Manos hermanas

[Foto tomada de manera causal en el paseo del Tajo (Lisboa)]

La causalidad es una constante omnipresente, una verdad universal impredecible que escapa a nuestro control. Rige nuestras vidas y no podemos escapar de ella. Abre los ojos, despeja la mente y descubre hasta que punto somos esclavos de la causalidad.

Según la Real Academia Española de la lengua (RAE para los amigos):

Causalidad.

(De causal).

1. f. Causa, origen, principio.

2. f. Fil. Ley en virtud de la cual se producen efectos.

La Wikipedia define la ley  de la causalidad a la que se refiere la RAE en el segundo apartado, como la relación entre un evento (la causa) y un segundo evento (el efecto), en la cual el segundo evento se entiende como una consecuencia del primero. 

Este planteamiento no resulta demasiado complejo si solo consideramos una causa y su efecto, ya que son tres las condiciones de la Ley:

1- A (causa) sucede antes que B (efecto).

2- Siempre que suceda A, sucede B.

3- Si no sucede B, entonces no sucede A.

Sin embargo, y saliéndome de lo que esta Ley formula, el asunto se complica enormemente si tenemos en cuenta que en la vida cotidiana las cosas no suceden de manera aislada, sino que unas están ligadas a otras en un proceso de interacción y correlación, es decir, para que se produzca un determinado efecto puede ser necesaria una concatenación de causas, seguidas de sus correspondientes efectos, que a su vez son causas de efectos posteriores.

Y con este genial comienzo, y para intentar que no imprimas este artículo en papel con fines escatológicos, introduzco aquí un toque audiovisual la mar de relajante y sugerente, donde se muestra la perspectiva que tiene de la causalidad el personaje de Merovingio en la película Matrix Reloaded.

El personaje de Morfeo defiende que todo comienza con una elección, lo cual según Merovingio es absolutamente falso, afirmando éste que la realidad que subyace y que pretendemos ocultar es que carecemos de todo dominio.

La causalidad es la única verdad universal omnipresente, no podemos escapar de ella y ésto nos convierte en sus esclavos eternos.

Acción→Reacción / Causa→Efecto

Es una interesante perspectiva que voy a intentar seguir desgranando.

Casualidad vs Causalidad

La RAE define Casualidad como: “Combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar”. Lo cual no excluye que estas circunstancias se dividan en causas y efectos, es decir, en causalidades.

Sin embargo en el entendimiento popular asociamos el concepto de casualidad con hechos que se producen por azar o de una forma meramente fortuita.

Desde esta perspectiva para mí la casualidad no existe, porque considero que cualquier suceso o efecto deriva siempre de una causa, o de una concatenación de causas, convirtiéndose además el propio efecto en causa de efectos posteriores (sí, me he repetido, todo sea para retener el concepto 🙂 ).

Y por las mismas razones tampoco existe el azar.

Ante esta afirmación puede que hayas pensado en alguno de los denominados “juegos de azar” como pueden ser la ruleta o los dados, pues no, estos juegos tampoco se escapan a la causalidad.

Puedes lanzar unos dados al aire, o una moneda, que el resultado que se produzca tiene muy poco que ver con el azar o la fortuna, ya que dependerá básicamente de una serie de circunstancias que se apoyan en leyes físicas, y que influyen de forma determinante para que ese resultado se produzca, variando de un lanzamiento a otro.

Los sucesos no han de considerarse de manera aislada, ya que de una u otra forma todo está conectado entre sí.

Repito de nuevo…

Todo efecto tiene su causa (o causas), y toda causa tiene su efecto (o efectos), siendo al mismo tiempo la causa un efecto de causas anteriores, y el efecto una causa de efectos posteriores.

Y después de soltarte tan tremenda retórica que hasta a mí me provoca un poco de risa no-floja, voy a intentar ablandarte otra vez la lectura con una escena de la magnífica película El curioso caso de Benjamin Button, que lo explica de una manera mucho más eficaz.

Aquí la tienes:

¿Esclarecedor verdad?

En este ejemplo lo que muchos se atreverían a calificar de casualidad o mala suerte, es sin embargo una concatenación de sucesos que conducen a un resultado, y la sola alteración de uno de ellos sería suficiente para que se diese un resultado diferente, y no solo en la vida de la protagonista, sino en las vidas de todos los implicados.

Como dice Benjamin:

La vida es como es, una serie de vidas cruzadas e incidentes que escapan a nuestro control.

Esclavos De La Causalidad

Después de ver el vídeo…

¿No te has planteado lo conectados que estamos?

¿Lo complejo e impredecible que es el mundo en que vivimos?

¿El poco control que tenemos sobre lo que sucede?

¿Lo esclavos de la causalidad que somos?

Y ahora que lo piensas tengo una pregunta para ti sobre la escena…

¿Podrías decirme quién es el responsable del atropello?

Puede que sea el taxista que se distrae en el último momento pero resulta que, de una manera inconsciente por supuesto, todos y cada uno de los personajes que aparecen son responsables, porque si pudiésemos alterar cualquiera de sus comportamientos el atropello no se hubiese producido (en ese momento claro, lo que sucedería después de cualquier cambio es impredecible).

[Como curiosidad relacionada decir que, en el ámbito de la justicia, existe una figura que encaja con lo que planteo a la que se denomina “colaborador necesario”, es decir, alguien cuya intervención resulta imprescindible para que el hecho haya tenido lugar.]

¿Y te das cuenta de que ésto está sucediendo constantemente y en todas partes?

Impresiona solo pensarlo.

Intento resumir toda esta paranoia argu-mental en una frase:

Me la invento más tarde.

Estaba de broma.

Es algo como:

La seguridad no existe, la vida es incierta e impredecible y nuestra influencia sobre lo que acontece es mínima.

La Causalidad, el Elogio y el Reproche

Resulta bastante frecuente atribuir méritos (o deméritos) de cosas que nos pasan, a personas que tan solo forman parte de una innumerable cadena de acontecimientos que han sido necesarios para que se produzca ese resultado que le atribuimos.

Y para ilustrar esta afirmación se me ocurre un ejemplo relacionado con el hecho de que escribo en un blog (y participo de otros), y que denota el cómo obviamos el poder de la causalidad.

Te hablo de por ejemplo cuando alguien lee un libro, un artículo, o lo que sea, y agradece a su autor el haberlo escrito argumentando que le ha cambiado la vida, atribuyéndole el mérito de ese punto de inflexión existencial.

Si lo analizamos un poco esa exclusiva atribución resulta bastante absurda, porque deberíamos tener en cuenta factores como:

         Todas las circunstancias que se han tenido que producir para que el autor termine creando y publicando el texto.

         Todas las circunstancias que se han tenido que producir para que ese texto llegue al lector.

         Todo el equipaje en forma de conocimientos y experiencias que carga la persona, y que le ha permitido interpretar la lectura con ese resultado.

Y puedes argumentar que si el autor no hubiese escrito el texto, no habría cambio existencial porque la persona no habría podido leerlo.

Bien por ti en cuanto a que es cierto que no habría podido leer ese texto, ya que no existiría, sin embargo eso no implica en absoluto que no pudiera producirse el mismo efecto en base a otras circunstancias.

Te lo digo de otra forma.

Estoy seguro de que ese texto ha llegado a muchas personas a las que no les ha cambiado la vida, porque no lo han entendido, porque no están de acuerdo, porque les resbala, o por lo que sea.

El mensaje es el mismo para todos sin embargo produce efectos diferentes en cada persona ¿dónde reside entonces esa diferencia?

Lo que trato de decirte es que lo que verdaderamente ha posibilitado el cambio no ha sido ni el texto, ni quién ha escrito el texto, sino la predisposición de quién lo ha leído, lo único sobre lo que todos podemos ejercer una verdadera influencia.

Partiendo de esta perspectiva, lo primero es atribuirnos a nosotros mismos la responsabilidad (en este caso mérito) de nuestros comportamientos (en este caso logros).

Por supuesto que agradecer a los demás es algo muy positivo, y sin duda repercute en nuestro propio beneficio (soy todo ojos y oídos), pero empezar por valorarnos a nosotros es la base para poder hacerlo con los demás, y por descontado lo que más va a aportarnos.

Cuantas veces hemos pensado ante algo que ya ha sucedido: “es que si no hubiera hecho eso” o “es que si hubiera hecho lo otro”, cuando la realidad es que no tenemos ni idea de lo que hubiera podido pasar a partir del momento en que hubiésemos cambiado nuestras decisiones.

Cuantas veces hemos atribuido méritos a otros, o incluso les hemos idolatrado, cuando nosotros somos los principales responsables de todos nuestros logros.

Y no me estoy refiriendo a que solamente nos atribuyamos méritos sin hacernos responsables de los errores que podamos cometer (poniendo como excusa la causalidad), sino más bien de todo lo contrario.

Te estoy hablando de aceptar la realidad y nuestras limitaciones en cuanto a lo que podemos influir en ella, SÍ, pero también de aceptar nuestras capacidades y el gran poder de influencia que tenemos sobre nuestros comportamientos y actitudes.

No podemos predecir ni controlar las circunstancias externas, y nuestra influencia sobre ellas es mínima, sin embargo sí que podemos predecir e influir en nuestras circunstancias internas, en nuestro mundo interior, siendo conscientes de lo que sucede, de cómo sucede y de para qué sucede.

Los aspectos negativos los dejo para otro día, hoy quédate con este mensaje:

Si quieres reprocharte algo, que sea el elogiarte poco.

– – – – –

Y con toda esta disertación no pretendo desentrañar los misterios de la realidad, el funcionamiento del mundo, o despejar toda duda sobre cómo funciona la mente humana, sería un poco osado por mi parte, aunque tengo que decirte que suelo osar muy bien y con frecuencia.

Y también es cierto que podría seguir profundizando y matizando sobre este tema, pero es que no quiero trastornarme (aún más si cabe), y acabar siendo la causa de algún efecto a priori no deseado (la leche como estoy ya).

Lo que realmente pretendo con este artículo es estimularte donde más te gusta y eso, querido lector/a, lo decides tú, aunque el hecho de que estés leyendo este texto lo haya decidido la causalidad.

¿Eres consciente de ello?

 

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes

¿Te atreves a subir al barco?