A veces es posible que, como yo en este mismo momento, no hayas cumplido por diversos motivos con la insaludable ambición (o compromiso) de escribir un artículo para tu blog. No te sientas mal por ello, es algo muy frecuente y con muy fácil y rápida solución.

Sala de publicación

Para publicar un artículo (espectacular diría yo) solo tienes que seguir los treees siguientes paaasos:

Paaaso 1: te levantas.

Paaaso 2: te sientas.

Paaaso 3: lo cuentas.

El paaaso 1 y paaaso 2 ya son cosa del pasado porque estoy transitando de lleno por el paaaso 3, pero para que esto te mantenga ocupad@ un mínimo de tu tiempo (si así lo decides), se hace necesario que te lo detalle un poco más, es la única forma de que, con toda probabilidad, este artículo te resulte más que útil.

Eso sí, para hacer algo como esto, probablemente tengas que pasarte por el fooorro tu estilo habitual a la hora de escribir, dejarte de florituras estructurales, y sobretodo renegar ampliamente de la voz interior que repite pesadamente en tu cabeza que estás perdiendo el tiempo escribiendo paridas que no interesan ni ayudan a nadie, y que estarías mejor tomando un café en el centro comercial, leyendo la prensa y admirando especímenes hum-anos recurrentes.

Paaaso 1: Me Levanto

Suena el despertador a las nueve y media de la mañana, y lo primero que pienso es en qué día estoy. En unos 5 segundos resuelvo la incógnita, y selecciono la repetición de alarma en el móvil para 10 minutos más tarde. Me doy la vuelta y empiezo a pensar en que debería de haber publicado hace ya media hora, pero enseguida se me pasa y me vuelvo a dormir.

Suena el despertador otra vez y, sabiendo ya el día que es, decido anular la alarma y seguir en la cama. Eso sí, conecto primero el wifi por si me han reclamado del Centro Nacional de Inteligencia, y luego me dejo adormecer de nuevo.

Cuando despierto son las 10.22, pienso en que ya es hora de cambiar el mundo en otra postura, y me levanto como un rayo humano. Subo la persiana y compruebo que hace un hiriente sol, y que ha caído la primera gran helada del invierno. Voy al baño, me miro al espejo, me peino las greñas para poder mear guapo, y después meo.

Mientras vacío la vejiga, escucho de banda sonora el kikirikeo del gallo que me da por saco muchas mañanas, y pienso en la frasecita de “en menos de lo que canta un gallo”, lo cual relaciono al instante con que estaría cojonudamente bien poder escribir algo antes de que el encrestado se calle.

Me lavo la cara con agua fría, escruto de cerca mi face en el espejo recordando que he quitado la luz de encima para intentar evitar el purgamiento de granos obsesivo, me pongo un poco de aloe vera en las bolsas (las de debajo de los ojos), me peino de nuevo, y me considero preparado para poner la lavadora.

Me voy a la cocina, meto la ropa en la máquina de lavar (es por no repetir), pongo el suavizante por aquí, el detergente por aquí también, la toallita absorbe colores, el programa 1 de la ropa coloreada (por no repetir también) con agua fría, y la pooongo en marcha (de lo cual me arrepiento en este mismo momento porque está a tope de revoluciones dándome por saco mientras escribo). Cojo una taza, añado leche de avena y la meto un minuto y medio al micro, mientras pelo (de pelar) dos dientes de ajo negro y me los como, bebiendo a morro de una botella de agua como acompañamiento.

Apago el micro antes de que termine por sí solo, porque los jodidos 5 pitidos estridentes que sonarían me ponen de los nervios. Saco la taza de leeeche caliente y le añado una cucharada generosa de cacao en polvo (me acabo de levantar a hacerle una foto al paquete para ponerla debajo de este párrafo estimulando así tus hábitos alimenticios saludables, y de paso he sacado la ropa de la lavadora, porque he aprendido que si dejo la ropa dentro mucho rato, tengo muchas posibilidades de que destiña, y eso me jodeee).

 Cacao maravillao

Paaaso 2: Me Siento

Cojo mi taza de cacao biológico caliente, me voy a la sala donde tengo el ordenador, lo enciendo, abro la persiana, admiro cómo la cojonuda helada que ha caído empieza a deshacerse con los rayos de sol, y siento mi culo en el escenario que puedes ver en la foto que encabeza este peazo artículo, y que acabo de hacer en este mismo instante (11 horas y 26 minuuutos).

Paaaso 3: Lo Cuento

Llegado a este punto, en que ya llevo un rato escribiendo, pues se me ocurre contarte las pequeñas vicisitudes con que me estoy encontrando.

 El censor interior (yo mismo) es un auténtico cabronazo, y me estoy peleando todo el rato con él para dejarme escribir lo qué estás leyendo, y de la forma en que lo estás leyendo.

 Las palabras “malsonantes” (también llamadas tacos), y el rescuuurso de las tres vocales que a mí me parece gracioso, no es más que un intento por darle una satisfacción al susodicho, en forma de toque de distinción lingüístico que le quite las ganas de joderme, (si es que finalmente consigue que no haga click en “publicar”).

 Las distracciones externas me están despistando bastante, como la lavadora o el móvil, pero lo peor es que tengo la mente muuuy dispersa y, en vez de concentrarme solamente en escribir, estoy pensando dónde añadir un enlace, en qué categoría pongo esta paranoia, qué etiquetas le asigno, cuales fotos le pongo, cuantas palabras llevo, seguro que estoy cometiendo faltas de ortografía, ¿qué hora es?, ¿estaré despeinado?

Pero resulta que mi objetivo es publicar hoy, y hacerlo de una forma que se salga de mi habitual forma de escribir (si quiero hacerlo no me queda otra, porque suelo publicar de una forma terriblemente programada), lo cual implica que tengo que, no sólo luchar contra todas estas inconvenientes jodiendas, sino también pasármelas por el forro.

¿Lo conseguiré?

Si estás leyendo esto (que estás) es que sííí.

Ahora me queda colocar las dos fotos que he hecho interrumpiendo mi escritura para adornar este artículo y, una vez hecho eso, y siendo las 12.29 horas del 29 de diciembre de 2014…

Mío es el triunfo.

Tuyas son las conclusiones.

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes

¿Te atreves a subir al barco?