Hoy voy a hablarte de un verdadero año de aprendizaje y vida, porque ese es el tiempo que llevo escribiendo en este blog, y porque me apetece compartir contigo algunas de las opiniones que me he formado al respecto. Es un buen día, ¿damos un paseo?

Puesta de sol

[Éste es el nuevo eslogan que se me ha ocurrido para la ocasión, sin duda una de mis más valiosas lecciones aprendidas]

El 20 de marzo de 2013 fue la fecha que escogí para publicar mi primer artículo ‘Al otro lado‘ en este blog. Si todavía no lo has leído, puedes pasarte y echarle un vistazo, te aseguro que no tiene desperdicio y que, si me sigues con regularidad, notarás cierta evolución en mi estilo (espero que para mal 😉 ).

Desde entonces he escrito un total de 84 artículos y me han pasado infinidad de cosas, pero no voy a ponerme a repasar cifras ni a comparar estadísticas a modo de recopilación de datos o logros, porque ni este blog va de eso, ni es algo que pegue conmigo.

Sin embargo sí que quiero hablarte de alguna de las cosas que he aprendido durante este verdadero año de aprendizaje y vida.

Contando Historias

Existen muchos motivos por los que la gente comienza a escribir en un blog, al igual que también pueden ser muy diversos los objetivos que se persiguen haciéndolo, y en mi opinión, sea lo que sea lo que nos mueve me parece perfectamente válido.

Unos pueden planteárselo como creación de una marca personal que les sirva de base como futura fuente de ingresos; quizá otros busquen reforzar su ego, satisfacer su necesidad de relevancia o su afán de protagonismo; algunos puede que simplemente quieran comprobar lo que les aporta y ver de lo que son capaces, viendo las puertas abrirse y cerrarse y los caminos aparecer y desaparecer; incluso puede que haya quién simplemente desea maldecir al mundo.

Nos demos cuenta o no, detrás de todas nuestras conductas siempre existe algún motivo que nos lleva a realizarlas, la clave está en si somos conscientes o no de cual es ese motivo.

En mi caso, antes de empezar a publicar, me planteé cuales eran los míos, y es lo que plasmé en mi segundo artículo titulado ‘Tu mirada me hace grande‘. Creo que lo resumo bastante bien cuando digo que: este blog va de experimentar, de aprender y de compartir todo aquello que me llevará a descubrir de lo que soy capaz.

En contra de lo que algunos piensan, no es necesario fijarse metas específicas (con brazos, piernas o rabos),  ni hacer listados de consecución de objetivos y otras mierdas para escribir un blog, ni para continuar haciéndolo hasta que nos apetezca (sean 6 meses, un año o hasta que la muerte nos separe).

La diferencia a la hora de enfocar los motivos por los que empezamos con un blog, radica en qué entendemos unos y otros por éxito, en qué es lo que consideramos importante, en qué es lo que nos satisface y en cual es la forma que tenemos de perseguirlo.

Está bastante claro que si escribimos y publicamos lo escrito en internet, es con la intención de que alguien lo lea, lo que pretendemos obtener haciéndolo ya entra dentro de la especificidad de cada uno (independientemente de que seamos o no conscientes de ello).

Me parece igual de lícito escribir con el objetivo de crear una marca personal con el fin de obtener un futuro beneficio (económico o de otra clase), que hacerlo sencillamente por aprender y compartir, o por pasatiempo y diversión, o incluso que hacerlo sin esperar absolutamente nada que nos podamos haber planteado previamente.

No me cansaré de repetirlo: todo, absolutamente todo lo que hacemos, cuenta.

Y es por eso que da igual si escribes sobre que eres feliz porque sí o sobre tu momento zen, si lo haces sobre comportamiento humano o sobre crecimiento personal, sobre cuando te meabas en la cama o te masturbabas en clase de biología, o sobre como tatuarse el coño con la cara de Homer Simpson.

Tatuaje de Homer Simpson

Todo es válido, todo aporta, todo cuenta, la única diferencia está en qué es lo que pretendes conseguir con ello.

Y sea cual sea el motivo por el que has empezado un blog, no permitas que nadie te diga que no sirve, que no aporta valor o que nunca va a llegar a nada porque: ¿qué es lo que aporta valor?, ¿acaso es lo mismo para todos?

Estoy más que seguro de que no, lo que me lleva a plantear ¿quién es el listo que puede presumir de saber lo que es valioso para los demás?

A mí ya me puedes ir borrando de la lista.

Quizá lo que estoy escribiendo te resulta valioso porque te identificas con lo que digo, o porque aprendes algo, porque te hace reflexionar o porque te resulta divertido, o quizá simplemente te dan ganas de imprimir mis artículos para limpiarte el culo con ellos, puede que lo valioso para ti sea eso, ¡y ahí está la gracia!

Aportando Valor

El simple hecho de sentarte a escribir para publicar puede ser de por sí muy valioso, por todo lo que te aportará en cuanto a conocerte y a saber de lo que eres capaz. Luego, cuando esas letras vean la luz, se pondrá en funcionamiento la compleja maquinaria universal que hace que todo lo que vaya a suceder a partir de ese momento resulte incierto.

Quizá hayas escrito sobre por qué crees que la gente debe compartir su mundo y abrir su blog, y de repente te encuentres con que, desde el otro lado del planeta, una madre te hace llegar su conmovedora historia y la de su hijo.

Puede que estés escribiendo sobre como buscando tu camino construyes tu futuro, y al hacerlo descubras que lo realmente importante a la hora de alcanzar una vida más plena, está en el hecho de perseguirla, en la búsqueda permanente del crecimiento interior, en vivir experiencias, en buscar hacer siempre cosas nuevas, en ser curioso, en aprender, en tener proyectos, planes, deseos, en cualquier cosa que contribuya a mantener la ilusión.

Quizá estés comiendo a solas en un restaurante, y al observar a una familia que se ha reunido, te des cuenta de cual es el verdadero tiempo vivido, de que si no estás haciendo que la vida de alguien sea mejor estás desperdiciando tu tiempo, o de que el único destino que existe es el que nosotros mismos nos construimos.

Puede que dediques un post a la autenticidad, porque honestamente estás convencido de que lo mejor a la hora de escribir es ser auténtico, lo cual significa para ti ser consciente de lo que tienes y de lo que te falta, de tus virtudes y de tus defectos, de tus creencias y de tus prejuicios, de tus cualidades y de tus limitaciones, sin importarte en absoluto mostrarlas al mundo tal y como tú las percibes.

Quizá un día regreses de un viaje  en el que has hecho saltar tu zona de confort por los aires, y conocido de paso a un montón de personas extraordinarias, y te encuentres con que no eres capaz de escribir una sola palabra, porque tu mente es un torbellino de incongruencias que te confunden y te hacen sentir perdido, pero al tratar de vencer ese bloqueo descubras que lo importante no es lo que nos pasa sino cómo nos lo tomamos.

Puede que leas un libro que te enseñe tantas cosas que decidas dedicarle un artículo, porque para ti es importante compartir lo que aprendes por si puede ayudar a otros, y porque consideras que encontrar el elemento es el secreto de la verdadera realización personal.

Quizá hayas visto más dolor y muertes de las que hubieras deseado, y eso te haga tener una sensibilidad especial hacia el sufrimiento, y además te conduzca a escribir sobre por qué crees que el dolor y el placer son las dos fuerzas que dirigen tu vida, ya que estás convencido de que todo lo que haces es por una necesidad de evitar dolor, o por un deseo de obtener placer.

Puede que una mañana, mientras estás esperando a alguien sintiendo el frío del invierno, observes una telaraña congelada, y se te ocurra que los seres humanos también tenemos nuestra propia telaraña, que adopta la forma de nuestras relaciones con los demás, y eso haga que reflexiones sobre por qué la verdadera educación no está en las aulas, y descubras lo importante que es disfrutar con todo lo que hagas.

Quizá un día, mientras paseas por el campo, al pasar tu mano por la verde y crecida hierba, te des cuenta de la importancia de las relaciones humanas, y de que, en el fondo, son las relaciones con las personas lo que da sentido a la vida.

Puede que tengas algunos días en que te encuentres triste y decaído, y que no hagas más que encontrarte con mensajes que te dicen lo malo que es que te sientas así. Sin embargo tú te revelas contra ello, porque crees firmemente en que tienes derecho a sentirte como te de la gana, y porque estás convencido de que la vida te sonreirá cuando dejes de pensar que es una mierda, empezando por aceptar en todo momento lo que viene.

Quizá una tarde, dando un paseo, veas una puesta de sol que te haga sentir afortunado por existir, y que te apetezca compartir con el mundo los motivos por los que crees que practicar la gratitud puede mejorar tu vida y la de muchas personas, porque en ese momento te has dado cuenta de que, si esperas despertar cada mañana, es poco probable que te sientas agradecido por estar vivo.

Puede que un día hayas programado un artículo sobre un tema determinado, y al levantarte te des cuenta de que piensas que es una mierda, porque crees que no va a servir para nada, y que en ese momento lo que te apetezca es contar al mundo cual es tu ABC de la vida, porque te sale del alma y porque sientes que, en ocasiones, no ser como otros esperan, es lo mejor que te podría estar pasando.

No dejes que nadie te diga lo que tiene valor y lo que no, en realidad nadie lo sabe.

Lánzate sin más, ofrece lo que tienes, genera posibilidades.

Abre tu blog por el motivo que te de la gana, escribe en él lo que te de la gana, y ciérralo cuando y como te de la gana.

¡ESO ES VALOR!

 

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes

¿Te atreves a subir al barco?