La inteligencia interpersonal es un tipo de inteligencia que resulta fundamental para incrementar nuestro nivel de bienestar, ya que a través de ella podremos mejorar nuestras relaciones con los demás, aprendiendo a respetar sus asuntos, y comprendiendo sus necesidades y reacciones. Pasa y te lo cuento con más detalle.

Estatuas al amanecer

[Estatuas situadas en el Alcázar de los Reyes Cristianos de Córdoba (España)]

Continuando con el tratamiento espiritual a base de píldoras de conocimiento que te proponía en mi estoico artículo sobre aprender de la adversidad, y que empecé con el mayor obstáculo para ser feliz, tú mismo, hoy le ha llegado el turno a la pastilla que nos ayudará a alcanzar el objetivo de estar en paz con los demás.

Una actitud que implica mejorar nuestras relaciones empezando por respetar sus asuntos y su forma de vivir, y siguiendo por tratar de comprenderlos en vez de estar a cada momento intentando que sean como nosotros queremos.

Vamos a ello…

Los Caminos De Los Demás Son Inescrutables

No podemos controlar el mar, pero sí podemos gobernar nuestro barco. Séneca.

Resulta fundamental que aprendamos a relacionarnos con los asuntos de los demás, es decir, con todo aquello en lo que no deberíamos meter la narizota porque no tiene que ver con nosotros. Al menos no directamente.

Y te estoy hablando de los procesos, situaciones y circunstancias que están viviendo las personas de nuestro entorno familiar y social, incluyendo las actitudes y comportamientos que tienen estas personas con respecto a ello.

Creer que sabemos lo que es mejor para otra persona significa meternos en algo que no es asunto nuestro, porque no tenemos ni idea de todo lo que alberga en su interior, y que le ha llevado a ser como es .

Y de la misma forma que no hemos venido a este mundo a cumplir las expectativas de nadie (o alguien), también debemos darnos cuenta de la situación contraria, cuando la ignorancia y la inconsciencia nos llevan a querer que los demás cumplan con las nuestras.

Aprender a no inmiscuirnos en las vidas ajenas cuando no nos corresponde nos ayudará a mejorar nuestras relaciones, aunque el verdadero y difícil desafío radica en aprender a aceptar incondicionalmente como son, con todos sus brillos y sus sombras.

Y en la medida en que consigamos hacerlo, poco a poco iremos dejando de tocarles los matices y de juzgar sus aprendizajes y su evolución, obteniendo una relajante paz para todos como resultado.

En realidad ni siquiera vemos a la gente como es, sino como somos nosotros, porque nuestra visión no es más que una especie de juego de espejos y proyecciones que delata que, cada vez que juzgamos a alguien, nos estamos juzgando a nosotros mismos, ya que esa persona lo único que hace es reflejar determinados aspectos de nuestra personalidad que nos disgustan.

Sencillamente los demás suelen tratarnos como nos tratamos a nosotros mismos.

La Inteligencia Interpersonal

En la actualidad existen diversas teorías que distinguen entre varios tipos de inteligencias.

Seguro que conoces al psicólogo estadounidense Daniel Goleman, que cosechó un rotundo éxito de ventas con sus libros que hablan de las inteligencias emocional, social y ecológica.

Y quizá también al profesor de la universidad de Harvard y psicólogo Howard Gardner, que por su parte hace una distinción entre 8 inteligencias: lógica, lingüística, corporal, musical, espacial, naturalista, intrapersonal e interpersonal.

Dicho de otro modo, según estas teorías de las inteligencias múltiples Leonardo da Vinci no fue más ni menos inteligente que lo es Messi, simplemente sus inteligencias pertenecen a campos diferentes (sí, a mí también me cuesta asumirlo :p ).

En este sentido, en mi artículo anterior te estuve hablando de una serie de conceptos que entran en el ámbito de la inteligencia intrapersonal, que es aquella que nos ayuda a relacionarnos con nosotros mismos, y ahora voy a hablarte de conceptos que están dentro del ámbito de la inteligencia interpersonal, que es la que nos ayuda a relacionarnos con los demás.

La inteligencia interpersonal podría definirse como aquella que afecta a todo lo que implica relacionarnos con las personas de nuestro entorno social (familia, amigos, compañeros de trabajo, de corazón, de cama), y desarrollarla nos ayudará a mejorar estas relaciones utilizando armas como la empatía o la escucha activa.

Y mira tú que causalidad, la pildorita que hoy te ofrezco incluye muy buenos principios para desarrollar nuestra inteligencia interpersonal, alcanzando así el resultado de estar en paz con los demás, y del bienestar.

Vamos con ellos.

Proactividad

Mitin religiosoConduces tu coche hacia alguna parte sin ser consciente ni de lo que estás haciendo porque tu mente racional está divagando entre pasado y futuro, sin prestar atención al presente. De repente el vehículo que llevas delante frena bruscamente y por poco no lo embistes, y reaccionas de forma automática tocando el claxon y gritando con vehemencia mil y un improperios hacia su conductor que, para no ser menos, hace otro tanto de lo mismo. Aún largo rato después del incidente, continúas rumiando tu enfado, dándole vueltas a lo sucedido y envenenando tu mente con el cianuro de la reactividad (que también podía ser radioactividad 🙂 ).

Con frecuencia somos esclavos de nuestras emociones. Cuando no somos capaces de interrumpir nuestras reacciones emocionales automáticas permanecemos atrapados por nuestros instintos más básicos que funcionan de una manera impulsiva.

El miedo y el estrés son reacciones instintivas de supervivencia que se activan automáticamente cuando nos sentimos amenazados por el entorno. Pero como resulta que ya no vivimos en la selva, y nuestra sensación de peligro suele ser inventada, este mecanismo nos quita mucho más de lo que nos da.

Y son éstas las típicas reacciones que se apoderan habitualmente de nosotros convirtiéndonos en peleles manejables y susceptibles, y haciendo que nos tomemos lo que nos pasa como una afrenta personal.

Al final lo que conseguimos con esta actitud es vivir todo el tiempo a la defensiva porque nos sentimos atacados por la masa (Hulk también me vale), y protegiéndonos con una coraza de hiperreactividad.

La susceptibilidad, tener una actitud a la defensiva, y la reactividadson tres síntomas de que tenemos una carencia de proactividad.

¿Cualo?

La proactividad es la cualidad que nos permite elegir de forma consciente, responsable y libre, la actitud con la que reaccionar y afrontar nuestras circunstancias, dejando de estar sometidos y a merced de éstas.

Muchas veces nos quejamos de lo que nos pasa y quisiéramos cambiarlo ¡pero no podemos! y eso nos jode perturba. Y cuanto más nos molestamos por no poder cambiar lo que nos sucede, más lo queremos cambiar, lo que se convierte en un círculo vicioso de preocupación y frustración.

Cuanto más reaccionamos ante lo que no podemos cambiar, más daño nos hacemos a nosotros mismos.

Y cuanto más dolor y sufrimiento acumulamos por ello, más necesidad sentimos de protegernos por medio de nuestro reaccionario instinto de supervivencia.

¿La solución?

Cultivar la PROACTIVIDAD

¿Cómo?

Viviendo de una forma más consciente, observándonos para así poder darnos cuenta de nuestras reacciones y comportamientos automáticos.

Y una vez conseguido, localizar ese pequeño espacio que existe entre lo que sucede y nuestra respuesta automática, para poder alargarlo con una profunda respiración que nos permitirá efectuar una elección consciente de lo que consideremos la mejor respuesta.

Siendo proactivos es como empezaremos a vislumbrar lo que significa la verdadera libertad.

Compasión

Asilo de ancianosEl egocentrismo es como un virus que hace que nos veamos el centro del universo (igualito que la Religión), y que pensemos que todo tiene que girar en torno a nosotros.

Yo, mi, me, conmigo… ¿te suenan?

Si no lo eres tú, o no te has dado cuenta, seguro que conoces a alguien incapaz de escuchar de verdad, y que solo pone las orejas para buscar un argumento con el que a continuación hablar de sí mismo.

¡Yo sé de unos cuantos!

Desde pequeños nos han ido acostumbrando a que los demás hagan lo que necesitamos en cada momento, y eso nos ha viciado de alguna manera para que de adultos únicamente querramos saciar nuestro propio interés.

Pero dado que a los acontecimientos les importa una soberana mierda lo que queremos, y eso no podemos cambiarlo, nos sentimos frustrados y rabiosos cuando las cosas nos salen como esperamos que salgan.

Y hasta solemos gritar pidiendo explicaciones…

¿Por qué a mí?

Pues porque no nos enteramos de nada, y porque somos unos ignorantes.

Y entonces, como no podemos reciclar nuestras basuras, las proyectamos sobre los demás, echándoles la culpa de lo que pasa.

Pero desgraciadamente para nosotros ¡ellos no son el problema!, porque el problema es que nos hemos empachado tanto del yo, mi, me, conmigo, que no somos capaces de ver nada más.

Y lo peor es que, cuando nos miramos a nosotros mismos, tampoco somos capaces de ver nuestras miserias.

Estar tanto tiempo enfadados consume mucha energía, ¿no te pasa que a veces te hartas de ti mismo?

Que coñazo la jodida voz que resuena en tu cabeza y no se calla en todo el día.

Pues no es más que tu EGO dando lo mejor de sí mismo, el maldito carcelero que disfruta fustigándote con su látigo de lo que quieras.

Paradójicamente, cada vez que juzgamos a otra persona lo estamos haciendo con nosotros mismos, rechazando y condenando el reflejo que el otro nos envía de lo que no nos gusta en nosotros.

Como alguien dijo una vez:

Cuando apuntes a alguien con el dedo, recuerda que hay otros tres que te apuntan a ti.

El juicio, el rechazo, y la condena que hacemos a los demás reflejan una carencia de compasión.

¿Pero de qué compasión hablas?

De la compasión que implica comprender las razones y motivos que llevan a las personas a actuar del modo en que lo hacen.

Todo el mundo tiene su propia guerra, y en cada momento está librando una batalla de la que no tienes ni pajolera idea.

Ser compasivo es tratar de aceptar, comprender y respetar eso, sin juzgar, sin despreciar, y sin meter las narices.

¿Cómo serlo?

Empezando por comprenderte, respetarte y aceptarte a ti mismo, continuando por ser más humilde, y terminando por ser generoso c-o-n-t-o-d-o-q-u-i-s-q-u-e.

¿Cómo tendré que decírtelo?

Los demás te tratarán como te tratas a ti mismo.

Desapego

Parque vacíoSi eres como la mayoría de los humanos, todavía seguirás dependiendo de las atenciones y los afectos de papá y mamá. Es normal, te pasaste mucho tiempo agarrado al pecho de tu madre, te limpiaron el culo (y lo demás) demasiadas veces, y te regalaron los oídos y muchas otras cosas como para que ahora, de repente, se te vaya a olvidar.

Te guiaron y te educaron conforme a su forma de entender la vida, diciéndote lo que estaba bien y lo que estaba mal, lo que podías hacer y lo que no, e imponiéndote sus límites y también sus limitaciones.

Y por eso ahora te cuesta tanto valerte por ti mismo, no sabes pensar de forma autónoma porque nadie te ha enseñado sino que te han condicionado.

Y así es como has terminado por hacer lo que se suponía que tenías que hacer para contentar a tu entorno, en vez de hacer lo que tú sientes que tienes que hacer para contentarte a ti.

Te has convertido en un yonqui emocional completamente adicto a recibir la aprobación de los demás.

La de cosas que habrás hecho para contentar a otros y que piensen bien de ti, o peor aún, la de cosas que habrás dejado de hacer por el mismo puñetero motivo.

¡Deja ya de esperar que los demás te hagan feliz!

La paradoja de las relaciones que tenemos con las personas que más nos importan es que están marcadas por luchas, conflictos y sufrimiento, haciendo bueno el recochineante dicho de “quién bien te quiere, te hará llorar”.

Tenemos tanto miedo de perderlas que, para proteger lo que creemos que es nuestro, aparecen los celos, el control y el ansia de poseer.

Como dijo una vez Fernando Fernán Gómez:

¡A la mierda!

Detrás de todos los deseos y miedos relacionados con nuestros vínculos afectivos se esconde uno de los virus más letales que atentan contra nuestra salud mental y emocional: el apego.

Podríamos convenir (o no) en que el apego es el afán de controlar y poseer todo aquello que queremos que sea nuestro y de nadie más.

Estar apegado a algo o a alguien también implica creer que eso que pensamos nos pertenece es imprescindible para nuestra felicidad.

Sin embargo, paradojas de la jodida, provoca en nosotros el efecto contrario. Más que unirnos a lo que estamos apegados, el apego nos separa de ello, mermando nuestra independencia y nuestra libertad.

El apego, los celos y envidias, el control y el afán de poseer, son síntomas de que tenemos una carencia de desapego.

¿Y cómo me desapego del apego?

OLVÍDATE ya de las medias naranjas, de ser una hace mucho que te habrías desangrado ¿no te parece?

Eres uno y completo, déjate de estúpidas historietas para niños y madura.

CORTA de una vez por todas el cordón umbilical con tu familia y la sociedad, deja de depender de ellos para obtener aprecio y seguridad, hazte responsable de tus conductas y resuelve tus propios problemas.

REDEFINE sí o sí tu concepto de felicidad, no está escondida por ahí fuera, no la busques más.

La encontrarás dentro de ti porque eres tú quien la genera, y el único motivo por el que quizá aún no la tengas.

Quédate con esto:

Cuando comprendas que nadie hace feliz a nadie, empezarás a hacerte feliz a ti mismo.

Asertividad

GrafitiLa comunicación es una ida de olla del carajo.

Cada vez que abres la boca, quién te escucha distorsiona subjetivamente tus palabras dándoles una interpretación acorde con su sistema de creencias, cambiando de un modo u otro su significado.

Una cosa es lo que intentas decir, otra lo que dices, y otra lo que los demás entienden, ¿que putada no?

En realidad solo es una putada cuando las versiones no coinciden, porque de hacerlo todo resulta happy, pero cuando la interpretación del otro no tiene mucho que ver con tu intención empiezan los malentendidos y los problemas, porque es entonces cuando suele aparecer el conflicto en forma de represión, agresividad, o vete a saber qué.

¿Eres de los que necesita tener la razón?, seguramente acostumbras a perder los papeles y a cabrearte.

¿Eres de los que prefieren no discutir?, probablemente te tragarás a menudo aquello de “el que calla otorga”, haciéndote sentir miserable.

En ambos casos estás perdiendo la capacidad de expresar con claridad aquello que necesitas.

La manera en la que te comunicas con los demás es un fiel reflejo de como lo haces contigo mismo.

Por eso es tan importante cuidar tus pensamientos, que no son más que tu diálogo interno, lo que te dices.

Y también deberías cuidar la riqueza de tu vocabulario, porque eso determinará en gran medida el tipo de relaciones que estableces.

Somo esclavos del lenguaje.

Nuestra forma de expresarnos genera conflictos en los demás, y nuestra manera de interpretar lo que otros expresan nos genera conflictos a nosotros mismos.

Nuestros cabreos, prepotencia, soberbia y desdén representan una carencia de asertividad.

¿De qué?

La asertividad es la cualidad que representa el punto medio que existe entre agresividad y pasividad, y que nos permite expresar nuestras necesidades o deseos sin agredir ni someter de ningún modo a quién nos escucha (lo de escuchar es un decir).

¡La compro!

Antes tienes que alcanzar un estado interno de serenidad y equilibrio que te permita respetar a los demás como a ti mismo para que, digas lo que digas y cómo lo digas, no perjudicar ni herir a la otra persona.

No tienes que decirlo todo, ni tampoco callarte siempre, sino saber elegir lo que debes decir y lo que no, y el cómo debes hacerlo.

Observar-te, observar-te, y seguir observándo-te, y practicar-lo, y practicar-lo, y seguir practicándo-lo es la única manera de conseguirlo ¡que te lo digo yo!

Y para que empieces con la mejor información al respecto, aquí tienes un magnífico artículo de mi colega Pau Navarro con muy buenas estrategias:

Asertividad: Cómo Sobrevivir Diciendo lo que Piensas.

Y recuerda:

Eres dueño de lo que callas, y esclavo de lo que dices.

¿Te vale?

¡Pues a dar caña!

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Antes de terminar quiero recordarte que hace unos días he inaugurado una página de Facebook llamada Buscando Aprender. Un espacio dedicado al desarrollo de cuerpos sanos, mentes inquietas y espíritus inconformistas, dónde compartiré todas las publicaciones, fotos y vídeos interesantes que me voy encontrando cada día por el cibermundo.

¿Buscas aprender para saber vivir?

¡Pues a qué estás esperando!

¡Entra a verla!

Y si lo que te encuentras te parece de valor (o no), no te olvides de dar al “me gusta”.

Y si lo que quieres para ti, también lo quieres para otros, no te olvides de compartirla con ellos.

¡Por allí te espero!

 

Descubre el valor de ser auténtico para alcanzar una vida con sentido y propósito.

Es por el mar de la autenticidad que navegan los valientes.

¿Te atreves a subir a este barco?