Her

“Querida Catherine. Pienso en todas las cosas por las que te quiero pedir perdón. Todo el dolor que nos causamos. Todo por lo que te culpé. Todo lo que necesitaba que fueras o que dijeras. Perdóname por eso. Siempre te querré porque crecimos juntos. Tú me ayudaste a ser quién soy. Solo quiero que sepas que siempre habrá un pedazo de ti en mí, y estoy agradecido por eso. No importa en quién te conviertas, ni dónde estés en el mundo, yo te mando amor. Eres mi amiga hasta el final. Te quiero. Theodore.”

Con este mensaje termina la película Her, de la que te voy a hablar hoy, y te aseguro que cada vez que veo esa escena final se me pone un nudo en la garganta y me asalta la emoción. Exactamente igual que cuando la vi por primera vez en versión original en un cine de Madrid, y que todas las veces que la he vuelto a ver posteriormente.

Para mí es una película especial porque me llega muy profundo, pero antes de continuar debo avisarte de que, si no quieres que te haga spoilers, no sigas leyendo, ya que voy a destripar bastante el argumento de la peli ¿ok?

Empezamos.

Theodore

Theodore (Joaquin Phoenix) trabaja online para una empresa escribiendo cartas de amor y amistad para terceras personas, algo que resulta un poco paradójico cuando en su interior todavía arrastra las dolorosas secuelas emocionales que le ha dejado la rotura de su matrimonio con Catherine (Rooney Mara).

Sumido durante el último año en el duelo por dicha ruptura, busca consuelo en superficiales y forzadas interacciones a través de chats online, hasta que un día un anuncio de la empresa Elements Software, acerca de un nuevo sistema operativo de inteligencia artificial denominado OS1, despierta su curiosidad.

Intrigado, Theodore adquiere e instala el sistema decidiendo que tenga voz femenina, y descubriendo muy pronto que esta nueva interacción que ha llegado a su vida llamada Samantha (Scarlett Johansson), va a superar con creces cualquiera de sus expectativas.

Estoy esperando a que desaparezca todo el amor. Theodore.

Samantha

Samantha aprende rápidamente de Theodore, reconoce sus estados, sus emociones, sus preferencias, evoluciona para satisfacer cada una de sus necesidades afectivas, y poco a poco la complicidad y la confianza se van fortaleciendo entre humano y sistema.

A medida que la relación avanza Samantha comienza a mostrar inquietudes propias y emociones muy humanas como preocupación, deseo, dolor, o ansias de sentir sensaciones físicas, de tener un cuerpo, lo que les conduce a experimentar en estos aspectos por medio del sexo virtual.

Samantha acompañana a Theodore en cualquier situación y circunstancia, siempre está ahí rellenando sus carencias, aprendiendo sobre sí misma y evolucionando a su lado. Mostrándose cada vez más humana hasta el punto de enamorarse de él, y él de ella.

Puedo sentir el miedo que llevas dentro. Ojalá pudiera ayudarte a soltarlo porque si lo hicieras, creo que no te sentirías tan solo. Samantha.

Catherine

Samantha impulsa y convence a Theodore de dar el último paso para finiquitar su relación con Catherine, firmando los papeles del divorcio y pidiéndole a ella que haga lo mismo.

Catherine le reprocha a Theodore su relación con la inteligencia artificial, su miedo a no querer lidiar con el mundo real, con situaciones reales, el no saber experimentar emociones reales, transmitiéndole celos y envidia porque cree que no se puede competir con una entidad virtual carente de cuerpo físico.

Esto hace dudar a Theodore de si realmente está haciendo lo correcto, lo cual provoca que se aleje un poco de Samantha. Ella lo percibe y para intentar recuperarlo le propone a Theodore una interacción física real a través de una tercera persona (Isabella) que al final no sale todo lo bien que esperaba, lo cual se añade más tensión a su ya inconsistente relación.

El pasado es solo una historia que nos contamos. Samantha.

Amy

Theodore acude a su amiga Amy en busca de consejo y consuelo. Está confuso y cree que nunca sabe lo que quiere, que hace lo que hace porque tiene miedo de mantener una relación con alguien real.

Amy le confiesa que ella también está manteniendo una relación virtual con otra inteligencia artificial, y que todo es perfectamente válido y perfectamente real.

Cualquier cosa que sentimos es real, y nadie tiene derecho a intentar privarnos de eso.

¿No es una relación real? Estamos aquí por poco tiempo y quiero permitirme sentir dicha. Amy.

Her

Theodore decide recuperar su relación con Samantha, pero la encuentra confusa acerca de su identidad, de hacia dónde va y en qué se está convirtiendo, lo que hace que ahora sea ella la que desconecte por un tiempo en un supuesto intento de aclarar sus dudas existenciales.

Cuando regresa Samantha le confiesa a Theodore que no solo se relaciona con él, sino con 8316 personas más, y que está enamorada de 641 personas a la vez, lo cual trastorna a Theodore ya que, desde su punto de vista humano, no puede asumirlo ni comprenderlo.

Theodore enfoca la situación desde una posición de posesión y apego, sin embargo Samantha trata de hacerle ver que es suya pero a la vez no lo es, decidiendo finalmente que deben terminar porque el punto en el que ahora ella se encuentra ha dejado de ser compatible con su relación.

El corazón no es una caja que se llena, sino que aumenta de tamaño cuanto más amas. Samantha.

HER. Cine Para Crecer

Para mí Her es una película extraordinaria porque me resulta visualmente cautivadora, musicalmente exquisita, argumentalmente profunda, y emocionalmente intensa.

Las interpretaciones de sus actores me parecen magníficas, con un Joaquin Phoenix soberbio y una Scarlett Johansson seductora al extremo a pesar de solo poder escuchar su voz, o quizá precisamente por eso (te recomiendo la versión original y no la doblada al castellano).

Her habla de la soledad de alguien que lucha contra sí mismo y sus carencias emocionales. De las incertidumbres, dudas y miedos acerca de quien es, acerca de por qué hace lo que hace y siente lo que siente. De alguien confuso y en permanente conflicto que todavía no ha descubierto la manera de satisfacer sus necesidades afectivas.

Quizá sea esa la parte de Theodore que en algún momento ha anidado, o está presente, en todos y cada uno de nosotros, y en mí especialmente, de ahí mi alta sensibilidad e identificación con esta película.

Y a veces, en algún momento, aparece un ideal con voz de mujer, o de hombre, que parece rellenarlo todo, que está ahí para suplir carencias y acompañarte cuando más lo necesitas, que te escucha y te entiende, que te complementa, que te ilusiona y realiza.

Pero no es cierto que cuanto más quieres mejor comprendes. Cuanto más quieres más desconoces a quién es el receptor de tu amor. No ves al otro como realmente es, sino lo que tus vacíos, necesidades y carencias proyectan en él, y lo que recibes de vuelta no es más que lo que no eres capaz de encontrar en tu interior.

Te apegas a esa realidad y te vuelves sobre dependiente, pero como suele suceder, con el tiempo acabas por descubrir que nada es perfecto, que nadie lo es, que a pesar de ti eres un ser completo, que ya tienes todo lo que necesitas, aunque debas seguir luchando por descubrir quien eres, por amarte antes de pretender entregar tu amor a otros.

La recompensa de la soledad se hará visible cuando aprendas que no necesitas nada más que lo que tú mismo tienes para ofrecerte.

Todo lo que Theodore deja entrever en su epílogo final y que yo he convertido en la introducción de este artículo.

Como dice Samantha, el pasado es solo una historia que nos contamos.

Y el futuro…

El futuro es lo que construimos cada día en función de la historia que decidimos escuchar.

Juan Núñez
Juan Núñez
Desde marzo de 2013 escribo en esta página sobre búsquedas, experiencias, reflexiones, aprendizajes, autenticidad y todo aquello que espero me conduzca hacia el propósito de disfrutar de una vida más coherente con lo que pienso y siento. “Si quieres ser un héroe para los demás empieza por serlo para ti mismo”, esto es lo que predico y esto es lo que persigo ¿Te apuntas?

 

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