Reflejado en un cristal

[Mirándome a mí mismo en el castillo de Castro Caldelas, Orense (España)]

Ni lo que crees injusticias, ni tu mala suerte, ni tus circunstancias, ni la mala gente que te rodea y piensas que quiere hacerte daño, ni lo que pasa en el mundo es lo que te hace sufrir y desgraciado. Resulta que el único y muy mayor obstáculo que te impide ser feliz eres tú mismo ¿lo pillas?

En mi anterior publicación te estuve metiendo en vena mental el estoicismo y su filosofía, y te he hablé de que los estoicos consideran fundamental reconocer y aceptar nuestras limitaciones y aprender de la adversidad, porque son precisamente nuestros defectos y nuestros errores los que nos indican cual es la dirección que debemos seguir para avanzar en nuestro desarrollo personal, buscando alcanzar nuestra mejor versión.

Reconocer nuestros errores es doloroso, pero vivir equivocados es la causa de nuestro sufrimiento. Séneca.

También te hablé de lo importante que es la serenidad y la paz interior como principal asiento donde apoyarnos, y desde el que poder desarrollar todas nuestras capacidades.

Pero resulta que la gran mayoría de nosotros solemos estar, digamos que… ligeramente trastocados, y entonces te propuse como remedio para nuestras enfermedades del alma un tratamiento a base de tres píldoras espirituales.

La primera de estas píldoras es la que nos ayudará a alcanzar la fantástica meta de ser felices por nosotros mismos, ya que sus principios activos se encargarán de descubrirnos que el único obstáculo que nos separa de la felicidad se encuentra en nuestro interior, porque nuestro estado, el cómo nos encontramos interiormente, no depende ni de quién nos rodea, ni de nuestros acontecimientos o circunstancias, sino únicamente de la interpretación que nosotros les damos.

El Mayor Obstáculo Para Ser Feliz…

Nuestra calidad (y cantidad) de vida depende fundamentalmente de nuestras relaciones, y no solo nos relacionamos con otras personas, sino que también lo hacemos con nosotros mismos y con la realidad (lo que sucede), por eso es muy importante primero, saber distinguir entre estos tres tipos de relaciones, y segundo, saber gestionarlas sabiamente.

Lo fundamental radica en aprender a diferenciar entre nuestros propios asuntos, los asuntos de los demás, y los asuntos de la realidad. Y déjame decirte que todos ellos son muy importantes, pero resulta que nuestros propios asuntos se llevan el premio gordo, porque es desde nuestra interpretación interior que construimos la realidad exterior ¿lo pillas? 😉

Muchas personas piensan que la vida es sumamente injusta, que no deberían pasar todas las cosas que pasan, que no han tenido suerte porque todo lo malo les sucede a ellos, y se creen unos desgraciados… etc, pero esto no es más que una interpretación, un sesgo que realizan en base a sus percepciones, valores y creencias, y una forma ruinosa y perjudicial de enfocar los acontecimientos que nace de otra forma ruinosa de relacionarse consigo mismos.

Como defienden los estoicos, la vida no es justa ni injusta, no es buena ni mala, la vida simplemente es.

Y lo más sano es aceptarla tal y como se presenta, aprender de lo que creemos bueno, y de lo que creemos malo (lo muy más mejor), y usarlo como lanzadera para llegar a ser nuestra mejor versión.

Tú mismo

Y para impulsarnos en pos de nuestro realizador objetivo, vamos con la primera pastilla espiritual que nos descubrirá que lo único que nos separa de la felicidad somos nosotros mismos.

Y ya ves que me incluyo, porque resulta que esta clase es para todos, y yo tan solo soy un alumno más digiriendo la teoría, porque lo que es la práctica, en el real campo de batalla, ya queda en tus manos, y por supuesto en las mías.

Empecemos por tomarnos una dosis de…

HONESTIDAD

Casa en ruinasSi realmente la felicidad depende de nosotros, y resulta que no somos felices, el primer paso de reconocer que estamos enfermos será el principio de la curación.

Por desgracia las mentiras más abundantes (y más perjudiciales) son las que nos decimos a nosotros mismos, aunque la mayoría de las veces lo hagamos sin darnos cuenta; sencillamente no sabemos más (ni mejor).

El segundo paso consiste en deshacernos de la creencia que la sociedad nos inculca de que cuanto más tengamos más felices seremos, y de que la felicidad es algo externo que depende de reconocimientos y posesiones.

¡Menuda basura!

Llevamos demasiado tiempo buscando llenar nuestros vacíos en el lugar equivocado y con las cosas equivocadas, y conformándonos con sucedáneos de felicidad en forma de objetos, comodidades y entretenimiento.

Y estoy hablando con los dos (contigo y conmigo me refiero 🙂 ):

Si tu vida carece de sentido r-e-c-o-n-ó-c-e-l-o.

No sigas engañándote.

Si te sientes vacío a-s-ú-m-e-l-o.

Solo así podrás empezar a llenarte.

Plántale un gran STOP AL AUTOENGAÑO y al seguir mintiéndote, y da BARRA LIBRE A LA HONESTIDAD y a aceptar y asumir todas tus basuras mentales.

Al igual que nos descomponemos y sufrimos de diarrea cuando comemos algo que nos hace daño, también tenemos muchas caquitas emocionales perjudiciales que necesitamos depurar.

¿Que a cuales me refiero?

Pues a nuestros defectos queridas y queridos.

A nuestros miedos, inseguridades, complejos, carencias, frustraciones, miserias, traumas… etc.

Por mucho que nos perfumemos por fuera para camuflar el olor de nuestras mierdas, éstas siguen ahí, principalmente porque no están fuera sino dentro, y no será hasta que las expulsemos que dejarán de olernos (cuando les prestemos atención eso sí).

Si queremos curarnos tenemos que empezar por oler nuestro interior, huela como huela, y ser honestos con nosotros mismos es la mejor forma de hacerlo.

Puede que al principio nos asquee un poco (o muy mucho) y que nuestra nariz se cierre, pero si insistimos en abrirla pasará como cuando percibimos un olor natural desagradable, que al cabo de un rato dejará de olernos, porque lo hemos aceptado.

La honestidad con nosotros mismos nos permite enfrentar la verdad acerca de quién somos, y de cómo nos relacionamos con nuestro mundo interior.

Y cuanto más la cultivemos, más raíces vigorosas desarrollará, haciéndonos más estables, fuertes, seguros e independientes.

¿Tendrás el valor de decirte la verdad?

Yo ya hace tiempo que estoy expulsando basura, menudo estercolero he montado, pero vayamos con el siguiente principio…

HUMILDAD

Tocando instrumentosDesde el mismo día en que nacimos nos han estado condicionando e influenciando para que pensemos y nos comportemos en consonancia con las opiniones, valores y aspiraciones de las personas de nuestro entorno familiar y social.

Nos han estado fabricando para que encajemos en la sociedad establecida.

En función del país, de la localidad, del barrio en que hayamos nacido y crecido, y de la educación e influencias recibidas, nos identificaremos con una cultura, una religión, una política, un empleo o una moda determinadas, igual que todos los demás pero ¿cómo seríamos si hubiésemos nacido en las Islas Pitcairn por ejemplo?

Tan solo has de visitarlas para averiguarlo 🙂 .

Lo que quiero decir con esto es que nos aferramos a una identidad prestada tan aleatoria como el lugar en que hemos crecido, y que estamos muy equivocados en multitud de cosas sin siquiera ser conscientes de ello.

Seguro que habrás escuchado aquello de las tres verdades que existen: tú verdad, mi verdad, y la verdad

¿Traducido?

Tú interpretación, mi interpretación, y la realidad.

No es lo mismo creer que sabemos algo que saberlo de verdad, aunque solemos ser muy arrogantes en cuanto a nuestras verdades, y a creer que no estamos equivocados y que no tenemos nada que aprender.

La artillería que empleamos para defender los pilares sobre los que hemos construido nuestras creencias, con el fin de defender nuestra falsa identidad, empieza con esa arrogancia.

Y también empleamos el orgullo, el cual nos impide reconocer nuestros errores, y enmendarlos pidiendo perdón si es necesario.

Lo mismo que cuando usamos la soberbia, sintiéndonos superiores cuando nos comparamos con los demás, lo cual no hace más que manifestar nuestro gran complejo de inferioridad.

Y de ahí surge la prepotencia, con la que tratamos de demostrar que tenemos la razón.

Lo que nos lleva a la vanidad, por la que presumimos de nuestras posesiones o logros.

¡Menudo panorama!

¿Y cual es el antídoto ante tamaña desfachatez?

La Humildad por supuesto.

Una humildad que nos permita adoptar una actitud abierta, flexible y receptiva ante todo lo de “ahí fuera”, para poder así reconocer en qué estamos equivocados, y dejarnos aprender todo aquello que todavía no sabemos.

Y sigo hablando contigo y conmigo:

¡Reconoce de una vez que no sabes un carajo!

¿Crees saber mucho acerca de ti mismo?

¿Acerca de los demás?

¿Acerca del universo?

¡No me jodas!

Imagina por un momento un mundo en el que estuvieses solo, en el que no hubiera gente a tu alrededor a la que contentar o impresionar, nadie de quien defenderte o justificarte, ya no necesitarías protegerte con toda la artillería de basuras mentales que usas a diario en tu batalla personal ¿no es cierto?

Aparca de una vez tu ceguera y tu orgullo y empieza a ser más humilde.

Esto te permitirá aceptar tus defectos, debilidades y limitaciones, y te permitirá cultivar una actitud abierta y flexible para poder cuestionar todo aquello que hasta ahora dabas por cierto.

Y será transitando este camino que desembocaremos en el…

AUTOCONOCIMIENTO

Arco de triunfoNo eres tu nombre, tampoco el lugar donde naciste, no eres lo que haces ni lo que tienes, ni tampoco tus posesiones, ni tan siquiera eres lo que los demás piensan de ti, pero entonces…

¿Quién eres?

Lo normal es que estemos tan acostumbrados a ser quien se supone que debemos ser, que no tengamos ni pajolera idea de cual es nuestra verdadera identidad.

Y para disimularlo nos solemos pasar el día escondidos tras una careta, relacionándonos con otras máscaras que esconden seres humanos que tampoco se conocen a sí mismos.

En el fondo (y en la forma) la sociedad es un gran teatro, una especie de baile de máscaras en el que cada uno de nosotros se ha convertido en un figurante, interpretando un guión de vida escrito por otros, y orientado a cumplir las expectativas de los demás.

Aunque nos cueste comprenderlo, tampoco somos lo que pensamos acerca de nosotros mismos, de hecho, ni nos parecemos a la persona que creemos ser

¿Cómo vas a ser tu mente si tienes la capacidad de observarla?

No somos la cháchara que escuchamos en nuestras cabecitas, sino algo más… somos el ser que tiene la capacidad de escuchar esa cháchara.

Y lo peor de todo es que ignoramos nuestra propia ignorancia.

No sabemos cómo funcionamos ni qué necesitamos para dejar de sufrir, ni tampoco nos lo enseñan, y tenemos tanto miedo al cambio que nos resistimos a creer que el camino de la curación solamente pasa por el autoconocimiento.

Saber quienes somos y cómo funcionamos es una experiencia revolucionaria y muy esclarecedora, porque es a través de ella que descubrimos que todo lo que necesitamos para dejar atrás el sufrimiento y ser felices, está dentro de nosotros mismos.

El primer paso en el camino del conocerse quizá sea el más difícil y doloroso, ya que consiste en enfrentarse al rey del mambo, el jefe del cotarro, el capo de la mafia, el Dios del Trueno, Ese Gran Osqueroso que es el EGO.

Un EGO que no es más (ni menos) que nuestra personalidad prefabricada, nuestra máscara, nuestro personaje, nuestro disfraz de segunda (o tercera) mano, nuestro falso concepto de identidad.

Pero resulta imprescindible hacerlo porque necesitamos descubrir que no somos lo que pensamos, que no somos Él, que somos más que eso.

Y es cuando nos damos cuenta de ello, dejando de identificarnos con Ese Gran Osqueroso, y comprendiendo el modo que tenemos de funcionar, que empezamos a conocernos a nosotros mismos, a conectar con nuestra verdadera esencia, y a sentirnos por fin en paz.

Y de pronto notaremos que tenemos todo lo que necesitamos ¡y será un jodido gran descubrimiento!

Pero…

¿Cómo dioses y demonios podemos hacerlo?

Pues a través de la…

CONSCIENCIA

Olas del marNos despertamos cada mañana, nos levantamos de la cama con el mismo pie, nos dirigimos al baño y nos aseamos de la misma forma, desayunamos y vamos al trabajo sin ni siquiera darnos cuenta de lo que hacemos, cuándo lo hacemos y cómo lo hacemos.

Y nos pasa lo mismo el resto del tiempo, día tras día, semana tras semana, año tras año por toda la eternidad. Bueno, en realidad solo hasta que nos morimos, después no me preguntes.

La cruda realidad es que no estamos en la ducha cuando nos estamos duchando, ni tampoco en el coche cuando conducimos, ni en el gimnasio cuando hacemos ejercicio.

La realidad es que funcionamos con el piloto automático y solemos estar ausentes, absortos en nuestra mente y en nuestros pensamientos, divagando entre el pasado y el futuro, y lejos del presente.

Vivimos entre el allá y el entonces y despreciamos constantemente el momento presente, que es el único que existe en realidad.

¡DESPERTEMOS CARAJO!

Nuestro sufrimiento suele ser directamente proporcional a nuestra inconsciencia, esa que hace que divaguemos y nos preocupemos tratando de cambiar el pasado y de predecir el futuro, tratando de construir una realidad que tiene muy poco de real.

Y resulta que la causa de todo nuestro malestar no tiene nada que ver con nuestras circunstancias, sino con la interpretación que les damos (sí, otra vez), pero como no somos capaces de controlar ni elegir lo que pensamos, nos hemos convertido en peleles de nuestras retorcidas mentes.

Nuestro peor enemigo no puede hacernos tanto daño como nuestros propios pensamientos.

Debido a nuestra inconsciencia no nos cuestionamos el sistema de creencias limitantes desde el que realizamos una y otra vez interpretaciones equivocadas de la realidad, y por eso tropezamos una y otra vez con la misma piedra ¡teniendo los santos ‘huevarios’ de echarle la culpa a la piedra!

¡Salgamos de MATRIX de una maldita vez!

La consciencia es la capacidad de vivir despiertos el momento presente, cultivando la atención plena que nos permite observarnos a nosotros mismos, y salir poco a poco de la telaraña mental en la que llevamos toda la vida atrapados.

Hemos sido aborregados para buscar el bienestar, la riqueza y la plenitud fuera de nosotros mismos, y nos hemos pasado la vida enchufados a Matrix y desconectados de nuestra verdadera esencia.

Ya va siendo hora de cambiarlo.

¿Cómo?

Que tal con un mucho de meditación y de mindfulness, y a falta de ganas tiempo, que tal unas cuantas dosis diarias de respiraciones conscientes, esas en las que respiramos más profundamente oxigenando nuestro cuerpo y permaneciendo atentos a nuestras sensaciones, centrados en sentir, observar y dejar pasar nuestros pensamientos.

La consciencia es lo que nos permitirá alcanzar el darnos cuenta de nuestras emociones, pensamientos y acciones, de nuestros estados de ánimo y procesos mentales, lo cual nos permitirá, si así lo queremos, el poder influir en ellos para cambiarlos.

C-U-L-T-Í-V-A-L-A

#####

Y hasta aquí he vuelto a llegar.

Creo que por hoy ha sido suficiente.

¿Tú no?

Te dejo con los deberes, que no son pocos, y esperando que tanto tú como yo podamos ir mejorando en eso de ser felices por nosotros mismos, que buena falta nos hace.

Así que ahora…

¡A jugar!

¡Y a compartir!

Descubre el valor de ser auténtico para alcanzar una vida con sentido y propósito.

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes.

¿Te atreves a subir a este barco?