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Infierno disfrazado

Aquel mes de julio de 2015 Malta me recibió húmeda y caliente, como si se tratase de una señorita preparada para que explorase sus rincones más ocultos en busca de satisfacer mis caprichos. No necesitaba más, pero tampoco menos, para arriesgar un ‘all in’.

El chófer privado de la escuela de inglés me acercó al piso que, durante seis días y siete noches, compartiría con algunos estudiantes de diversas nacionalidades y un par de décadas más jóvenes. No era esto para mí un problema, el pequeño ventilador que había en la habitación como única arma con la que afrontar las noches de casi treinta grados, sí.

Era sábado y la noche maltesa me aguardaba intensa, revoltosa y tentadora. El domingo lo dedicaría a un largo paseo a pie por parajes cercanos, el lunes quién sabe, y de martes a viernes había contratado un curso intensivo de inglés a unos 125€ por jornada… Que quieres que te diga, ese año no se me ocurrió una mejor manera de regalar el dinero.

Después de una porción de pizza ‘gran reserva’ como cena, y un breve interrogatorio a dos españolas acerca de las virtudes de la noche maltesa, sumado a la decepción de no poder convencerlas de que me dejasen acompañarlas, comencé mi noche nómada de shots y pubs. No tengo mucho más que reseñar salvo que ni siquiera mis historias del tipo el rosario de la Aurora consiguieron salvarla.

Al día siguiente la caminata fue larga y gloriosa. Acompañado de la excitante novedad de lo desconocido, la canción de cabecera de la serie true detective sonando en bucle, y el mejor helado que había comido en décadas disparando mi insulina, disfruté de lo lindo de una buena dosis de historia, monumentos, tipos practicando meditación en memoriales de guerra, beach clubs y poblados de gatos, de muchos gatos. Los caprichos de Malta estaban resultando sin duda de mi gusto.

El lunes amaneció con una trifulca en la calle que empezó con una acalorada discusión, siguió con hostias, palazos de escoba, sillazos, y acabó con cuchilladas, policía y ambulancias para socorrer a un tipo que perdió varios litros de sangre. Nada mejor para centrarse en el presente, que le den al mindfulness.

Festivo en Malta los compis de apartamento me propusieron pasar el día en la ‘blue lagoon’, una calita de rocas y aguas cristalinas situada en Comino, una pequeña isla del norte a la que se llegaba tomando un ferry. Acepté aunque, sin una buena toalla para las putas rocas, ni un buen protector solar para el puto sol abrasador, digamos que la experiencia no resultó demasiado satisfactoria.

Al día siguiente la entrevista para determinar mi nivel de inglés, y asignarme una clase dentro de la academia, determinó que estaba merodeando el A2, pero la resolución de ejercicios, mi nivel de conversación en clase, y mi compañero alemán con cara de cagarse en mis muertos a la hora de colaborar en la resolución de algunas tareas, no corroboraron la decisión de la jefa de estudios, por lo que el profesor asignado decidió denigrarme durante los siguientes tres días al grupo de nivel A1. Nunca estuve tan cerca de la fama.

Siguieron tres completitas mañanas, de clases penosamente básicas, acompañado de una docena de vietnamitas de metro y medio que no se cansaron de pedirme fotos orgiásticas con muchos besos, abrazos, y deditos que no sé si postureaban la ‘V’ de la victoria, o la ‘U’ de la uretración. Julio Iglesias sentiría envidia de mis logros… y lo sabe.

Luego llegaron dos tardes de agradable turisteo y exploración, y después dos noches sobrantes de copas, balbuceos en idioma anglosajón, frustración creciente y rollos inconclusos y fracasados. Las mujeres no parecían entender ni mis palabras ni mis pretensiones, y los gays, que siempre me han pretendido tanto y tan bien, no tocaron ni mi corazoncito ni mi entrepierna. La noche no me confundió lo suficiente Julio… esto también lo sabes.

Y a la tercera tarde, concretamente la del jueves anterior a mi graduación cum laude, con diploma de por medio y congratulations made in vietnam, llegó el advenimiento de la dicha y la purificación de la picha, o sea, un epílogo de generosas consecuencias bastante parecido a un cielo que se revela infierno.

Un infierno disfrazado de atardecer

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Esta foto es muy Facebook, es decir, idílica hasta hinchar los cojones. Lo que ocurre es que casi nadie suele contar lo que muchas veces se oculta tras este tipo de imágenes.

Destapemosla…

Fue una hora y cuarto esperando el autobús bajo un sol de treinta y cinco grados. Otra hora por las inolvidables carreteras maltesas, autobús encajonado al girar en una calle mediante, hasta llegar al lugar de destino. Una hamburguesa very expensive para cenar que rodó por el suelo y se comieron algunas hormigas grandes como elefantes. La fotito del atardecer de turno en la que preferí que no se me viera la avinagrada face. Otra hora y media esperando el autobús de vuelta bajo el asedio de mosquitos bombarderos, eso sí, con luna llena y hasta un hombre lobo que por supuesto era yo, más otros cuarenta minutos de autobús de regreso a la home.

Consecuencias…

A la mañana siguiente una infección de garganta de calidad superior. Petición de permiso para ausentarme al profesor de la academia, balbuceando inglés y con la campanilla tan inflamada que pensaba que me la iba a tragar. Búsqueda de un centro médico compatible con el seguro que no había contratado, es decir, mi cash. Consulta con una family doctor israelí que tardó media mañana en recibirme y que creo pensó que se me habían subido los huevos, y hasta una juguetona mini picha, a la garganta.

Conclusión…

Receta de antibióticos para una semana y no poder casi hablar, ni comer, ni beber en condiciones durante los siguientes días que por cierto pasaría recorriendo Italia. De intentar follar ya ni hablamos pero esto el amigo Julio sí que no lo sabe… el folla hasta sin querer.

¿Que si mereció la pena presenciar y plasmar-me en un precioso atardecer en un acantilado de Malta para que supuestamente babees con la envidia?

Que mierda de pregunta es esa.

¡Por supuesto que no, joder!

Y lo que sucedió después, allá por Italia…

Es otra historia.

 

Juan Núñez
Juan Núñez
Desde marzo de 2013 escribo en esta página sobre búsquedas, aprendizajes, experiencias, miedos, conflictos, tragedias y otras basurillas intentando asumir mis miserias y enfrentar mis temores.
Eso es todo y ahí es nada. Suficiente en cualquier caso. Lo puedes encontrar todo aquí.
Aprende lo que puedas, vive como quieras, o haz lo que te de la gana con ello.