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siempre hay un monstruo

“¿Qué clase de ser divino puede crear de la nada un alma, meterla entre carne y huesos, y después enviarla a este vertedero?”

Esta es una de las muchas frases apoteósicas que salpican la serie que me va a servir de tronco encefálico para desarrollar este crudo artículo que te presento en el que al final siempre hay un monstruo.

Te estoy hablando de la primera temporada de ‘True Detective’, para mí una obra maestra y probablemente la mejor serie que haya visto nunca, en buena medida por mi alta identificación con la filosofía vital de su personaje principal, el detective Rust Cohle.

“No existe nada parecido al perdón, lo que ocurre es que la gente tiene poca memoria.”

Pero no voy a hablarte de sus aspectos técnicos, de los personajes o de la trama, y no porque no lo merezca, ya que todo ello me parece más que sobresaliente, sino porque prefiero centrarme en las sentencias que, a lo largo de sus ocho capítulos, Rust Cohle escupe como veneno ardiente que te puede llegar a corroer hasta el alma.

Se trata de reflexiones existenciales, trascendentes, directas, crueles y dolorosas, y es por ello que me interesa especialmente traerlas aquí y destriparlas desde la perspectiva de mi propia tragedia personal como ser humano.

“El mundo necesita a hombres malos porque son los que mantienen a raya a otros aún peores.”

Y que no te quepa duda.

Yo soy un hombre malo. 

Un trágico paso en falso

“Creo que la conciencia humana fue un trágico paso en falso de la evolución. Nos volvimos demasiado conscientes de nosotros mismos. La naturaleza creó un aspecto separado de sí misma, por eso somos criaturas que no deberíamos existir de acuerdo a la ley natural. Somos cosas que funcionan bajo la ilusión de tener un ser propio, una acumulación de experiencias sensoriales y sentimientos, programados para asegurarnos que somos alguien, cuando en realidad no somos nadie. Quizás lo más honorable que podríamos hacer como especie es negar esa programación, dejar de reproducirnos, caminar de la mano hacia nuestra propia extinción, una última noche, hermanos y hermanas, excluyéndonos voluntariamente de un contrato injusto.”

La ley de la selección natural ha dictado desde el comienzo de la vida los principios de la evolución, pero la aparición de la conciencia humana ha terminado por alterar dicha ley de forma que, actualmente, somos los humanos los que dictamos el sentido de la evolución, los que, desde una absoluta soberbia y tiranía, dictamos qué especie sobrevive y cuál ha de extinguirse. La evolución ha creado una especie que la ha traicionado posicionándola en contra de su propia naturaleza, una conciencia que se traiciona a sí misma atribuyéndose un significado ilusorio. Una fantasía que forma parte de un contrato injusto que no hemos elegido.

El sueño de ser alguien

“He visto el final de miles de vidas. Jóvenes, viejos, cada uno tan seguro de su propia realidad, de que su experiencia sensorial constituye algo único e individual, algo con un propósito y un significado. Tan seguros de que son algo más que una marioneta biológica. Pero al final la verdad siempre sale a luz y todos pueden verla. Una vez que las cuerdas se cortan todos terminan derrumbándose.”

La adquisición de conciencia ha creado la ilusión de que somos únicos y especiales. Hemos sido programados para sentir una necesidad vital de ser alguien, un ser individual dotado de significado y propósito, pero en realidad no somos nada más allá de un insignificante pedazo de materia situado en algún punto de la inmensidad del universo. Y es al final de nuestra vida, cuando la ilusión construida desaparece, cuando el sueño se desvanece, que todo aquel que todavía no haya aceptado la verdad terminará por derrumbarse.

Pedazos de mierda

“Si lo único que hace que una persona sea decente es la esperanza de una recompensa divina, entonces, hermano, esa persona es un pedazo de mierda, y quiero poner al descubierto a tantos como pueda. ¿Qué dice la religión de la vida? Que tienen que reunirse y contarse a sí mismos historias que violan cada ley del universo solo para poder sobrellevar el maldito día… ¿Qué dice eso de tu realidad?”

La religión se manifiesta como la necesidad que sienten aquellos que temen enfrentarse a la cruda realidad de la vida. Una vía de escape cobarde, formada por un cúmulo de temores, miserias y contradicciones, cuyo objetivo es condicionar y adornar una existencia vacía por medio de promesas tóxicas de condena o redención. Una obscenidad que anula el espíritu crítico y niega el progreso de la ciencia con el fin de manipular, controlar y perpetuarse. Una fantasía miserable que se alimenta de necesidades derivadas de la superstición y la ignorancia.

En un mundo equivocado

«Somos carne sensible, y por muy ilusorias que sean nuestras identidades, elaboramos esas identidades haciendo juicios de valor. Todo el mundo juzga, todo el tiempo. Si tienes un problema con eso es que vives en un mundo equivocado.» 

Nos manifestamos como seres individuales en la medida en que formamos parte de una sociedad, en la medida en que nos relacionamos y nos comparamos con otros. Una identidad que construimos a base de juzgar y prejuzgar constantemente a los demás, y en consecuencia también a nosotros mismos. Una cualidad intrínseca a todo ser humano que dirige nuestro comportamiento y condiciona nuestra manera de funcionar. Quién afirma que no juzga está negando su esencia, rechazando su naturaleza, y viviendo en la fantasía de un mundo equivocado.

Y al final siempre hay un monstruo

“Cuando llevas catorce horas mirando imágenes de cadáveres esto es lo que comienzas a ver. Los miras a los ojos, incluso en una foto, y puedes leerlos. ¿Sabes lo que ves? Le dan la bienvenida. Quizá no al principio, pero justo ahí, en el último instante. Es indudablemente un alivio porque todos ellos tenían miedo y ahora ven, por primera vez, lo fácil que era simplemente dejarse ir. Y después, en ese último nanosegundo, ven lo que eran. Tú mismo, todo este gran drama, nunca fue más que un burdo engaño de la arrogancia y la estúpida voluntad, y puedes simplemente liberarte de todo eso, finalmente darte cuenta que no tienes que aferrarte tan fuerte. Darte cuenta de que toda tu vida, todo lo que amas, lo que odias, tus recuerdos, todo tu dolor, era parte de una misma cosa. Era todo un mismo sueño, un sueño que albergaste dentro de una habitación cerrada, un sueño acerca de ser una persona. Y como en muchos sueños, al final siempre hay un monstruo.”

En el último instante, cuando la desaparición se manifiesta irrefutable, cuando por fin el miedo desaparece sustituido por la aceptación, comprendemos la obra de teatro en que hemos convertido nuestras vidas. Una construcción mental ilusoria a la que nos habíamos aferrado en busca de esperanza. Una esperanza nacida de nuestras ansias de relevancia, de nuestro deseo de trascender, de nuestro terror a reconocer que no hay nada más. Un sueño del que la muerte inevitable nos hace despertar con cierto alivio. Porque al final del camino, aguardando inmisericorde, siempre hay un monstruo… el monstruo que ha venido a liberarnos de nosotros mismos.

Rendición

Surgiste de un paso en falso de la evolución.

No eres alguien ni significas nada.

Tu vida no tiene sentido.

Vives en una ilusión, en un mundo equivocado.

Porque en esencia eres un cobarde.

Y tienes miedo de afrontarlo.

Has creado una realidad a tu medida.

Un sueño en el que al final siempre hay un monstruo.

Una criatura que se debilita cuando aceptas la verdad.

Porque cuando llega el final inevitable.

En el mismo instante del afrontamiento.

Llega la infinita calma de la absoluta comprensión.

Y te rindes.

Te dejas ir.

Y te liberas.

[Foto realizada en las salinas de Ibiza – España]

 

Juan Núñez
Juan Núñez
Desde marzo de 2013 escribo en esta página sobre búsquedas, aprendizajes, experiencias, miedos, conflictos, tragedias y otras basurillas intentando asumir mis miserias y enfrentar mis temores.
Eso es todo y ahí es nada. Suficiente en cualquier caso. Lo puedes encontrar todo aquí.
Aprende lo que puedas, vive como quieras, o haz lo que te de la gana con ello.