Más no es mejor

Este no es un artículo sobre marketing publicitario “que funciona”, aunque por la imagen pueda parecerlo.

Lo que voy a tratar de explicarte es por qué más no es mejor si es de lo mismo. Y no me digas que no te “pica” la curiosidad igual que probablemente por las noches te pican otros asuntos…

Tengo una pregunta para ti, que tienes pareja estable…

¿Con qué frecuencia mantienes relaciones sexuales?

Y te doy cuatro respuestas para escoger:

1- Desgraciadamente solo tengo tiempo para practicarlo una vez cada par de horas, estoy bastante ocupado.

2- Con una vez por semana me va de maravilla.

3- Suele ocurrir “algo” un mes sí y otro también.

4- ¿Sexo? Tendría que mirar en Wikipedia para ver de que iba el asunto.

Y ahora dime: ¿Con cual de ellas te identificas más?

Si es con la primera ponte en contacto conmigo, siempre estoy buscando nuevos temas de investigación 😉 .

Vaaale, poniéndome medianamente serio osaré afirmar que, a medida que aumente el tiempo que llevas junto a tu pareja, la respuesta se irá aproximando a la opción 4, ¿me equivoco?

No te preocupes, mal de muchos…

Más no es mejor…

Resulta que es algo bastante corriente que mientras tu círculo de amistades te envidia, y a más de uno/a se le salen por los ojos las ganas de acostarse con tu pareja, tú encuentres más excitante leer por las noches un folleto con publicidad del Carrefour antes de dormir.

¿Que cómo has llegado a esta situación?

El primero y por ahora irreversible hecho, es que todos perdemos atractivo con el paso de los años. Lo siento pero ni siquiera yo estoy en condiciones de cambiar eso (por ahora). Y esto es algo que en las relaciones de pareja especialmente largas, digamos 20 o más años (si me he pasado me lo dices), tiene un gran peso.

Pero la causa fundamental de que la atracción sexual se esfume con el paso del tiempo no está en las arrugas, sino que es algo con el bonito nombre de habituación, que no es habitación pero se le parece, ya que son términos que están relacionados.

Además, y para mayor desgracia, la habituación ejerce su fatal influencia no solo a partir de muchos años de jodienda convivencia, sino que lo hace desde la primera vez.

Y es que la muy maldita no solo consigue que nuestra pareja sea más deseada por otras personas que nunca la han “catado”, sino que además, y con cada repetición, el asunto se hace cada vez menos interesante para nosotros.

Existe un experimento muy esclarecedor, realizado con caramelos de distintos colores y sabores, que viene a contar el por qué nos resulta más placentera la variedad, pero no te lo voy a exponer aquí porque haría esto muy largo, y sé de sobra que ya lo has pillado 🙂

Resumiendo y rumiando:

La habituación o costumbre de hacer siempre lo mismo nos roba la sensación de placer.

Con lo cual ya nos ha quedado claro que más no es mejor…

… Si es de lo mismo

La habituación no solo actúa en el plano sexual, sino que está presente en muchas otras situaciones de nuestras vidas. Pero como “quién hizo la ley, hizo la trampa”, podemos usar algún truquito para que su influencia juegue en nuestro favor.

Te cuento.

Cuando realizamos tareas que nos resultan desagradables (limpiar la casa, hacer la declaración de la renta, el sexo… sin ganas), y aparece una distracción (te llama la abuela ya senil, entra un email con publicidad de viagra… etc), interrumpimos lo que estamos haciendo “ipso facto” con la excusa de que cualquier cosa es mejor que esa tarea tocaflautas.

Sin embargo, cuando realizamos tareas para nosotros agradables (un baño-masaje con espumita relajante, una comilona del 15 o el 16, el sexo… con ganas), y aparece una distracción, ¡le saltaremos al cuello al responsable de semejante osadía! Y no para regalarle besos precisamente.

Nos parece que, durante las actividades agradables, las interrupciones son una tocada de huevarios que nos arruina el momento, mientras que durante las actividades desagradables, cualquier interrupción es como una tabla de salvación comparable a la que la cabrona de Kate Winslet le negó a DiCaprio en Titanic.

Pero…

¿Estamos seguros de eso?

Pues va a ser que no porque ¡en realidad es justamente al contrario!

Me explico.

Ya conoces a nuestra amiga la habituación, esa que consigue que más no es mejor si es de lo mismo, ya que a medida que aumentamos la frecuencia con que repetimos en el tiempo una conducta, ésta se vuelve predecible y aburrida.

Y resulta que la repetición está muy bien para aprender y perfeccionar cosas, pero también se encarga de que, si no existen nuevos estímulos, todo pierda intensidad y emoción.

Y da igual que te dediques a operar en un quirófano, a conducir un fórmula 1, a rodar escenas de sexo, a presentar el sálvame deluxe, o a ser un nómada digital que viaja por el mundo.

Que sí, que todo llega a cansar dejando muy atrás el encanto de las primeras veces.

Más no es mejor

Es la maldición que arrastra la fuerza de la costumbre, qué le vamos a hacer…

¡Pues le vamos a hacer lo siguiente!

No podemos cambiar el fenómeno de la habituación en sí mismo, pero sí podemos influir en el impacto que tiene en nuestras vidas utilizándolo a nuestro favor.

¿Cómo?

Pues haciendo justo lo contrario de lo que solemos hacer.

1- Cuándo estemos realizando una actividad desagradable y surja una distracción, en lugar de interrumpirla en un suspiro, lo que haremos es continuar con ella, porque la habituación no solo consigue que perdamos interés cuando repetimos lo que nos gusta, sino que también hace que las cosas molestas, cuanto más las hacemos, más nos acostumbremos a hacerlas, mitigándose así su carácter desagradable (ahora ya sabes por qué somos capaces de desempeñar como autómatas tantos y tantos trabajos repetitivos).

2- Y cuándo estemos haciendo algo que nos gusta y surja una interrupción, lo más inteligente no es cabrearse, sino aceptar de buen grado la distracción, porque eso conseguirá que disminuya el efecto de la costumbre, haciendo que retomemos la actividad con más ganas y disfrutando más que antes.

Nuestra satisfacción crece después de las interrupciones, y con cada reinicio de una actividad que estamos disfrutando.

Por eso no es muy inteligente juntar todas las vacaciones anuales en un solo periodo continuado, ya que la fuerza de la costumbre se encargará de que al principio nos lo pasemos en grande (por la novedad), y con el paso de los días perdamos fuelle y nos empiecen a parecer monótonas y aburridas.

Lo mejor siempre es hacer lo que nos gusta en periodos cortos y buscando la mayor variedad posible, para no acostumbrarnos y que la habituación nos “fastidie la marrana”.

Todo lo contrario a lo que sucede con las actividades desagradables, ya que en este caso con cada reinicio aumenta nuestra irritación. Las interrupciones aquí disminuyen el efecto de la costumbre y nos hacen sufrir más cuando volvemos a realizar la actividad. Sin embargo, si no la interrumpimos, con el tiempo nos parecerá menos pesada.

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Así son las cosas, y así se las hemos contado, que decía un presentador de noticias.

Estos son los hechos, suyas son las conclusiones, que dice otra.

Y tú…

¿Tienes algo que añadir?

[La foto de portada es un escaparate de un comercio de Lugo]

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