen poner límites a nuestros deseos y ambiciones, y desviarnos de nuestro camino a la realización personal.

Muchas personas no encuentran el Elemento porque no tienen la confianza o el estímulo necesarios para salir fuera de su círculo de relaciones (soy un experto en esto, créeme).

La mayoría de la gente que se preocupa por ti quizá te diga que lo hace por tu propio bien, porque creen saber lo que es mejor para ti. Pero ellos no saben cómo te sientes, porque eso solo lo sabes tú.

Tampoco saben (o no les importa) si te vas a sentir realizado o no con lo que te proponen, con ese camino que ellos creen bueno y seguro.

Son muchos los que son capaces de vivir de esta forma, que se someten y siguen las pautas que les marcan, soportando la infelicidad que se deriva de no perseguir lo que realmente desean (si es que lo saben). Rehuir el enfrentamiento parece lo más sencillo para llevar una vida tranquila y sosegada pero ¿qué ocurre con esa sensación de insatisfacción que por mucho que ignores siempre regresa? (en esto también soy un experto).

No resulta nada fácil pero a veces hay que salir del entorno, apartándose de la familia o los amigos que buscan nuestro bien para poder llegar a descubrir el Elemento, y llegar a ser quién necesitamos ser.

Es el camino menos cómodo, y siempre comporta el precio de tener relaciones problemáticas con nuestros allegados pero, a la larga, confío en que la recompensa lo merece.

Yo ya voy por el enésimo asalto, encajando golpes, pero en pie y dispuesto a seguir luchando.

¡No me mires!

¡Únete!

Y repite conmigo:

¡Viva yo y la madre que me parió!

Y Qué Más

Pues claro que hay más, ¿pensabas que te iba a dejar con esa cara de susto después del soberano tostón que te acabo de soltar?

¡Va a ser que no!

Para que te relajes un poco y vayas asimilando tanta parafernalia (y porque soy un cachondo), he pensado en que quizá tengas dudas acerca de si soy yo quién hace las increíbles fotos dignas de un profesional que cuelgo en mis post (espero que mi amiga Kate no quiera estrangularme por tan tremendo desatino 🙂 ).

Pues sí ¡presente!

Y con un miserable móvil con dos años a sus espaldas (pero lo cuido bien que conste).

Ya te expliqué en otra publicación como me lo guiso y me lo como para conseguirlo, pero hoy voy a ir un poquito más allá, y voy a proporcionarte la prueba de que he sido yo quién ha hecho la foto.

Aquí tienes el vídeo del momento preciso que se ve en la imagen y, aunque no se aprecian bien mis rasgos (el móvil tiene sus limitaciones), confío en que por lo menos puedas distinguir mi inconfundible contorno o, en última instancia, reconozcas mis pelos de Chiquilicuatre.

¿Te vale?

¿Pues a qué estás esperando?

Menéalo

 

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes

¿Te atreves a subir al barco?