Aceptando el mundo tal y como es, los hechos tal y como se producen, y tus circunstancias tal y como se presentan, comienzas a cambiarlo, porque de esta forma influirás conscientemente en cómo lo percibes, y también en la manera que tienes de construir tu realidad.

Mensaje en una pared

Paseando una tarde por Madrid en compañía de mi amiga Andrea Moreno nos topamos con este mural pintado en una pared cuyo mensaje llamó mi atención porque primero, estoy de acuerdo con lo que sugiere, y segundo, pensé que sería un buen tema sobre el que reflexionar en este blog así que…

¡Allá voy!

Aceptando el mundo

La clave para comenzar a analizar el significado de que aceptando el mundo comienzas a cambiarlo reside en la pregunta:

¿Qué es lo que nos sugiere?

La respuesta a esto es altamente subjetiva, ya que depende principalmente de la interpretación que cada cual le de a la frase, lo cual a su vez irá en función de su modelo del mundo acorde a sus experiencias.

Y esto es así porque cada uno de nosotros tenemos un modelo diferente lleno de peculiaridades que lo hacen exclusivo. Y es que no solo creamos nuestra realidad en base a nuestras capacidades para percibir todo lo que nos rodea, sino que también lo hacemos en función de nuestras opiniones, creencias y convicciones.

Lo que a mí me sugiere dicho mensaje es que la aceptación de la realidad y de los hechos tal y como se nos presentan, resulta fundamental si lo que queremos es abrir la puerta al cambio.

La aseveración de que aceptando el mundo comienzas a cambiarlo no se refiere a que cambias el mundo externo, sino a que lo haces con tu modelo del mundo, lo cual a su vez tendrá una indeterminada repercusión en todo lo que te rodea.

Como te he comentado en alguna publicación anterior, el primer y más importante paso a la hora de pretender cambiar cualquiera de nuestros comportamientos es la obviedad de darnos cuenta de que existe, y el segundo pasa por reconocerlo y aceptarlo tal y como es, siendo a través de este reconocimiento y aceptación que comienza nuestra predisposición al cambio, si es lo que buscamos.

Para seguir con el proceso de cambio, luego viene la comprensión del para qué de ese comportamiento, es decir, de entender el motivo por el que se produce y el objetivo que persigue (que lo tiene), y de comprender su funcionamiento y mecanismos para, a partir de ahí, adoptar las estrategias que sean necesarias para influir en él, o hacer que desaparezca.

El Pasado y El Cambio

Escaleras decoradas

[Escalinata decorada con colores y mensajes en Gijón (España)]

Hace tan solo unos días que he tenido el privilegio de conocer en persona a una mujer extraordinaria que se hace llamar Anina Anyway, y durante una de nuestras muchas y muy largas conversaciones surgió la cuestión siguiente:

¿Si tuvieses el poder de cambiar algo de tu pasado lo harías?

No es la primera vez que me planteo (o plantean) esta pregunta, y mi respuesta siempre ha sido hasta el momento la misma:

No cambiaría nada de mi pasado porque soy lo que soy ahora gracias a lo que me ha sucedido antes.

La réplica a mi respuesta está en cuestionarme si es que estoy muy orgulloso de como soy ahora, o si creo que no podía haberlo hecho mejor, o si no desearía ser mejor de lo que soy.

Pues bien, para mí el hecho de que pudiese alterar algo de mi pasado que considerara negativo o mejorable, implica que se alteraría también, y de una manera incierta, todo lo que vino después, con lo cual resulta imposible predecir si eso desembocaría en algo mejor, o en lo contrario.

Te expongo un caso real:

“Sergio tiene 18 años y está atravesando por muy malos momentos en su vida. Su padre es alcohólico, autoritario y agresivo, y le pega con frecuencia tanto a él como a su madre. 

Una tarde su padre regresa a casa borracho después de derrochar todo su dinero en alcohol y apuestas, reclamando violentamente a su madre más dinero para seguir gastando. Ella se lo niega y entonces él va a buscar un cuchillo a la cocina dispuesto a sacárselo con sangre. Sergio se interpone y propina un puñetazo a su padre en el estómago, lo que le da el tiempo suficiente para escapar con su madre y encerrarse en una habitación. Su padre les persigue y, antes de que pueda llegar la policía que Sergio ha avisado por teléfono, consigue abrir la puerta y apuñalar a su madre en el corazón, lo que le provoca la muerte. El padre de Sergio es detenido, juzgado y sentenciado a varios años de cárcel, pero Sergio siempre se reprochará a sí mismo el no haber clavado el cuchillo a su padre y haber acabado con su vida, antes de que éste pudiera matar a su madre, lo cual le conduce hacia una espiral de autodestrucción que le sumerge en una existencia absolutamente miserable y vacía.”

Imaginemos ahora que Sergio pudiese alterar su pasado y que pudiese ver cumplido su deseo de haber matado a su padre. Una de las opciones posibles bien podría ser la que sigue:

“Cuando su padre amenaza a su madre con el cuchillo Sergio se interpone, le arrebata el cuchillo y se lo clava en el corazón causándole la muerte. Por este hecho es acusado de homicidio con atenuantes y sentenciado a varios años de prisión. Durante su estancia en la cárcel Sergio cae en barrena y acaba muerto al suicidarse colgándose con unas sábanas anudadas por él mismo. Su madre no puede soportar la carga de su muerte y cae en una fuerte depresión, que también acaba con su muerte después de tomar una sobredosis de barbitúricos.”

Éste es tan solo uno de las muchos resultados posibles que podrían tener lugar si Sergio pudiese alterar su pasado dando forma a sus deseos, y por supuesto que los hay mejores, pero lo que quiero que comprendas con este ejemplo es lo que plantea la siguiente pregunta:

¿Acaso existe algo que pueda garantizarte que cambiar la conducta o hecho de tu pasado que anhelas cambiar mejorará el resultado o sus consecuencias?

Deja que te lo diga…

NADA.

Y teniendo en cuenta el hecho de que por ahora resulta imposible alterar nuestro pasado, con lo cual anhelar algo irrealizable no hace más que perjudicarnos, considero que la mejor actitud que podemos tomar ante nuestra historia es aceptarla, olvidándonos de reproches, remordimientos o lamentos que lo único que nos aportan es frustración y resentimiento, tanto hacia nosotros mismos como hacia los demás.

Lo realmente sano y positivo, lo que realmente nos sirve porque nos ayudará a ser más fuertes y a crecer, es asumir los hechos y sus circunstancias, es aceptar el mundo como es, y aceptar como ha sido nuestra historia dentro de él.

Partiendo de esta aceptación, estaremos en predisposición de sacar conclusiones acerca de las lecciones que todas nuestras experiencias nos hayan podido aportar, con el fin de mejorar nuestras vidas ahora y a partir de aquí, pero no antes.

¿Que hubiera sido de Sergio si hubiese aceptado los hechos y asumido sus consecuencias, dejando de reprocharse su conducta?

Te dejo a ti la respuesta.

En palabras del emperador Marco Aurelio:

“La vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella. Tienes poder sobre tu mente, no sobre  los acontecimientos externos. Date cuenta de esto, y encontrarás la fuerza.”

Y ahora dime:

¿Aceptas tu pasado o anhelas poder cambiarlo?

 

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes

¿Te atreves a subir al barco?